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La portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, y la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio (d) en el palacio de La Moncloa en Madrid. EFE/ Zipi

El verdadero problema de las pensiones: 40% menos de nacimientos en la última década

La falta de una política clara de ayuda a la familia y a la natalidad ha invertido la pirámide de la población en España y una de sus consecuencias es que pone en peligro el sistema público de pensiones y el estado del bienestar, con cada vez más gente jubilada y menos trabajando sosteniendo a los pensionistas.

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España continúa perdiendo población un año más debido a la reducción del número de nacimientos, que ha descendido un 6,1 % en el año 2018, y que ya acumula una disminución del 40,7 % en la última década, según los datos publicados este miércoles por el Instituto Nacional de estadística (INE).

La encuesta sobre «Movimiento Natural de la Población» refleja que durante 2018 nacieron en España 369.302 niños (23.879 menos que en 2017) y murieron 426.053 personas (un 0,4 % más que el año anterior), lo que supone que España pierde población por cuarto año consecutivo (56.262 ciudadanos menos).

La tasa bruta de natalidad también desciende y en 2018 se situó en 7,9 nacimientos por cada mil habitantes (5 décimas menos que el año anterior) debido, en parte, a la disminución del número de hijos por mujer y a la reducción del número de mujeres en edad de ser madres.

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Las cifras del INE muestran, además, que el número medio de hijos por mujer en 2018 se situó en 1,25 -el valor más bajo desde 2002 y 6 centésimas menos que el año anterior-. 

El Sistema Ponzi o la estafa piramidal de la Seguridad Social

Se veía venir desde hace años, pero nadie ha hecho nada. Los nacimientos en España llevan cayendo desde el año 2008 y ya hay más defunciones que bebés vienen al mundo en nuestra nación. Una de las primeras consecuencias de esto es que estallará el sistema Ponzi en el que se basa las pensiones españolas.

España es actualmente un país envejecido: cada vez hay menos bebés y cada vez mueren más personas en un contexto de crisis económica con un 20% de parados y con unos pensionistas que no dejen de crecer mes tras mes.

En 2015, las muertes superaron por primera vez a los nacimientos desde 1941, que es cuando existen datos históricos anuales. Esto, simplemente, se conoce como crecimiento vegetativo negativo de consecuencias muy graves para la economía.

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El resultado es que la pirámide de las pensiones es cada vez más invertida, es decir, las pensiones actuales se pagan con el dinero que aportan los contribuyentes al sistema, el futuro de las mismas dependerá del relevo generacional, y éste pierde cada vez más fuerza,  coincidiendo con la grave crisis económica y los contratos laborales en precario. Y es que, mientras cae el número de nacimientos, también disminuye el número de fallecidos, por lo que la pirámide se ha dado la vuelta. Es cada vez más ancha por arriba y más estrecha en la base, que es la que la sostiene, un escenario típico de cualquier esquema Ponzi a punto de estallar, por que los que entrar en el juego del sistema no pueden pagar a los que salen.

En España, sin una política de ayuda a los nacimientos, sino todo lo contrario, peligra el sistema de pensiones porque los cotizantes no dan para pagar a los pensionistas

Sin relevo generacional no hay pensiones. Y es que, existe la creencia entre una parte de la sociedad que el dinero destinado por cada trabajador a las pensiones se guarda en una hucha y después se devuelve al mismo contribuyente. La realidad es muy distinta. Las pensiones se pagan con las aportaciones de los contribuyentes, por lo que si no hay suficiente población activa, no hay pensiones, y por tanto se produce la quiebra del sistema. Es exactamente lo mismo que ocurre con un sistema Ponzi, un ‘macrofraude’ donde los nuevos jugadores pagan las rentabilidades prometidas a los antiguos. Sin nuevos actores, no hay rentabilidad, y por tanto sale a luz el fraude, como el que ocurrió a grandes fortunas en 2008 con Bernard Madoff.

Así, el esquema es piramidal: el retorno ofrecido -las pensiones- se pueden satisfacer siempre que la base de nuevos inversores crezca de manera suficiente como para hacer frente a la rentabilidad ofrecida a los inversores más antiguos. No obstante, sin nuevos inversores -nacimientos- o estos crecen a un ritmo insuficiente, el sistema colapsa al no poder hacer frente al pago del principal y de los intereses prometidos a los inversores.

Mientras la población crecía y la pirámide de población presentaba una base sensiblemente superior a las partes superiores de la misma, las pensiones no sólo estaban fuera de peligro, sino incluso podrían aumentar. Pero dos factores ponen en serio peligro el sistema: Por fortuna aumenta la esperanza de vida, con perspectiva de continuar subiendo, por lo que el tiempo durante el que se percibe la pensión es mayor. Pero las personas que nacen para incorporarse al mercado laboral disminuyen, por lo que el sistema está abocado sin remedio a la quiebra.

La hucha de las pensiones se ha vaciado como ocurre con los ahorros de cualquier ciudadano que gasta más que ingresa. Incluir el déficit de la Seguridad Social en los Presupuestos Generales del Estado no es una buena idea porque, una de dos, el déficit se dispararía o se compensaría con una subida de impuestos o con recortes en otras áreas del Estado. Son ya más de 9.500 millones mensuales los que necesita el Estado para pagar las pensiones, un dinero que la Seguridad Social no es capaz de general por sí sola y tiene que recurrir al endeudamiento, que ha disparado un 57%.