Salvador Alvarenga, 438 días en el mar: “Cada vez que me baño me tiembla el cuerpo”

Salvador Alvarenga, un pescador salvadoreño de 39 años que sobrevivió catorce meses en el mar tras ser arrastrado por una tormenta, ha compartido su historia en el programa El Barómetro de Radio Intereconomía dirigido por Albert Castillón.

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La hsitoria de Salvador Alvarenga parece de película, nos cuenta que con 39 años, mujer e hijos nadie le esperaba de vuelta tras estar desaparecido 438 días debido a una tormenta.”Mi madre se enfermó de la alegría de verme, mi hija lloraba mucho, de alegría supongo. Estuve once meses solo, un mes completo no tomé agua, no comí nada, solo mis orinas, se me ocurrió tomar sangre de parlama”.

Asegura que, tras la tormenta, nunca supo dónde se encontraban, “no, nunca, nos quedamos sin nada, mi perosna, mi motor y mi cuchillo, junto a Ezequiel. Yo venía motoreando y el motor se agotó, y tuve que coger el bote, que no tenía cabina, y una nevera para recoger el pescado que acabó siendo mi refugio. No había manera de descansar porque tenía que achicar agua todo el tiempo”.

“Después de los siete días, que terminó la tormenta, ya no sabíamos ni dónde andábamos, pasó el mes que no comíamos nada, y decidí comer mi primer pájaro, una gaviota, cruda claro. Yo ya era pescador viejo y ya comía pescado crudo, en esta ocasión fue más duro porque comer un pájaro, sus tripas…”.

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En un momento dado, los tiburones pasaron de ser un peligro, a ser su comida, “me atacaban la lancha, pero no me daban miedo, les atrapaba con mis manos, cogí uno de treinta kilos, cuando se acercó le pedí ayuda a Dios porque ya estaba acostumbrado a cogerlos así, y lo cojo y relincha sobre mí, como si quisiera atacarme. Y esa fue mi comida por siete días”.

“Para mi compañero tomar sangre era un pecado”

“Su sangre (la de las tortugas) queda como una gelatina, luego corto las cuerdas de los motores, rompo la tortuga en partes, meto la manguera y empiezo a sorber. Pero tomar sangre para mi compañero era un pecado.”

Nos cruzamos con cuatro barcos y me miraban y no me rescataron, hubo uno que me saludo, después de medio año, y fue mi ocasión más dura, me quería suicidar porque fue mi única oportundiad, pero fui cobarde para hacerlo, lo intenté cuatro veces pero afortunadamente no lo conseguí. Mi compañero duró dos meses, se negaba a comer”.

Uno de los momentos más duros fue cuando murió Ezequiel, su compañero, “le mantuve ocho días en la barca, mi conciencia no me permitía al principio arrojarle por la borda, porque además el me pidió que le dejara en la barca, pero se fue desfigurando y ya no podía mantenerle allí”.

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Llegamos a un acuerdo los dos, de que si él moría que no celebre nada mi familia. La madre de Ezequiel al final si me esuchó, porque creían que podría haber utilizado el cadáver de su hijo apara alimentarme, pero no fue así. Yo siempre le pedí a Dios lo correcto, no me quejaba por mi sufrimiento, pedía bendiciones”.

“Tengo traumas y problemas físicos”

“Tengo traumas, me da temor el mar y bañarme, me tiembla el cuerpo, estoy con ayuda psicológica. De tanta hambre tengo también gastritis, el parásito que supuestamente también lo tengo, que dice el doctor que es de los pájaros. Llegué tan delgado que era como una tabla“.

A pesar de todo, Salvador asegura que ha aprendido mucho con esta experiencia que le ha tocado vivir, “aprendí a cuidarme, a pensar en lo bueno, a cuidar de mi hija, a ver a mis padres…no he vuelto a coger una barca, aunque lo intentaré porque mi psicóloga me lo está recomendando y lo haré“.

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