Plácido Díez Gansert, de ejecutivo con tirantes a escritor todoterreno

Plácido Díez Gansert, de ejecutivo con tirantes a escritor todoterreno

Plácido W. Díez Gansert es uno de esos hombres que hace justicia a los artistas frustrados. Su exitosa huida del mundo de las multinacionales hacia el de la literatura rompe con el mito de que "si te dedicas a escribir, te mueres de hambre". Con más de 5.000 obras vendidas, con un diploma del psiquiatra y escritor Enrique Rojas por batir el récord de ventas del rastrillo Nuevo Futuro y con el reconocimiento de la Reina Doña Sofía, el novelista navarro no se arrepiente de haber renunciado a sus veinte años de vida empresarial. Para el autor, la literatura y el mercado no son realidades enfrentadas, por lo que entiende que se puede participar en el sistema capitalista con una pluma y su tintero. En su página web, narra su lustro como literato, del que me permito extraer el siguiente párrafo: "Tras una trayectoria profesional en el mundo de la empresa larga y constructiva, que me llevó a residir en México, Alemania y Brasil y que me hizo visitar más de 52 países, abandoné ese entorno para dedicarme a lo que de verdad me seduce: la literatura".

- En tan solo cinco años, ha escrito un total de cuatro novelas, las cuales, además, se han vendido con bastante alegría. ¿Nos las podría vender con un resumen de cada una?

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Lo haré por orden cronológico. La primera se llama El Profesor y versa sobre un apasionado conflicto entre un escritor frustrado y un banquero, donde un bohemio y un pudiente miden sus fuerzas por la conquista de una elegante y distinguida dama. La segunda es Gabino Valverde, Crónica de un Rebelde, que trata de la vida de un sin techo al que acogí en mi casa durante unos meses; su curriculum no tiene desperdicio: huérfano, ex legionario, antiguo residente de Carabanchel por atracar bancos y joyerías y arrepentido Testigo de Jehová. La tercera está más en sintonía con la actualidad: El Libro de la Caras entraña las ventajas y los peligros que encierra una red social, aunque con un final inimaginable y ambientado en el año 2052. La cuarta me la reservo para la siguiente pregunta, puesto que es la más exitosa y la que mi entrevistador se ha leído. Por cierto, ya he empezado con la quinta.

- Antes de centrarnos en su cuarta obra, Hijos de la Crisis, ¿nos podría dar alguna pista sobre la nueva que está escribiendo?

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La he titulado La Ilusión perdida. Llevo noventa páginas y espero publicar pasado el verano. Lo poco que puedo revelar es que es una reflexión novelada sobre la causa de los desencuentros sentimentales en nuestros días. La obra versa sobre seis personajes principales y dos protagonistas solteros y divorciados cuarentones que buscan la felicidad en la relación de pareja y reciben dolorosos golpes por razones imprevisibles.

- Ahora, sí. Háblenos de Hijos de la Crisis, el libro más vendido en el rastrillo Nuevo Futuro y por el cual le ha felicitado personalmente la Reina Doña Sofía

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No hace falta explicar la “inspiración” para mi última novela. Al fin y al cabo, hoy en día todos somos- en mayor o menor medida – Hijos de la Crisis. Todos tenemos a alguien, un amigo, un hermano, un hijo o un padre que ha sido tocado por el desempleo. Como en todos mis libros, con prosa sencilla, he intentado retratar algunas situaciones reales y creado algunas imaginarias que describan lo que estamos viviendo en España estos años, encarnándolas en un grupo de personas que, tras vivir cómoda y seguramente durante las últimas décadas, ven como su mundo y sus relaciones personales se transforman y trastocan por la crisis y el paro.

El libro ensalza el espíritu de lucha en tiempos adversos y la asombrosa capacidad de adaptación y de resistencia de los seres humanos porque mi intención es abrir un camino a la esperanza.

- Lo que verdaderamente me ha enganchado de este libro es la enorme sinceridad con la que relatas episodios cotidianos, del día a día, que se dan en tiempos de crisis, pero que es poco habitual encontrar en una novela. ¿Algún comentario que hacer al respecto?

Esa sinceridad de la que hablas se corresponde con mi debilidad por el realismo fotográfico. Me gusta profundizar en una serie de situaciones reales que nadie se atreve a criticar. Un buen ejemplo sería una escena en la que quedan a merendar varias madres de familia. Consiste en la típica reunión del té en la que una de las invitadas presume de los éxitos de su hijo en un tono entre violento y jactancioso y justo enfrente de otra a cuyo hijo las cosas no le están yendo tan bien. Un episodio propio de una España convulsa.

- Hay una con la que se me pusieron los pelos de punta y que puede dar mucho de qué hablar. Cuéntenos cómo termina el noviazgo entre Walterio y su amiga.

Walterio es un bohemio, un literato que se vio inmerso en una terrible encrucijada: O los libros, o su novia. Ella es una mujer de clase medio-alta que no se resigna a malvivir con un escritor. Él, situado entre la espada y la pared, asumió el riesgo y se negó a renunciar a su vocación literaria. Finalmente, lo tuvieron que dejar.

- Aparte de este realismo fotográfico con el que abordas situaciones de lo más polémico, hay un juego sofista que me llama poderosamente la atención. Coges dos personajes ideológicamente opuestos y defiendes sus postulados con una argumentación impecable, tan impecable que parece que asumes ambas líneas de pensamiento. Perdone que sea tan brusco, pero ¿es usted sofista?

Me gustaría ser sofista. Para ello se requiere una formación clásica y humanística muy superior a la que tengo. De todas formas, el personaje de centro-derecha y el intelectual marxista que exhibo tienen puntos en común que dejan ver parte de mi pensamiento, como pueden ser mi amor hacia la religión y la inmisericorde crítica que hago contra el materialismo y el despilfarro que nos han llevado a esta situación. 

- Para concluir, le querría felicitar por la portada de Hijos de la Crisis. De hecho, reconozco que empecé a leerlo gracias a la misma. Sale usted en bata, con aspecto de “play-boy” mientras sujeta un cigarro entre sus dientes, y al otro lado del espejo, su otro yo con unos tirantes de ejecutivo agresivo y el pelo engominado. Me parece una estrategia excelente de márketing de ventas.

Es una portada muy sofística. La foto representa mi pasado y mi presente: De ejecutivo con gomina a escritor todoterreno.    

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