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Los concejales de Colau y la CUP que apoyan a los okupas de "la Buenaventurada"

Los concejales de Colau y la CUP que apoyan a los okupas de "la Buenaventurada"

06 noviembre, 2016
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Actualizado: 06 noviembre, 2016 20:07
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Los ‘okupas’ del número 25 de la calle Benavent de Barcelona están respaldados por concejales del partido de Ada Colau, Barcelona en Comú Podem, y de la CUP.
Las fotos y vídeos que han tomado los vecinos apuntan tres nombres en concreto, a María José Lecha, concejal del Grupo Municipal de la CUP en el Ayuntamiento de Barcelona; Marc Faustino, consejero de la CUP por el distrito Les Corts; Ferran Ocata, asesor de distrito de la CUP; y Laura Pérez, concejala del Distrito de Sants-Montjuïc por Barcelona en Comú Podem.
Los cuatro cargos públicos se mostraron a favor de los ‘okupas’, mientras estos tildaban de «fascistas» a los vecinos, los mismos que le pagan el sueldo a los políticos. Según han asegurado los vecinos a INTERECONOMÍA.COM, Laura Pérez saludó con «abrazos y besos» a quienes se apropian ilegalmente de la propiedad privada e incluso reclamó a los Mossos de Esquadra que custodiaban la zona el desalojo de una de las vecinas de la calle del inmueble por «violación de domicilio», un hecho inaudito, más cuando el domicilio al que se refiere es el mismo que acaban de «okupar» el grupo de jóvenes.
El siguiente vídeo recoge el momento en el que Lecha y Pérez acuden con una tercera persona a hablar con los Mossos de Esquadra.

Marc Faustino y Ferran Ocata también estaban, según muestran las fotos, entre los okupas.

Faustino y Ocata, en una de las protestas de los okupas

Faustino y Ocata (de espaldas con la mochila), en una de las protestas de los okupas


Ocata no ha dudado en mostrar fotos de políticos de Ciudadanos, a los que llama «escoria», y pedía larga vida al edificio ocupado. Lo hizo a través de la red social Twitter.
Ferran Ocata apunta....

El señalamiento público del asesor de la CUP a políticos de Ciudadanos


Esta es una de las muestras de las prácticas de estos radicales de izquierdas, que no dudan después en publicar el nombre, apellidos y centros de trabajo de quienes se oponen a la ‘okupación’ ilegal. De hecho, poco después de publicar ese tuit, los okupas escribieron con nombre, apellido y profesión de cada uno de ellos.
Asimismo, según siempre la versión de los vecinos, Ocata provocaba a los vecinos para intentar denunciar después la agresión. Asimismo, los medios de comunicación de Cataluña simpatizan con los okupas, dando de lado a los vecinos. Entre ellos, directa.cat, uno de los más radicales y afín a la extrema izquierda, no dudaba en señalar el centro de trabajo de Sonia Reina. Asimismo, también señalaba a la «empresa  Servicios Elite Control Grup» como si un grupo de «matones» se tratara, pese a realizar por primera vez este tipo de servicio.

El señalamiento continuaba contra la vecina que se enfrentó a los ‘okupas’ alojándose en el primer piso del inmueble y colocó una pancarta en contra de quienes se creen con derecho a apropiarse de propiedad privada impunemente.
Elisabeth Cañadas, la vecina que convivió con "okupas" con el fin de echarles

Elisabeth Casañas, la vecina que convivió con «okupas» con el fin de echarles

Casañas, la mujer que se enfrentó a los ‘okupas’ pese a las amenazas

Casañas vivió un infierno mientras estuvo en el inmueble okupado. Los insultos y amenazas no cesaron hasta que fue desalojada junto con los últimos cuatro okupas que aún quedaban dentro.
Su entrada en el inmueble se produjo en un momento en el que no había okupas en la primera planta, por lo que decidió quedarse, más si el inmueble era para el barrio. En ese balcón colgó el cartel que encedió a los ‘okupas’: «No queremos Can Vies II en nuestro barrio». Éstos respondieron con más pancartas, pero no consiguieron echar a la que ahora es considerada una «heroína» en el barrio.

