¿Dónde capta más fácilmente el Estado Islámico a niños y adolescentes?

¿Dónde capta más fácilmente el Estado Islámico a niños y adolescentes?

16 junio, 2017
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Actualizado: 16 junio, 2017 15:59
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Las ideas radicales importadas de Oriente Medio, la pobreza y la falta de oportunidades han formado un cóctel explosivo en el sur de Filipinas, donde el yihadismo del Estado Islámico (EI) capta fácilmente a niños y adolescentes.

«Cinco antiguos compañeros de colegio con los que solía jugar hoy están muertos», relata a Efe el joven pastor protestante Rogelio Alfaro, nacido en la conflictiva isla de Basilán, bastión de la banda Abu Sayyaf junto a las cercanas Joló y Tawi-tawi, al suroeste de Mindanao.

Los cinco jóvenes, que murieron acribillados por los soldados en recientes operaciones antiterroristas, se habían enrolado en esta organización afín al EI durante su adolescencia, atraídos por imanes locales que han llevado la radicalidad a un lugar donde el islam siempre se había practicado de forma moderada.

«Tradicionalmente hemos sido tolerantes y abiertos. Nunca veías en la calle a una mujer con la cara cubierta por el niqab», asegura el clérigo musulmán Jaafar Kimpa durante un encuentro de Efe con líderes religiosos en Zamboanga, una ciudad de casi un millón de habitantes donde la amenaza del yihadismo está cada vez más presente.

Otro líder musulmán local, el ingeniero Ali Urao, señala sin tapujos a los causantes del problema: «una camada de académicos islámicos que, financiados por organizaciones extremistas, fueron a estudiar a Oriente Medio y países de África como Sudán».

Apunta que «regresaron, se erigieron como líderes religiosos y comenzaron a cultivar las ideas radicales» entre los niños y jóvenes de una región donde más del 50 por ciento de la población vive en la pobreza, la educación es precaria y los escasos puestos de trabajo se pagan a menos de 200 euros mensuales.

«En Basilan si tienes dinero, una moto y armas eres respetado y popular entre las chicas. Esto es lo que brinda pertenecer a Abu Sayyaf y por eso atrae a muchos jóvenes carentes de oportunidades», explica el pastor protestante.

Todos coinciden en que las mezquitas y madrasas (escuelas coránicas) donde se predica la violencia extremista son un pequeño porcentaje del total, especialmente en Zamboanga donde más del 60 por ciento de la población practica el cristianismo y algo más del 30 por ciento el islam.

Mientras, a 450 kilómetros de distancia y también en Mindanao otros cachorros de Daesh (EI por su acrónimo en árabe), en este caso el Grupo Maute y sus seguidores, siembran el terror en Marawi, una ciudad sitiada desde hace tres semanas donde los combates entre el Ejército y los yihadistas causan ya 200 muertos y 200.000 desplazados.

El presidente Rodrigo Duterte declaró la ley marcial en toda la región incluida Zamboanga, una ciudad que en septiembre de 2013 ya fue escenario de batallas a gran escala entre soldados e insurgentes, en ese caso de la facción más radical del movimiento nacionalista islámico MNLF.

Que la convulsión de Marawi se contagie a Zamboanga o que se repita la crisis de hace cuatro años -que dejó 220 muertos y más de 100.000 desplazados- son hoy los mayores temores de los habitantes de la tercera mayor ciudad por superficie de Filipinas.

Para que esto no ocurra la educación en la tolerancia entre los jóvenes es una tarea fundamental, según apuntan los tres religiosos que junto al sacerdote católico español Ángel Calvo llevan a cabo numerosos proyectos de confraternización entre miembros y líderes de diferentes credos en la ciudad.

Su fórmula consiste en prevenir y actuar. «Primero identificamos quiénes son vulnerables y están en peligro de radicalización, o aquellos a los que ya les han lavado el cerebro. Entonces tratamos de involucrarlos, de llegar a su corazón y hacerles comprender qué es realmente el islam», explica Ali Urao.

«Hay que convencerles de que la yihad no está justificada y tampoco se puede imponer la sharía (ley islámica). Somos una minoría, así que han de entender que la sharía ha de aplicarse dentro de uno mismo», concluye.

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