La crisis en los medios lusos continúa con la salida de inversores angoleños

La crisis en los medios lusos continúa con la salida de inversores angoleños

16 enero, 2016
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Actualizado: 16 enero, 2016 0:00
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Óscar Tomasi

Lisboa, 15 ene.- El sector de los medios de comunicación continúa inmerso en una profunda crisis en Portugal, más allá de la recuperación económica del país, con la salida de inversores angoleños como último capítulo de un declive al que aún no se vislumbra el final.

Sólo entre 2007 y 2014 se calcula que perdieron su empleo 1.200 periodistas lusos, en torno a un 20 % del total que está en activo, según los datos de un estudio elaborado por el Observatorio de Comunicación y divulgado recientemente por el sindicato del ramo.

Pese a que la economía portuguesa volvió a crecer tanto en 2014 como en 2015 después de tres ejercicios consecutivos en recesión, el gremio no deja de recibir malas noticias y las perspectivas para este año tampoco son más halagüeñas.

Detrás de los últimos cierres y recortes está la marcha de importantes inversores angoleños, que al calor de la crisis económica en la antigua metrópoli y de la subida del petróleo en su país natal apostaron fuerte en Portugal por áreas como la banca, la energía y las telecomunicaciones, pero también por los medios de comunicación.

De los cuatro grandes grupos que dominan el panorama mediático luso, tres (Impresa, Cofina y Global Media) fueron partícipes de esta corriente.

Los principales protagonistas de esta apuesta por la prensa fueron el empresario y banquero Álvaro Sobrinho y su compatriota António Mosquito, ligado a negocios en la construcción, el petróleo, y la industria del automóvil.

Sin embargo, durante los últimos meses es visible una tendencia a la «desinversión» en este sector, con la fusión del periódico «I» y el semanario «Sol» como principal consecuencia.

Las dos publicaciones eran propiedad de una compañía controlada por Sobrinho, Newshold, que decidió vender el pasado mes de noviembre su participación, lo que derivó en el despido de aproximadamente dos terceras partes de la plantilla.

Sobrinho también llegó a tener un peso notable en el accionariado de Cofina, donde contaba con el 15 % de sus títulos, aunque los vendió progresivamente hasta dejar de tener una participación cualificada.

Un porcentaje más modesto mantiene en Impresa, que actualmente ronda el 2,4 %.

Lejos quedan los tiempos (2012) en que Newshold se postulaba públicamente incluso como candidata a la compra de la Radio Televisión Pública portuguesa (RTP) en caso de que se procediese a su privatización, lo que finalmente no ocurrió, época en la que también se especulaba con su interés en comprar el gratuito «Oje».

António Mosquito compró en 2014 el 27,5 % de Global Media por más de diez millones de euros, aunque se rumorea con su interés en vender desde hace semanas.

Esta tendencia a la desinversión es confirmada por el periodista luso Celso Filipe, autor del libro «El Poder Angoleño en Portugal», publicado en 2013 y donde repasa el desembarco de la ex colonia lusa en su antigua metrópoli.

En su opinión, con su inversión en medios de comunicación estos accionistas pretendían «aumentar su poder e influencia tanto en Portugal como en Angola», ya que la prensa lusa es seguida de cerca en Luanda por considerarse que posee «más credibilidad» que la nacional.

«Pensaron que controlando la información en Portugal, podían también influir en la opinión pública angoleña, pero esa teoría nunca pasó de ahí, porque lo que ocurrió es que en la inmensa mayoría de los órganos de comunicación donde tuvieron participación, nunca condicionaron la línea editorial», asegura.

A esta falta de resultados concretos se sumó la enorme caída del precio del petróleo, verdadero motor económico de una Angola -es considerado el segundo mayor productor de toda África- que creció incluso a dos dígitos en los últimos años y que ahora sufre por su dependencia del «oro negro».

«Es obvio que la crisis del petróleo afectó a la capacidad de liquidez de las personas más poderosas del país», certifica Celso Filipe.

A la «estampida» del capital angoleño se suman los problemas que afectan al sector de la comunicación en todo el mundo. Sólo en los últimos meses de 2015, el diario «Público» abrió un programa de rescisiones voluntarias, «Diário Económico» vio cómo Hacienda embargaba sus cuentas, y el Grupo Impresa cerró también otro programa de rescisiones voluntarias. EFE

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