El documental «Mañana», un bofetón de realidad que insta a la esperanza

El documental «Mañana», un bofetón de realidad que insta a la esperanza

13 abril, 2016
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Actualizado: 13 abril, 2016 0:00
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Alicia G.Arribas.

Madrid, 13 abr.- Hace apenas unos meses, el cineasta Ciryl Dion llevó a los cines franceses un documental que le llevó años preparar, «Mañana», un bofetón de realidad que el espectador recibe «con los guantes de seda de la esperanza» porque, según explica el director a Efe, «ya está probado que el miedo no funciona».

«Esa estrategia, que es la que utilizamos desde hace 20 años, no sirve. Hoy, gracias a las investigaciones neurocientíficas sabemos por qué: nuestro cerebro está dividido en dos, uno emocional y otro racional, y el emocional siempre gana, aunque el racional necesita confirmar lo que le dice el emocional», describe.

Eso es lo que han intentado hacer con este trabajo: contar una historia que «emocione, inspire y dé deseos de hacer cosas pero que se apoye en investigaciones y razones verdaderamente sólidas», detalla Dion, que ha viajado a Madrid para presentar su documental en la III muestra «Tu cita con el cine francés».

Para rodar «Mañana», que se estrenará en salas de España el 29 de abril, él y su pareja, la actriz Mélanie Laurente, recorrieron una decena de países, desde Europa hasta la India, pasando por Estados Unidos, con el objetivo de «presentar alternativas concretas en materia de ecología, economía, agricultura, democracia local y educación» y animar a la gente a «actuar», aunque no de cualquier manera.

La idea de la película, precisa, «es movilizar a la gente, pero también generar una nueva imaginación» por que eso, dice, es «primordial» para cambiar el punto de vista.

Cita el libro de Nancy Houston, «La especie fabuladora», donde se explica que los seres humanos son la única especie que tiene conciencia de que su vida tiene un principio, un desarrollo y un fin: «los hombres se pasan la vida creando relatos».

«Así hemos construido la Historia, por ejemplo, imaginando que íbamos al espacio. E hicimos lo necesario para conseguirlo. Ese es el objetivo de la película, cambiar el punto de vista para que en los próximos quince, o veinte años, nuestra cultura cambie».

El francés cita a lo largo de la entrevista numerosos estudios, escritos e investigaciones que ha «empollado» en los dos años que necesitó para sacar el proyecto; nada al azar, nada de su cosecha.

Dion tiene una respuesta con base científica para cualquier dato sobre el que se le pregunte y que aporte su documental.

La pareja, que codirige el filme, eligió como ejemplos de que ese cambio es posible a los ciudadanos de Detroit (EE.UU), que desarrollaron cultivos orgánicos en las zonas abandonadas por la crisis industrial y financiera que dejó arruinada la ciudad.

También visitaron granjas orgánicas, entre ellas, la de un horticultor francés que no usa máquinas para no gastar gasolina y aún así, saca más rendimiento a sus cosechas que sus vecinos motorizados.

Otros datos que sorprenden son que la ciudad de San Francisco recicla el cien por cien de sus desechos o que los habitantes de Islandia echaron a sus políticos corruptos y cambiaron su constitución.

En el otro extremo, aterra saber, dice, que los científicos consultados pronostican que, de seguir así, «entre el comportamiento humano con la biosfera, la superpoblación y la sequía», apenas quedan veinte años para que las condiciones del planeta sean peores que las que vivieron los dinosaurios antes de su extinción.

Para Dion «lo más difícil» es ir contra la «presión del confort» y «lo único realmente fuerte contra eso, contra la codicia, contra la avaricia, es el deseo».

«Por eso -apostilla- creo que no podemos ganar esta guerra diciéndole a la gente que se prive, sino más bien proponiendo una mejor calidad de vida».

No está seguro, añade, de que este mundo haga al ser humano «realmente feliz: No encontramos el sentido a nuestra existencia, necesitamos reconocer quiénes somos, no solo convertirnos en productores. Que la gente haga lo que mejor se le de, lo que sepa hacer, y que participe en crear una sociedad diferente».

Quizá esa sea la explicación de por qué este documental, de dos horas de duración y, en principio, «anti-comercial», lo han visto ya en Francia más de 700.000 espectadores.

Para despedirse, el activista francés se atreve con lo más difícil: «La solución es desarrollar una economía a escala más local, más humana y autosuficiente en energía. Pero nos tiene que afectar personalmente. Necesitamos ampliar nuestra empatía a la humanidad y a la biosfera». Nada más. O nada menos. EFE

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