El señalamiento okupa, una muestra de las prácticas propias del totalitarismo

El señalamiento okupa, una muestra de las prácticas propias del totalitarismo.


En redes sociales, otras cuentas apuntan directamente a los tres protagonistas, pero especialmente a Ciudadanos, que había anunciado dar cobertura jurídica a los vecinos que pagan sus impuestos para evitar que los okupas se quedaran en el lugar. «Se trata de defender la propiedad privada y la convivencia», afirmaba Carina Mejías, líder de Ciudadanos en Barcelona.
Antes de marcharse de la zona, a la que han prometido volver, los ‘okupas’ se despidieron con una lluvia de pintura sobre los guardas de seguridad privados.
Los de seguridad quedaron cubiertos de pintura lanzada por los 'okupas'

Los de seguridad quedaron cubiertos de pintura lanzada por los ‘okupas’

Así fue el infierno que sufrieron los vecinos

A mediados de octubre un grupo de unos 30 okupas intentaron entrar en un edificio privado de la calle Benavent de Barcelona. El grupo de delincuentes llamó al edificio «La Benaventurada».
Durante dos semanas, los okupas entraron y salieron del edificio sin preocupación alguna, hasta que la madrugada del 29 se presentó el propietario, tras la llamada de los vecinos, y llevó a cabo la reocupación de su propiedad tras cercionarse de que no había nadie dentro. Realizó así un tapiado rápido de puertas y ventanas, a excepción de una de las puertas de uno de los balcones del inmueble.
Debido a la presencia de okupas en el momento de las obras, los albañiles, por miedo y para evitar un posible enfrentamiento, recogieron sus aperos de trabajo y se marcharon sin terminarlo. Este resquicio fue aprovechado por unos pocos okupas para entrar la madrugada del domingo.
A partir de entonces se inició el señalamiento a los vecinos, que tuvieron que soportar insultos entre los delincuentes, apoyados por concejales de Barcelona en Comú y de la CUP, y los vecinos, que no querían tener que soportar sus molestias en su tranquila zona, excepto cuando hay fútbol en el Camp Nou. «Pagamos nuestros impuestos«, han respondido a INTERECONOMÍA.COM.
Para entrar en el edificio privado, y no de la Sareb como aseguraban los okupas, se disfrazaron y realizaron el paripé de una despida de soltero. El grupo desplegó una gran pancarta frente a la puerta de la finca mientras otros compañeros manipulaban la cerradura para dar la patada y entrar. Se las prometían muy felices, entraron vitoreando y gritando consignas propias de la izquierda radical.
Los okupas aseguran a los agentes que llevaban allí desde el martes, alegando que no pueden echarles porque llevan más de 48 horas, pero esa ordenanza solo es válida para un edificio público, y el de este caso es privado.

Los okupas caían constantemente en contradicciones

Los okupas comenzaron  a caer en contradicciones, mientras unos aseguraban que era la okupación del edificio era para poder vivir, otros señalaban que el objetivo no era vivir sino desarrollar un centro social, como el de Can Víes. La gran mayoría de vecinos al escuchar esta segunda versión se reafirmaron en su rechazo. «No os queremos en el barrio«, afirman indignados los vecinos en declaraciones a este diario, más cuando conocen el edificio a la perfección: 15 habitaciones y 7 cuartos de baño.
Tras tres días de tensión, comienzan a acercarse los medios de comunicación, que sorprendentemente dan más voz a los okupas que a los vecinos. «Esto es para el barrio», aseguran quienes se creen con derecho a apropiarse de lo ajeno. No obstante, los propios vecinos, lejos de provocar, preguntaron a los okupas si podían hacer ellos actividades en la casa. La respuesta de los okupas fue que tenían que decidir en «asamblea» a qué se iba a dedicar la actividad, una muestra de que no era para el barrio sino para satisfacer sus propios intereses.
Los okupas, los mismos que decían que no tenían para llegar a fin de mes y que no tenían más techo que el edificio okupado, poseían smartphones con un precio de mercadode entre 700 y 800 euros, según apuntaban los vecinos, que insistían que no querían un nuevo Can Víes.

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