V. Ruiz / ICAL
El nivel TD6 de Gran Dolina confirmó durante la campaña de excavaciones de 2026 su “extraordinario potencial” con la recuperación de al menos 24 nuevos fósiles humanos atribuidos al ‘Homo antecessor’, algunos de ellos con marcas de corte vinculadas con las prácticas de canibalismo documentadas en este yacimiento de la sierra de Atapuerca hace alrededor de 850.000 años. El balance de la 49ª campaña de excavaciones se presentó hoy en los propios yacimientos de la sierra de Atapuerca, después de más de un mes de trabajo y con la participación de más de 300 investigadores distribuidos en tres turnos.
Los nuevos restos hallados en Gran Dolina incluyen un fragmento de hueso temporal del cráneo, vértebras cervicales y lumbares, falanges de manos y pies, tres dientes, un cúbito y fragmentos de tibia, fémur y húmero. Varios presentan señales producidas durante el descarnado y procesamiento de los cadáveres, como cortes, fracturas, machacamientos y fileteados para acceder a recursos como la médula ósea.
Los hallazgos se produjeron después de que el equipo investigador alcanzara de nuevo el nivel TD6.2, conocido como ‘Estrato Aurora’, tras 31 campañas ininterrumpidas de excavación en extensión en Gran Dolina. Aunque los trabajos solo afectaron a una parte del tramo superior del depósito, los primeros días anticiparon la riqueza del conjunto, con la aparición de cuatro fósiles humanos durante la limpieza inicial de la superficie.
Uno de los elementos más relevantes fue la identificación de nuevos restos pertenecientes a individuos adultos, hasta ahora prácticamente desconocidos dentro de un conjunto de Homo antecessor dominado por fósiles infantiles y juveniles. Los dientes recuperados permitieron reconocer un nuevo individuo adulto y elevar provisionalmente a entre 12 y 15 el número de personas representadas en TD6.2.
Los primeros análisis apuntan a que entre dos y seis de esos individuos pudieron ser adultos de mediana edad, de unos 27 a 30 años, aunque el equipo insistió en el carácter preliminar de estos datos, que deberán confirmarse mediante los estudios de los distintos grupos científicos del proyecto Atapuerca.
La abundancia de recursos animales localizada en el nivel aleja, en principio, la posibilidad de que el canibalismo respondiera a una situación de hambruna. Entre las hipótesis que maneja el equipo figura la existencia de enfrentamientos entre grupos competidores y la voluntad de eliminar a miembros de un grupo rival, aunque los investigadores recalcaron el carácter todavía especulativo de esta interpretación.
Junto a los fósiles humanos, el equipo recuperó una amplia colección de herramientas de piedra elaboradas en sílex, cuarcita, arenisca y cuarzo, además de numerosos restos de hiena, castor, ciervo, bóvido, caballo y rinoceronte. La asociación de restos humanos, industria lítica y fauna ofrece una imagen especialmente completa de las actividades que desarrollaron estos grupos durante el Pleistoceno inferior.
La fragmentación de los huesos humanos como consecuencia del procesamiento de los cuerpos limitó durante décadas el conocimiento sobre la anatomía de Homo antecessor. Por este motivo, cada nuevo fósil supone una oportunidad para reconstruir cómo eran, cómo crecieron y cómo vivieron los primeros europeos.
El consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Alberto Díaz Pico, destacó que los hallazgos volvieron a demostrar que Atapuerca constituye “un gran archivo de la historia de la humanidad”, con una concentración “excepcional y única en el contexto mundial” de restos pertenecientes a distintos grupos humanos.
Díaz Pico defendió también el valor social del proyecto y sostuvo que la evolución humana estuvo vinculada con la capacidad de adaptación, supervivencia y cooperación. “Lo que nos demuestran estos descubrimientos es que esa capacidad de supervivencia y adaptación ha venido siempre de la mano de nuestra capacidad de ser seres sociales”, afirmó.
