Los medios occidentales descalifican a Trump sin análisis alguno

Los medios occidentales descalifican a Trump sin análisis alguno

07 febrero, 2017
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Actualizado: 07 febrero, 2017 14:52
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Los medios occidentales han tratado de desviar la atención respecto a los planes en política exterior de Donald Trump. Descalifican e insultar al presidente de EE UU sin realizar un análisis sobre el por qué de sus declaraciones o intenciones al respecto.
Desde Europa se le tacha de xenófobo, racista, y un sinfín de descalificativos más. Cierto es que no tiene experiencia política al más alto nivel, pero se ha rodeado de un equipo y asesores que ya quisiera más de uno tener en el Consejo de Ministros. Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group, muestra el por qué Trump actúa de esta forma y cuales son los riesgos globales que identifica el presidente de EE UU tras llegar al poder hace apenas dos semanas.
Trump ha roto con el orden establecido hasta ahora respecto a la política exterior de EE UU. Sus medidas y propuestas van en la dirección contraria a todo lo establecido por demócratas y republicanos hasta ahora, más aún ha desencajado cinturas con los nombramientos de Rex Tillerson como secretario de Estado y Jim Mattis como secretario de Defensa. Ambos fichajes han generado controversia, pero darían pie a la teoría que expone Bremmer sobre el por qué Trump está tomando estas medidas, tildadas de radicales por parte de Occidente.
El principal ideólogo de la estrategia en política exterior de Trump es Steve Bannon, el cerebro de toda la Administración Trump. Bannon ha redactado los discursos más polémicos de Trump y se le vincula con la «derecha» de EE UU.
La primera potencia del mundo deja atrás a la Administración de Barack Obama, quien veía el mundo geopolíticamente más desafiante, con una caída en la política exterior estadounidense, el resurgir de China, el desafío de Rusia -sanciones incluidas-, la debilidad y fragmentación de Europa, implosión de Oriente Medio… Un escenario que hizo difícil a EE UU llevar a cabo sus medidas para ganar aún más peso internacional, teniendo el control de organismos e instituciones multilaterales.

China no acata el Estado de Derecho

Ahora Trump descarta seguir los pasos de sus predecesores en el cargo y se niega a llevar a cabo una política ambiciosa sin antes haber arreglado los problemas en su país. De esta forma cobra más importancia su lema de campaña: «America first». La mermado la influencia mundial de EE UU no se debe a un cambio geopolítico, sino «a una estructura de estado débil». Asimismo, China se ha posicionado ya como segunda potencia del mundo y es más fuerte que antes, como lo están siendo países emergentes, mientras Europa queda relegada de su antiguo puesto al estar fragmentada, con fuertes desafíos internos, falta de coherencia y poco útil como aliada. Con todo, EE UU mantiene su posición y su economía es más de un 50% superior a la de China, y con el dólar en posición dominante.
No obstante, pese a esta posición dominante, el Ejecutivo de EE UU se ha convertido en un infierno, donde los políticos y congresistas solo buscan su interés personal, convirtiéndose en empresarios que luchan únicamente por sí mismos. La Administración se ha convertido en una agencia comercial, donde se vende al mejor postor. Y mientras los políticos satisfacen sus intereses personales, y las empresas promueven sus propios objetivos globales, los intereses sociales han sido recortados y mal defendidos por quienes deben hacerlo.
Todas estas élites han perdido ahora el apoyo de los ciudadanos, que miran ahora a otros ejemplos que se expanden en otros países. A nivel interno, EE UU se ha convertido en un Estado progresista, perdiendo su raíz judeocristiana y su identidad, un régimen que socavado el interés nacional del americano, minando sus propias fuerzas, esto unido a las alianzas multilaterales, ha restringido el margen de movimiento de EE UU, que ya no ejerce su poder de forma individualizada, como lo hace décadas.

Europa, su debilidad se contagia a EE UU

Ahora estos aliados de las instituciones multilaterales son débiles, y por ello EE UU es débil. Trump se ha propuesto cambiar estas tornas y volver de nuevo a la antigua diplomacia con el fin de evitar el desperdicio de recursos para continuar apoyando a organismos, como la ONU. Y es que, EE UU, pese a ser un gigante, ha sido atado por decenas de liliputienses.
De esta forma, EE UU exigía que China aceptase el Estado de Derecho, que se convierta en un actor responsable y deje de subvencionar a los sectores de producción de forma considerada ilegal en cualquier otro país con economía de mercado. China ha respondido a esta petición con una transformación económica, pero manteniendo el régimen comunista de puertas para adentro. Europa, por su parte, ha crecido, pero sin fortaleza. De hecho, los países periféricos de la Eurozona se parecen cada vez menos al Oeste dirigido por EE UU.

Coto a los intereses personales de ex funcionarios

Todo ello golpea a EE UU, más cuando está atado y bien atado de pies y manos a la hora de maniobrar. De hecho, la Administración Trump pretende controlar todas las decisiones clave, con un gabinete que asesore, apoye y ejecute las órdenes. Las decisiones deben ser tomadas por el núcleo duro de Trump, que deberá lanzar una campaña contra la corrupción para protegerse de los empleados del Gobierno que busquen antes satisfacer sus propios intereses por estar en un determinado puesto. Por este motivo, Trump ha prohibido a sus ex funcionarios participar en lobbies extranjeros.
La idea es tener un Ejecutivo centralizado más eficaz, una superpotencia única que obligue a los aliados alcanzar acuerdos individuales, pero por el camino habrá confrontaciones, incluso militares. De esta forma, habrá que llegar a acuerdos con China para un desarrollo y un cambio político en el gigante asiático, una forma de que todos ganen desde una perspectiva americana, pero el gigante asiático se mantiene en sus trece, con políticas dictatoriales, como el control absoluto de las telecomunicaciones.

El nacimiento de una yihad mundial en el mundo

Bannon, el ideólogo de las medidas de Trump, lo tiene muy claro al respecto y no oculta la amenaza de una yihad mundial. A juicio de Bremmer, el Brexit se produce por la caótica deriva que ha adoptado Europa para enterrar sus propias raíces cristianas, al tiempo que trata de castigar al Reino Unido con un impacto financiero y económico, que sacudiría a otros países del mundo. La lógica respalda a los británicos: si Europa se desintegra y está condenada al fracaso, «¿por qué continuar dentro de la misma?», hay que salir lo antes posible.
La ventaja crucial de Reino Unido es que ha mantenido siempre esta visión sobre el Viejo Continente, motivo por el que no aceptó el euro cuando se creó. Asimismo, también tiene lógica que EE UU salga de los organismos multilaterales debido a la inacción de Europa en Oriente Medio, ya que espera que EE UU se encargue de la situación. Al aumentar la radicalización en los países árabes existe un potencial peligro de que la yihad se expanda por el resto del mundo, como ya está ocurriendo con atentados en el corazón de Occidente.

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