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La muerte programada de los productos cuesta 50.000 euros a cada familia

La muerte programada de los productos cuesta 50.000 euros a cada familia

01 diciembre, 2017
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Actualizado: 01 diciembre, 2017 12:52
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La obsolescencia programada, la fecha de caducidad fijada de antemano por los fabricantes, cuesta 50.000 euros a cada familia, que estarían dispuestos a pagar más si el producto durase más tiempo.

Ahora, la UE busca que los productos muestren una etiqueta con su durabilidad para dar más información al consumidor a la hora de escoger. Las bombillas de filamento son el principal producto que se comercializa con una durabilidad fijada ya en fábrica. No obstante, hay más ejemplos y no precisamente actuales.

Dupont dejó de fabricar unas medias resistentes y que no hacían carreras

Esta forma de fabricar se utiliza desde la crisis de 1929, la conocida como La Gran Depresión. Los fabricantes acordaron programar una fecha de caducidad para los productos con el fin de fomentar el consumo y ayudar a la economía. Fue entonces cuando la bombilla se convirtió en la primera víctima y muchas empresas fabricantes fijaron en no más de mil horas su vida útil, aunque las primeras bombillas tenían más durabilidad. De hecho, en la antigua URSS se llegó a fabricar una bombilla que durase 25 años.

Otros productos han sido las medias de nylon. En 1940, la empresa DuPont presentó una media muy resistente y no hacía carreras, tan bueno fue el producto que decidió retirarlas ante la bajada de ventas tras el boom. Desde entonces, hacía medias más frágiles, según se explica en documental sobre el ciclo de la vida de los artículos Comprar, tirar, comprar, coproducido por España y Francia.

Las impresoras dejan de realizar su función cuando llegan a un número prefijado de impresiones

Precisamente, ahora con el avance tecnológico, los móviles son los productos donde menos importa al consumidor la obsolescencia programada ya que la tecnología avanza cada vez más rápido. Pero dentro de la tecnología hay otras pruebas de estas prácticas empresariales, como la venta de móviles a los que no se puede cambiar la batería, o impresoras que dejan de funcionar una vez realizado el número de impresiones estipulado por el fabricante. También en los portátiles se han dado casos en los que no hay piezas de repuesto o son muy difíciles de encontrar. La muerte de estos productos prefijada por el fabricante o por los diseñadores persiguen como objetivo que sea necesario la compra de otro.

Para la Fundación Energía e Innovación Sostenible (Fenisa), en una familia con cuatro miembros podría llegar a ahorrar hasta 50.000 euros a lo largo de toda la vida si los electrodomésticos duraran más o fueran diseñados para ser reparados. Los expertos explican que poner etiquetas sobre la durabilidad de los productos podría ayudar al consumidor a tomar decisiones de compra.

Las lavadoras son otro de estos productos con fecha de caducidad

Las lavadoras son otro de estos productos con fecha de caducidad. Ya no existen neveras o lavadoras que alcancen la veintena de años, como ocurría en los 80. Ahora, los fabricantes de tecnología, portátiles e impresoras acortan deliberadamente la vida útil.

Se trata, según el director académico de los MBA y programas directivos de la UOC, Enric Serradell, de una «práctica fraudulenta y poco ética», en la medida que no ha sido comunicada a los consumidores y que en muchos casos ha sido «generalizada por los fabricantes».

Según un estudio de Greenpeace y iFixit, una web que analiza el índice de reparación de productos electrónicos, marcas como Apple, Samsung y Microsoft salen mal paradas. El profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC Carles Garrigues explica que tecnológicamente sí es posible programar los productos para hacerlos obsoletos pasado un tiempo. «Hay muchas maneras de hacerlo, tanto en cuanto al hardware como al software», ha asegurado.

Para tratar de poner fin a esta práctica, o al menos dar la opción a los consumidores de poder comparar, la Unión Europea ha comenzado a dar los primeros pasos para poner fin a la obsolescencia programada. El año 2013, el Comité Económico Social Europeo encargó un estudio sobre la influencia del etiquetado de la vida útil de los productos en los consumidores.

La conclusión más destacada según los fabricantes fue que los consumidores, parece que están dispuestos a pagar más por los productos que son fabricados para durar más: más de cien euros adicionales para un lavavajillas con una vida útil adicional de dos años. Además, según un estudio del Eurobarómetro del año 2013, un 90% de los ciudadanos cree que los productos deben etiquetarse claramente para indicar la vida útil.

En julio pasado, el Parlamento Europeo creó una comisión de estudio para impulsar una serie de medidas para luchar contra la obsolescencia programada, como dotar de incentivos fiscales los productos que apuesten por la durabilidad y que sean fácilmente reparables, y también permitir al consumidor que pueda reparar sus dispositivos con cualquier proveedor, no sólo con los elegidos por las diferentes empresas. El Parlamento Europeo también pide a la comisión que estudie la creación de una etiqueta europea voluntaria que incluya, entre otras cosas, la durabilidad del producto y el diseño ecológico. Serradell explica que las acciones legislativas contra la obsolescencia programada están situadas dentro de lo que se denomina economía circular, que propone que los productos tengan siempre la posibilidad de ser reciclados y reutilizados.

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