Actualizado 21:46 (16-05-2008)
Inmobiliarios, ayuntamientos y CCAA "se lo han llevado crudo"
LUIS LOSADA PESCADOR
Primero fue el secretario general de CCOO, José Maria Fidalgo. El sindicalista dijo descarnadamente
que “quien se lo ha llevado crudo en los últimos años no puede pretender que les echemos
ahora una mano”. Solbes se puso detrás chupando rueda. En su primera comparecencia de la
legislatura afirmó que el sector de la construcción tenía que “ajustarse” y que el
gobierno no debía “sobreactuar” para tratar de corregirlo.
Las palabras del vicepresidente provocaron la airada reacción de la patronal que pidió
“menos discursito” y más acción. Ahora le llega el turno al secretario general del G14,
Pedro Pérez. El ‘lobby’ que agrupa a las grandes inmobiliarias no confronta con el
vicepresidente, pero pide que el gobierno inyecte 40.000 millones de euros para salvar el sector.
En caso contrario, anuncia el ‘apocalipsis’. De seguir a este ritmo, en el 2008
se construirán sólo 200.000 viviendas, menos que las 350.000 demandadas anualmente y cerca de un
tercio de las construidas el año pasado. Es verdad que hay que dar salida al ‘stock’ de
viviendas, calculado por el G14 en cerca de 500.000 viviendas. Pero la merma en la producción
producirá –según los cálculos del G14- cerca de 250.000 empleos destruidos.
Y ya se sabe: un empleo destruido es un nuevo subsidio de desempleo, un IRPF mermado, un IVA
en caída libre, una actividad ralentizada, unos beneficios empresariales recortados, un impuesto
sobre Sociedades caído y un déficit público a la vuelta de la esquina. El círculo virtuoso se
convierte en círculo penoso. Porque cuando la construcción va, todo va, pero cuando la construcción
no va, no va nada.
Fidalgo y Solbes tienen razón. Pero el lobby inmobiliario también. Al final, el problema se
plantea principalmente por una ingerencia administrativa asfixiante en un bien esencial para la
vida como es la vivienda. Sin embargo, hay cosas que los poderes públicos pueden hacer sin
necesidad de aportar presupuesto. En primer lugar, pueden agilizar las licencias de obras. Cada día
de retraso en la puesta en disposición es un coste no siempre contabilizado.
En segundo lugar, ayuntamientos y CCAA deberían renunciar a financiarse vía suelo. Porque
digámoslo bien alto: el verdadero especulador del suelo es la administración local, que no goza de
suficiencia financiera. ¿Para cuándo una reforma de la Ley de Haciendas Locales? Además,
liberalizar el suelo permitiría contar con materia prima barata que recortara el precio final. Por
último, la VPO debería ser una ayuda puntual (alquiler) para garantizar el acceso a una vivienda a
quien no tiene recursos. Pero no puede ser una lotería (compra) que terminamos pagando todos.
Es verdad que los inmobiliarios se lo han llevado crudo. Pero también los ayuntamientos y las
CCAA. Es hora de un ajuste general, no sólo de los ‘ladrilleros’. Y lamentablemente, de
esto no hemos escuchado nada al vicepresidente. Será que el ahogo de su ‘sudoku’ de la
financiación autonómica no le permite introducir nuevos cambios.
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