ICAL
Castilla y León creció un 2,9 por ciento en el segundo trimestre de 2026, con una evolución positiva del empleo, el consumo y el comercio exterior, pero encara un final de año con mayor incertidumbre y una economía «mucho más vulnerable», ante el deterioro del escenario internacional y el menor margen de respuesta frente a un eventual empeoramiento de la situación económica, según apuntó hoy el director de ECOVAEstudios, Juan Carlos De Margarida.
De Margarida explicó que durante el segundo trimestre se había alcanzado «una cierta confianza y, por tanto, optimismo», que permitió mantener y mejorar los principales indicadores. «A partir del segundo trimestre se ha ido empeorando toda la situación internacional y todo eso lo iremos viendo a lo largo de este año, en el cierre de 2026 y en 2027», explicó, informa Ical.
El economista señaló que la industria agroalimentaria ha empezado a perder exportaciones y apuntó a la reducción de las compras en algunos mercados internacionales, a lo que sumó la situación económica de la Unión Europea y sus posibles efectos sobre las ventas de Castilla y León al exterior.
«Si esto se sigue manteniendo, tenemos que empezar a ajustar nuestra casa, nuestra casa de la Unión Europea, nuestra casa a nivel nacional, nuestra casa a nivel de Castilla y León. Tenemos que empezar a ahorrar y a crear un gasto eficiente y eficaz para poder afrontar ese posible crecimiento del coste de la energía o el coste de la vivienda», argumentó.
De Margarida descartó que la economía se encuentre actualmente en recesión, aunque citó entre los riesgos la incertidumbre geopolítica, las tensiones energéticas, la evolución de la inflación, el coste de la financiación y el elevado endeudamiento público. «No estamos ante un escenario que justifique mensajes alarmistas. No estamos ante una economía en recesión, pero tampoco podemos ignorar los riesgos que están apareciendo», subrayó.
Dos escenarios
El responsable de ECOVAEstudios planteó dos posibles escenarios para los próximos meses; en el más adverso, con unos precios elevados del petróleo y una inflación superior al cinco por ciento, consideró que la economía de la Unión Europea entraría en recesión. «En el escenario menos favorable de inflación elevada, la economía de la Unión Europea entraría en recesión, con un aumento gradual del paro, menos capacidad adquisitiva de las familias, disminución de las ventas empresariales, menos inversión y, por supuesto, problemas en el crédito», señaló.
Frente a ello, apuntó a otro escenario con una inflación a la baja y próxima al objetivo del dos por ciento del Banco Central Europeo. «La economía seguiría creciendo, como hasta ahora, de forma gradual, dando tiempo a ajustar las variables económicas que garantizan el sostenimiento y crecimiento de la actividad económica. Las familias recuperarían progresivamente la estabilidad y las empresas tendrían mejores condiciones para invertir», sostuvo.
«Ante la pregunta de cuál es el escenario que puede ocurrir, la verdad es que no se puede saber con certeza. Precisamente por eso, la política económica tiene que ser muy prudente para conseguir que la economía de los gobiernos, de las empresas y de las familias pueda resistir cualquiera de los dos escenarios», afirmó.
Inflación y poder adquisitivo
De Margarida advirtió de la evolución de la inflación y recordó que una moderación de la tasa no implica necesariamente una reducción de los precios. «Hay que tener en cuenta que cuando baja la inflación los precios no necesariamente bajan. Significa que suben mucho más despacio. El incremento inflacionista es ya un problema estructural en toda la cadena de valor», explicó.
Asimismo, vinculó el encarecimiento de la energía y de los alimentos con una reducción del poder adquisitivo, del ahorro y del consumo de los hogares. «El objetivo debe ser que el crecimiento termine mejorando progresivamente la economía cotidiana de las familias. Sin embargo, el ciudadano siente que su poder adquisitivo es cada vez menor, con verdaderos problemas para llegar a fin de mes», señaló.
El director de ECOVAEstudios defendió que el crecimiento genere empleo, inversión, productividad y capacidad adquisitiva y reclamó reformas en materia de vivienda, productividad, sostenibilidad fiscal y deuda pública, mercado laboral y transición ecológica.
De Margarida calificó la vivienda como «la principal preocupación de los castellanos y leoneses», y vinculó el incremento de los precios al desequilibrio entre la oferta y la demanda. «Se necesita una acción coordinada por parte de las administraciones públicas y del sector privado de la construcción e inmobiliario, a través de alguna colaboración público-privada que potencie la oferta», defendió.
El economista reclamó además una planificación urbanística eficaz, disponibilidad de suelo a corto plazo y una reducción de los plazos de los procedimientos administrativos.
Respecto a la deuda pública, precisó que su existencia no implica por sí misma una mala gestión, ya que permite financiar necesidades y afrontar situaciones extraordinarias. «Sin embargo, el problema se encuentra en que pagar intereses consume recursos públicos. Si cada vez necesitamos más recursos para pagar intereses, tenemos menos margen para afrontar futuras crisis o financiar otras prioridades», argumentó.
De Margarida defendió además revisar el gasto público y aplicar presupuestos «en base cero» tanto en el Estado como en las comunidades autónomas.
También reclamó aprovechar el crecimiento para atraer empresas, aumentar la inversión, la productividad y la competitividad, fortalecer las cuentas públicas y proteger el poder adquisitivo de las familias. «Las reformas son más fáciles cuando la economía crece que cuando estamos obligados a realizarlas en mitad de una crisis», concluyó.
Datos del segundo trimestre
El PIB de Castilla y León creció un 2,9 por ciento en el segundo trimestre, mientras que el IPC regional se situó en el 3,1 por ciento, frente al 3,2 por ciento del conjunto de España. La producción industrial avanzó un 12,4 por ciento, según los datos aportados por ECOVAEstudios.
La tasa de paro bajó una décima, hasta el 8,4 por ciento, y el paro registrado disminuyó un 2,7 por ciento respecto a 2025, mientras que el número de afiliados a la Seguridad Social aumentó un 1,8 por ciento.
El consumo presencial avanzó un 2,9 por ciento en Castilla y León, frente al 1,7 por ciento del conjunto del país, mientras que el electrónico aumentó un 6,6 por ciento, frente al 6,1 por ciento de España.
Las exportaciones crecieron un 8,1 por ciento interanual en el segundo trimestre y las importaciones lo hicieron un 6,4 por ciento.
