Le llaman huelga general, pero en realidad es una huelga electoral con un claro tiente político donde UGT y CCOO intentarán movilizar a los trabajadores para que Sánchez no se hunda en las elecciones generales del 29 de noviembre, lo que implicaría la pérdida de la privilegiada situación de casta del sindicato socialista y comunista con el Gobierno de PSOE-Sumar, un Ejecutivo asolado por los casos de corrupción, desde la mujer de Sánchez, al hermano sin olvidar las cloacas de la fontanera Díaz y a la multitud de altos cargos, incluida su presidenta, imputados de la Sepi por supuesta malversación en las empresas públicas.
Durante ocho años, UGT y CCOO han estado agazapados y pertrechados bajo el paraguas de Moncloa. Millones de euros en subvenciones, trato de favor en las negociones de leyes labores con Yolanda Díaz… y entre tanto bienestar sindical se olvidaron que el salario más extendido en España es de 1.200 euros brutos al mes para pagar una vivienda en precios récord. Se olvidaron también del liderazgo en España en paro femenino, juvenil o general y, como no, de los ‘enchufes’ de ‘trabajadoras’ en empresas públicas o de la desviación de fondos públicos a los bolsillos de los secretarios generales del PSOE.
Pero, por fin ha llegado el momento. Pero contra toda lógica de la historia del movimiento sindical, no se manifiestan contra quien Gobierno, sino contra la oposición, centrada principalmente en PP y VOX, aunque últimamente también han sumado a Junts por su traición a la ‘coalición progresista’ en los decretos de vivienda.
En España, con Sánchez a la cabeza, suceden cosas surrealistas a diario. La última una huelga general, mejor llamarla electoral, de UGT y CCOO contra la oposición, no contra el Gobierno
Que esa huelga es electoral y no general lo prueba el hecho de que el Gobierno la apoya y alienta a seguirla, incluso algunos de sus ministros participarán en ella y, sin vergüenza alguna, serán capaces de encabezar la marcha.
La huelga electoral, ya tiene fecha, el 11 de noviembre. Calentar la calle es lo único que le queda a la extrema izquierda, porque su derrota en las elecciones generales está garantizada.
