Crowmie celebró en sus oficinas de Valencia un encuentro con periodistas para presentar su evolución como firma de inversión especializada en infraestructura energética y compartir las principales tesis que guían su crecimiento: la apertura de los activos energéticos al inversor particular, la necesidad de capital privado para financiar la transición energética y el papel del almacenamiento BESS ante el crecimiento de la demanda eléctrica vinculada a la inteligencia artificial.
El encuentro, liderado por Fernando Dávila, CEO y cofundador de Crowmie, permitió a los asistentes conocer de primera mano la visión de la compañía sobre el futuro de la inversión en energía, así como las principales magnitudes de su modelo, su estrategia de expansión y su forma de relación con los inversores.
De la alta competición a la inversión energética
Crowmie nació con la convicción de que la infraestructura energética iba a convertirse en una de las categorías de inversión más relevantes de la próxima década y el inversor particular merecía acceder a ella con el mismo rigor, transparencia y acompañamiento que tradicionalmente han tenido los grandes inversores institucionales.
Durante su intervención, Dávila repasó parte de su trayectoria personal y profesional, marcada por una combinación poco habitual de visión técnica, disciplina de alto rendimiento y emprendimiento. Ingeniero aeroespacial de formación, exolímpico de vela y campeón del mundo, el CEO de Crowmie explicó cómo esa experiencia ha influido en la forma de construir la compañía: con método, control del riesgo y visión a largo plazo.
“Al contrario de lo que mucha gente piensa, la energía no es una tendencia. Es la base sobre la que se va a construir buena parte del crecimiento económico de los próximos años. Nuestra tesis siempre ha sido que el inversor particular no podía quedarse fuera de esa categoría”, señaló Dávila durante el encuentro.
El acceso del inversor particular a carteras más institucionales
Uno de los ejes principales de la presentación fue la distancia que todavía existe entre la composición tradicional de las carteras minoristas y la asignación de activos de grandes inversores institucionales. Según se expuso, el inversor particular sigue concentrando buena parte de su patrimonio en renta variable, renta fija y liquidez, mientras que los grandes patrimonios y fondos institucionales incorporan de forma creciente activos alternativos e infraestructura.
La compañía defendió que esta diferencia no responde únicamente al perfil de riesgo, sino también a una barrera histórica de acceso. Durante años, la infraestructura energética ha sido una clase de activo reservada a fondos, utilities y grandes patrimonios, con tickets elevados, vehículos cerrados y escasa flexibilidad de entrada o salida.
Crowmie plantea su modelo precisamente en ese punto: abrir el acceso a proyectos de generación fotovoltaica y almacenamiento energético, respaldados por activos físicos, contratos operativos y mecanismos de liquidez estructurada.
Crowmie, una firma especializada en activos energéticos reales
En el encuentro, la compañía presentó también sus principales cifras de actividad. Crowmie gestiona actualmente más de 25 millones de euros en activos energéticos reales, cuenta con más de 1.300 inversores activos en 35 países y opera sobre dos grandes tipologías de activo: proyectos fotovoltaicos de autoconsumo industrial y sistemas de almacenamiento energético con baterías.
En el caso de la fotovoltaica, la compañía trabaja con modelos de ingresos basados en PPA y renting, vinculados a contratos de largo plazo con empresas consumidoras. En almacenamiento BESS, el modelo se orienta a arbitraje energético, servicios a red y mecanismos de capacidad firme.
La compañía subrayó también uno de los elementos centrales de su posicionamiento: el “skin in the game”. Crowmie coinvierte en todos sus proyectos junto a sus inversores, con el objetivo de reforzar la alineación de incentivos y consolidar una relación de confianza a largo plazo.
“Queremos que el inversor sepa exactamente dónde está su dinero, cómo genera flujos, qué riesgos existen y cómo se gestionan. La confianza no se construye con promesas, sino con estructura, transparencia y alineación”, afirmó Dávila.
La IA, la transición energética y el almacenamiento como oportunidad estructural
El evento también abordó el contexto macroeconómico que está impulsando la necesidad de nuevas infraestructuras energéticas. La compañía señaló que la expansión de la inteligencia artificial y de los centros de datos está generando una presión creciente sobre el sistema eléctrico global. Según las estimaciones presentadas, el consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse antes de 2030, mientras que el consumo asociado a cargas de IA podría triplicarse.
Este crecimiento se suma a otros grandes vectores estructurales: la electrificación de la economía, la expansión de las renovables, la necesidad de redes más flexibles y el despliegue masivo de almacenamiento energético.
Crowmie destacó que la inversión global en transición energética alcanzó los 2,3 billones de dólares en 2025, mientras que la Unión Europea necesita movilizar alrededor de 660.000 millones de euros anuales hasta 2030 para financiar su transición energética. En este contexto, la Comisión Europea reconoce que el capital público no será suficiente y que movilizar capital privado será imprescindible.
Para la compañía, esta combinación de demanda energética, necesidad de inversión y crecimiento del almacenamiento sitúa al BESS como una de las categorías con mayor potencial dentro de la infraestructura energética.
Acompañamiento, comunidad y relación directa con el inversor
Más allá del producto, Fernando Dávila quiso poner el foco en el modelo de relación con el inversor. El CEO y cofundador explicó que el proceso comienza con una asesoría personalizada de 45 minutos, orientada a conocer el perfil, la experiencia, los intereses y la posible alineación del inversor con el modelo.
A partir de ahí, la relación se desarrolla mediante webinars macro y microeconómicos, sesiones sobre proyectos, informes de evolución, eventos exclusivos y experiencias presenciales diseñadas para conectar a la comunidad. Recientemente, Crowmie ha incorporado también sesiones de asesoría financiera con asesores certificados para inversores relevantes.
Este enfoque responde a una idea central de la compañía: no operar como una plataforma meramente transaccional, sino como una firma de inversión que acompaña, explica y mantiene una relación directa con sus inversores durante todo el ciclo de vida de cada proyecto.
El dato que mejor resume esta relación, según Crowmie, es la recurrencia: el 90% de sus inversores repite y duplica ticket en menos de seis meses.
500 MW en pipeline y expansión en Europa occidental
En cuanto a sus próximos pasos, Crowmie presentó un pipeline activo de 500 MW en proyectos en fase de análisis, estructuración o financiación, así como una red de más de 40 partners estratégicos entre desarrolladores, ingenierías, operadores energéticos y colaboradores internacionales.
La compañía mantiene operativa activa en España y Alemania, y trabaja ya con flujo de oportunidades en Europa occidental. Este modelo de originación busca garantizar una cartera recurrente de oportunidades, tanto en fotovoltaica como en almacenamiento energético, y sostener la escalabilidad del producto ante el crecimiento de la demanda inversora.
“Aquí vemos la infraestructura energética no solo como una cuestión industrial o medioambiental, para nosotros tiene una categoría patrimonial. Si la inteligencia artificial, la electrificación y el almacenamiento van a definir la próxima década, el inversor particular no puede quedarse fuera de ese movimiento”, concluyó Fernando Dávila.
Con esta rueda de prensa, Crowmie refuerza su estrategia de comunicación institucional y su voluntad de abrir una conversación pública sobre el papel del capital privado en la financiación de la transición energética, el acceso del inversor particular a activos reales y la necesidad de construir carteras más alineadas con los cambios estructurales de la economía.


