Bután, el país que mide su PIB con la felicidad

Bután, el país que mide su PIB con la felicidad

 

El viejo dicho de que “el dinero no da la felicidad” no pasaría de ser un simple aforismo, de no ser por casos como el de Bután, un país asiático que mide su desarrollo con el FIB o Felicidad Interior Bruta como principal indicador, ya que, si bien los butaneses no pueden presumir de su Producto Interior Bruto y el 80% de su población se dedica a la agricultura, en un estudio realizado en el país en el año 2007, se llegó a la conclusión de que sólo el 3% de la población se considera infeliz, quedando el resto entre la respuesta “muy feliz” y “feliz”. Esta encuesta se realiza en el país de forma periódica, porque es uno de los focos de sus políticas de Gobierno. Los aspectos que tienen en cuenta en el estudio no se limitan a aspectos subjetivos, sino que responden al desarrollo social y económico sostenible y equitativo, la promoción de la cultura, el cuidado del medio ambiente y el buen gobierno.

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Los datos refuerzan las cifras acerca del alto índice de felicidad de Bután, ya que el país tiene un índice de alfabetización de más del 60% y su esperanza de vida supera los 60 años, en contraste con otros países de su grado de desarrollo económico. Otro de los temas en que se encuentra en primeras posiciones a nivel internacional es en lo que se refiere a su escasa corrupción. Por otra parte, hay investigaciones paralelas sobre Bután, como la llevada a cabo por el profesor británico Adrian White, de la Universidad de Leicester, que realizó un estudio en 2006 sobre la felicidad en el mundo, y colocó a este rincón asiático en la octava posición del ranking.

Bután, en frontera con China e India, es una monarquía constitucional, cuyo máximo representante es Jigme Khesar Namgyal Wangchuck. Ya su padre, el anterior rey, en su discurso de coronación, en el año 1974, había dicho que “la felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto”, y uno de sus diez hijos, el actual monarca, ha seguido su trayectoria en este sentido. La filosofía que hay detrás de sus propuestas se basa en la premisa de que el crecimiento de un pueblo y sus ciudadanos no se reduce a su mejora de las condiciones materiales, sino también las más espirituales, tal como lo entienden desde sus creencias budistas.

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Pero este país no es el único que promueve este tipo de iniciativas, pues ya ha pasado a ser algo más que una filosofía oriental. Cada vez más gurús, coaches y psicólogos de la nueva psicología positiva apuntan también en esta dirección, y beben de la influencia de Bután y otros países de Oriente con filosofías similares. La Universidad de Harvard cuenta con diferentes asignaturas y masters dentro de su plan de estudios que incluyen este tipo de temas, y profundizan en el concepto de felicidad como factor social, indicador de desarrollo y aspecto clave en las empresas, pueblos y culturas. En la misma línea trabajan multinacionales como Coca Cola, que ha desarrollado el Instituto de la Felicidad e incluye en su web la opción de medir tu propia felicidad con un test. Más allá de que haya quien pueda cuestionar la posibilidad de medir algo tan complejo y abstracto como la felicidad, lo cierto es que este intento de incluir el bienestar emocional y mental en las políticas estatales y sociales, aparte del material, puede aportar un cambio decisivo en la sociedad e incluso en las empresas y familias, tanto de Oriente como de Occidente.

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