ATTIS culmina la ampliación de su bodega en Meaño coincidiendo con la celebración de su 25 aniversario. Una nueva etapa para el proyecto de la familia Fariña que permitirá ampliar y optimizar los espacios de elaboración y crianza, acompañar el crecimiento de la bodega en los mercados nacionales e internacionales y reforzar
su apuesta por el enoturismo.
La actuación responde a una evolución natural del proyecto: disponer de más espacio y mejores herramientas para seguir profundizando en una forma de elaborar basada en el conocimiento de cada viñedo, el respeto por las variedades históricas y una intervención mínima en bodega. Para ATTIS, crecer no significa alejarse del origen, sino disponer de más posibilidades para interpretarlo.
Más espacio para seguir explorando el territorio
La ampliación incorpora nuevas salas de elaboración, zona de crianza, almacén, sala de guarda de botellas, sala de catas, espacio gastronómico, terraza y nuevos depósitos.
La nueva configuración permitirá trabajar con mayor precisión las diferentes parcelas, variedades y elaboraciones de la bodega, profundizando en una línea que ATTIS viene desarrollando desde hace años: entender cada vino como una interpretación concreta del lugar del que procede.

Junto al Albariño, variedad central del proyecto, ATTIS trabaja con otras variedades históricas como Caíño Blanco y Godello, así como con Brancellao, Sousón, Caíño Tinto, Pedral y Espadeiro en sus elaboraciones tintas.
La ampliación permitirá así seguir explorando diferentes suelos, parcelas, recipientes y crianzas, manteniendo una filosofía de trabajo en la que la técnica está siempre al servicio del origen. Granito, clima atlántico, variedades autóctonas y tiempo continúan siendo los pilares sobre los que ATTIS construye sus vinos.
Una bodega excavada en el granito
La propia arquitectura de la bodega refleja esa relación con el territorio. Excavada en el granito del Salnés y situada en lo alto de Meaño, la construcción se integra en un paisaje marcado por la viña y la proximidad del Atlántico. Desde la bodega se contemplan los viñedos, el Monte Castrove, la Ría de Arousa, las bateas y, al fondo, A Lanzada.
Un paisaje que resume buena parte de la identidad de ATTIS y también la historia de la familia Fariña: la convivencia permanente entre tierra y mar.

Esa misma mirada al territorio estará presente en la nueva propuesta enoturística de la bodega. Entre los nuevos espacios destaca una zona social con amplios ventanales, cocina propia y capacidad para 150 personas, además de una terraza situada en la cubierta de la bodega y abierta al paisaje del Salnés.
El objetivo no es únicamente ampliar la capacidad de recepción de visitantes, sino convertir la visita a ATTIS en una forma de comprender sus vinos a través del paisaje del que nacen.
Crecer manteniendo una identidad propia
La ampliación acompaña también el crecimiento experimentado por ATTIS durante los últimos años tanto en España como en los mercados internacionales.
Actualmente, la bodega comercializa sus vinos en más de 35 países, con especial presencia en Estados Unidos, Reino Unido, norte de Europa, Caribe y Asia.
La nueva capacidad permitirá consolidar esos mercados y continuar desarrollando nuevas oportunidades internacionales sin modificar uno de los principios que ha definido el proyecto desde sus inicios: mantener una producción de carácter artesanal y vinos con una identidad reconocible.
“Cumplir 25 años nos permite mirar atrás y entender todo lo que hemos construido, pero sobre todo nos hace pensar en lo que todavía queda por hacer. Esta ampliación nos da espacio para seguir investigando, trabajando cada viñedo con más precisión y enseñando nuestro territorio a quienes vienen a conocernos. Queremos crecer, pero hacerlo manteniendo intacta la identidad de ATTIS”, señala Robustiano Fariña.
Un proyecto que comenzó alrededor de una casa
Aunque la actual bodega fue construida en 2012, la historia de ATTIS comienza mucho antes.
Las primeras viñas fueron plantadas por el abuelo de Robustiano y Baldomero Fariña alrededor de la casa familiar de Meaño. Ese pequeño viñedo fue el origen de una relación con la tierra que ha pasado de generación en generación.
La casa continúa siendo hoy el centro emocional del proyecto. A su alrededor conviven la memoria familiar, las primeras viñas y dos actividades profundamente ligadas a la cultura del Salnés: la viticultura y el trabajo en el mar.
Robustiano y Baldomero Fariña representan la generación que ha transformado ese legado familiar en un proyecto vitivinícola con presencia internacional, manteniendo como punto de partida el mismo territorio y las variedades que históricamente han formado parte de él.
“Nuestro abuelo plantó las primeras viñas alrededor de esta casa y nuestro padre nos enseñó a trabajar y a valorar lo que teníamos. Nosotros hemos intentado continuar ese camino, conocer cada vez mejor nuestras viñas y dejar algo para la siguiente generación. La bodega ha cambiado mucho en estos 25 años, pero el origen continúa siendo el mismo.”
Entre la viña y las bateas
La singularidad de ATTIS está también profundamente relacionada con el mar. Durante generaciones, la familia Fariña ha compaginado el cultivo de la viña con el oficio de bateeiro, trabajando en las bateas de mejillón de la cercana Ría de Arousa.
Viñas y bateas forman parte de un mismo paisaje y de una misma memoria familiar. Esa doble condición, agrícola y marinera, ha marcado la forma en la que la familia interpreta el territorio y constituye uno de los elementos más reconocibles de la identidad de ATTIS.
Veinticinco años después, el proyecto entra así en una nueva etapa con más espacio y nuevas posibilidades técnicas, pero con una idea que permanece intacta: dejar que el territorio llegue a la copa con la mayor fidelidad posible.