Ocupaciones neandertales y una letrina de hienas
Los codirectores expusieron los resultados del balance desde los depósitos más modernos hasta los más antiguos. Entre los yacimientos más recientes, Cueva Fantasma confirmó ocupaciones neandertales esporádicas de entre 60.000 y 100.000 años, con raederas de tipo Quina, puntas y huesos fracturados de forma intencionada para extraer la médula.
En Sala Fantasma, el equipo identificó una excepcional letrina de hienas de entre 40.000 y 50.000 años, con una elevada concentración de coprolitos y restos de caballo, cérvidos, bóvidos, hienas, leones y otros carnívoros.
La Galería de las Estatuas Exterior amplió la superficie excavada en los niveles achelenses y musterienses. El enclave permite estudiar en un mismo lugar la transición entre ambas tecnologías, una circunstancia excepcional en la prehistoria europea. En la zona interior, el equipo continuó la búsqueda de nuevos fósiles neandertales y herramientas de tradición musteriense.
En la Cueva de El Mirador, los investigadores localizaron finalmente los niveles pleistocenos buscados desde 2009. Los sedimentos proporcionaron piezas talladas de sílex y restos de córvidos, además de niveles neolíticos con fauna doméstica, cerámicas, instrumentos óseos y restos de plantas carbonizadas.
Entre los objetos más singulares apareció un recipiente de apenas 2,5 centímetros de altura y dos centímetros de diámetro, con apéndices en forma de cuernos. Los análisis tratarán de determinar si se utilizó como juguete o para contener alguna sustancia especial.
Galería, Penal y los primeros pobladores
En Galería, el equipo recuperó más de 900 restos faunísticos y cerca de 50 herramientas líticas en un nivel de unos 300.000 años. La fracturación intencionada de los huesos confirmó que los grupos humanos aprovecharon y consumieron animales que cayeron de forma natural por un conducto vertical.
En Penal aparecieron evidencias de al menos dos episodios distintos de presencia humana durante el Pleistoceno inferior. Los niveles superiores proporcionaron una docena de piezas líticas relacionadas técnicamente con las de TD6 de Gran Dolina, mientras que el nivel TP10 aportó fauna y una lasca de cuarcita que confirmaron por primera vez su fertilidad arqueológica.
En los niveles TD3 y TD4 de Gran Dolina, de cerca de un millón de años, destacaron los restos de Ursus dolinensis, incluidas crías, juveniles y ejemplares seniles, junto a marcas de garras en las paredes y arañazos conservados en una formación estalagmítica.
La Sima del Elefante, con una cronología superior a 1,2 millones de años, proporcionó 13 piezas de industria lítica elaboradas en sílex, cuarzo, caliza y cuarcita en el nivel TE7, asociadas a la actividad de grupos relacionados con Homo aff. erectus. En el nivel TE6 apareció además el esqueleto poscraneal prácticamente completo de un lince.
Durante la campaña, el laboratorio instalado junto al río Arlanzón procesó unas 12 toneladas de sedimento. El lavado permitió recuperar restos de pequeños vertebrados, entre ellos el maxilar de marmota más antiguo conocido hasta ahora en Atapuerca, un cráneo casi completo de desmán y un molar de puercoespín.
La última rueda de prensa de Arsuaga
La presentación tuvo un componente especial para Juan Luis Arsuaga, quien anunció que esta fue la última ocasión en la que asistió a la rueda de prensa anual desde la mesa de codirección, aunque aseguró que continuará vinculado al proyecto y al Museo de la Evolución Humana.
“Atapuerca somos todos los que estamos aquí y los que estamos allí”, señaló Arsuaga, quien atribuyó el éxito del proyecto a la unidad mantenida entre instituciones, equipos científicos, Fundación Atapuerca, medios de comunicación y ciudadanía.
El codirector comparó la campaña anual con una “Copa del Mundo científica y social” y aseguró que el equipo consiguió año tras año “excelentes resultados”. “Mientras sigamos unidos y estemos en este lado de la mesa o en el otro, continuarán los éxitos y continuarán los resultados científicos”, afirmó.
Arsuaga recordó además que el Museo de la Evolución Humana prepara una gran exposición sobre “las joyas” de Atapuerca, una muestra que, según afirmó, tendrá relevancia internacional.
