El vino autosuficiente que revoluciona Ribera del Duero

No hay tendido eléctrico, ni tuberías de agua potable, ni red de alcantarillado. Tampoco grandes carreteras ni pueblos cerca. Solo bosque, viñedo y silencio. En mitad de los páramos que separan Burgos y Soria, a casi mil metros de altitud, Bosque de Matasnos produce algunos de los vinos más singulares de Ribera del Duero funcionando de forma prácticamente autosuficiente.

La bodega genera toda la energía que consume mediante placas solares y biomasa, reutiliza el agua de lluvia y de sus pozos, emplea ganado para prevenir incendios y fertilizar el terreno y ha convertido el monte que la rodea en una alianza natural contra plagas y sequías. “No me gusta hablar de sostenibilidad porque se ha abusado mucho de esa palabra. Nosotros vivimos así porque no nos queda otra”, resume Jaime Postigo, fundador del proyecto.

El contraste con el modelo habitual del sector resulta evidente. Frente a las bodegas monumentales y el despliegue arquitectónico que domina buena parte del turismo del vino, aquí todo parece diseñado para desaparecer dentro del paisaje. La construcción apenas sobresale entre sabinas, robles y encinas. No busca imponerse al entorno, sino convivir con él.

Hace veinte años, cuando Postigo y su mujer llegaron hasta este rincón de la raya entre Burgos y Soria, el monte era un terreno abandonado y reseco donde apenas se escuchaban pájaros. Hoy lo sobrevuelan buitres y cernícalos, cantan alondras y oropéndolas y hay nidos y madrigueras por todas partes. Todo mientras ovejas, vacas y burros ayudan a mantener el equilibrio ecológico del bosque. “No sé si somos un viñedo con bosque o un bosque con viñedo”.

Como insiste en señalar su fundador y máximo responsable, Bosque de Matasnos no es una oenegé sino una bodega. Sin embargo su propósito y empeño personal le han permitido obtener los mismos resultados que persiguen las organizaciones conservacionistas: restaurar la naturaleza para recuperar la biodiversidad perdida y protegerla. Todo ello elaborando algunos de los vinos más afamados dentro y fuera de nuestro país. Quizá sea por eso: porque se han echado como socio a uno de los mejores que pueda tener todo aquel que trabaje el campo. Antes de la despedida Jaime nos confiesa que “con el paso de los años he comprendido que, más que del vino, soy un apasionado de la naturaleza”.

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