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El inversor ruso Mikhail Fridman controla ahora DIA.

El relato del fiscal: Fridman, de «gran hombre» de Zed a muñidor de su caída

Aunque ha ganado protagonismo en los últimos meses por los problemas financieros de DIA, el de la cadena de supermercados no es el primer negocio del empresario ruso Mijaíl Fridman en España, donde una década antes se enroló en la travesía de Zed cuando el grupo aún se codeaba con las grandes tecnológicas.

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Pero ni el éxito de la animación «Planet 51» ni el potencial técnico de la compañía, que presumía de estar preparada tecnológicamente para hacer una película como Avatar, salvaron a Zed de la debacle empresarial en 2016, desencadenando una guerra entre sus propietarios, la familia Pérez Dolset, y los accionistas rusos, supuestamente orquestados por el magnate.

Este relato es el preámbulo de la causa que actualmente, después de dos años de pesquisas, instruye el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón, el mismo ante el que Fridman declarará tras el verano como investigado por delitos contra el mercado, administración desleal, insolvencia punible y corrupción en los negocios.

Aunque su apellido ya figuraba en la querella inicial, no ha sido hasta comienzos de agosto cuando el fiscal José Grinda ha solicitado su imputación a la vista del último informe policial, del que se infiere la relación del ruso con el grupo a partir de una serie de correos electrónicos.

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Anticorrupción sospecha de que Fridman habría propiciado la insolvencia de Zed con maniobras para asfixiarla económicamente y después adquirirla a un «precio irrisorio» por debajo del de mercado, 20 millones de euros.

Los vínculos entre ambos se remontan a finales de los 2000, cuando sociedades controladas por los ya imputados Vage Engibaryan y Sergey Gorbuntsov -presuntos «subordinados» del empresario- entraron en el accionariado del grupo.

Estos lazos se intensificarían más tarde, en 2013, cuando Zed, a la vista de su crecimiento, planeó su debut en el Nasdaq estadounidense, operación para la que requería de una línea de crédito de 140 millones suscrita con varias entidades.

Una de ellas fue el Amsterdam Trade Bank, la filial del Alfa-Bank, controlado por Fridman, que con esta acción «se aseguró una posición dominante» que le permitía gozar de un papel privilegiado «frente a cualquier decisión» por su doble condición de accionista y acreedor.

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Como «acción de presión y ahogo económico», sus socios «planificaron una estrategia ilegal de interrupción de pagos de dividendos de las filiales rusas», hecho que desencadenó «una falta total de liquidez» que abocó a la compañía española al colapso.

A raíz del análisis de varios correos electrónicos entre el fundador de Zed, Javier Pérez Dolset, y sus accionistas, los investigadores ponen el foco en el papel que Fridman desempeñaba en la tecnológica.

En una de estas comunicaciones, fechada a 12 de agosto de 2013, Gorbuntsov alude al «poder suficiente» que «SHA» o «Misha», diminutivo de Mijaíl, tiene «para lanzar proyectos separados».

Incluso el propio Pérez Dolset se referiría a él como «el gran hombre» en una conversación en la que se compromete a «tratar de involucrar al gran M en los servicios financieros como yo sé que a él le gusta».

Afirmaciones que, sostiene la Fiscalía, constatarían cómo Fridman estaba al tanto del negocio e incluso conocía el conflicto entre Zed y las filiales rusas por las modificaciones «agresivas e injustificadas» de los contratos.

El Ministerio Público advierte además de la «pérdida de capitales en presuntas comisiones ilegales» procedentes del grupo español que, de manera irregular, «se usaron en beneficio de terceros proyectos y negocios cuyos beneficiarios finales fueron Engibaryan y Fridman» a través de sus vehículos comerciales.

La supuesta trama terminaría por enredar su asalto empresarial o «raid», técnica criminal nacida en la Rusia poscomunista, en los últimos meses de 2014, cuando se le transmitió a Pérez Dolset que la «única solución» para frenar cualquier posible intento de usurparle la dirección de Zed era recurrir a Fridman.

Las dudas de Anticorrupción, recogidas por el juez en su auto, parten de una denuncia previa del fundador del grupo, que en 2016 expuso ante la Fiscalía una serie de actuaciones personales y societarias de sus socios.

Poco después, la Audiencia Nacional abrió una causa contra el propio Dolset y otras diecinueve personas, por un presunto delito de fraude de subvenciones que habría ocasionado un perjuicio de más de 100 millones de euros.

«Cualquier acusación que implique a Mijaíl Fridman respecto a empresas del grupo Zed es totalmente falsa», anunciaba, apenas horas después de que trascendiera la decisión del magistrado, un portavoz del magnate, que aseguraba que la imputación era «producto de una teoría de la conspiración inventada por Dolset».

La que fue la segunda mayor fortuna de Rusia según Forbes se someterá al interrogatorio de la Justicia española el próximo 12 de septiembre.

Esa tarde, Fridman emprenderá rumbo a la Audiencia Nacional desde su despacho, el mismo en el que ve desplomarse las acciones de DIA, que desde que «Misha» se convirtió en su máximo accionista hace año y medio ha perdido cerca de un 88 % de su valor en Bolsa. EFECOM