El único trabajo decente de Stalin

El único trabajo decente de Stalin

Antes de la victoria de la revolución bolchevique y después de ser expulsado del seminario, Iósif Stalin, el dictador comunista y uno de los mayores asesinos de a historia, trabajó durante más de un año al servicio del Imperio ruso en el departamento meteorológico de su Georgia natal, su único empleo remunerado y decente del que se tiene noticia.

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«Oficialmente, este fue su único puesto de trabajo no relacionado con su carrera política», comentó a Efe Guivi Pipia, subdirector del Instituto Georgiano de Meteorología.

En su vetusta sede en Tiflis aún se conserva el despacho de Iósif Dzhugashvili, el nombre y apellido auténticos del dictador soviético (1878-1953), y varias muestras de su trabajo.

Tras ser expulsado del seminario en mayo de 1999 por hacer propaganda del marxismo, el que luego se convertiría en uno de los mayores asesinos de la historia necesitaba un lugar donde esconderse.

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Y no encontró mejor tapadera que el entonces conocido como el Observatorio Físico, institución fundada por el Imperio en 1861 y que adquirió un gran prestigio con el paso de los años por sus investigaciones científicas.

Y es que el observatorio servía tanto a propósitos civiles y enviaba sus observaciones a San Petersburgo como al Ejército imperial destacado en el Cáucaso.

Mientras los libros de historia sólo le recuerdan como el hombre que dirigió con puño de hierro la Unión Soviética, en los archivos del instituto sus superiores le caracterizaron como un empleado «puntual» y «cuidadoso».

El revolucionario llegó al observatorio el 22 de diciembre de 1899, justo después de cumplir 20 años y en vísperas del cambio de siglo que daría un vuelco a la historia de Rusia.

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Y cumpliría sin tacha sus funciones hasta el 21 de marzo de 1901, cuando tuvo que huir para no ser detenido por la Ojrana, la policía zarista.

Su trabajo consistía en observar diariamente la temperatura, tanto en la atmósfera como en los sustratos del suelo, y tomar nota de ello metódicamente en una tabla.

Con todo, según sus coetáneos, Stalin no sólo acudía todos los días al observatorio para observar las variaciones meteorológicas de la zona, sino también para proseguir disimuladamente sus actividades revolucionarias.

De hecho, por su localización, entonces a las afueras de la ciudad, era el lugar ideal para celebrar reuniones clandestinas lejos de las miradas de la policía.

Ahora, en el edificio de dos plantas situado no lejos del centro de Tiflis uno puede visitar el lugar donde trabajó Stalin y ver su mesa y las notas tomadas de su puño y letra.

El despacho incluye también libros y documentos de trabajo, y también un busto, numerosas fotos y varios retratos del asesino Stalin, incluido uno en el que el joven seminarista aparece en el observatorio con un bloc de notas en la mano.

El propio Stalin, que siempre estuvo orgulloso de sus orígenes, nunca olvidó esa etapa de su vida y, de hecho, en febrero de 1953, poco antes de su muerte, ordenó construir en el observatorio un instituto meteorológico para toda la región del Cáucaso.

Los más veteranos empleados del instituto guardan un buen recuerdo del mandatario soviético, al que consideran un célebre georgiano, opinión que no comparten los jóvenes, que lo consideran simple y llanamente un dictador y un asesino.

«En 2019 se cumplen 140 años desde su nacimiento y queremos promover el legado de Stalin como observador meteorológico y atraer a investigadores y turistas», comentó Pipia.

Los turistas que vienen a visitar el edificio son escasos y en su mayoría son rusos enterados de esa etapa prácticamente desconocida para el gran público del hombre que dirigió la URSS desde la muerte de Lenin en 1924 hasta su propio fallecimiento en 1953.

Las escuelas locales suelen organizar excursiones al instituto durante las lecciones de geografía para interesarse por los estudios meteorológicos.

«Y nosotros les hablamos de cuando aquí trabajaba Stalin», añade el meteorólogo.

Y es que el histórico edificio, patrimonio nacional georgiano, está castigado por el paso del tiempo, como se puede ver en sus desconchados muros y su abandonada fachada.

«El Gobierno no tiene dinero para las reformas. Puede ser que si atraemos turistas podamos reconstruir el edificio, es decir, que confiamos en que Stalin nos ayude en ello», asegura.

Los estalinistas más recalcitrantes rinden memoria a Stalin tanto el 5 de marzo, día de su muerte, como el 21 de diciembre, fecha de su nacimiento.

Tradicionalmente, los nostálgicos comunistas acuden todos los años a la ciudad de Gori, la patria chica de Stalin, que se encuentra a unos 80 kilómetros de Tiflis y que alberga un museo dedicado al dictador.