Las calefacciones comunitarias, lucha efectiva contra la pobreza energética

Las calefacciones comunitarias, lucha efectiva contra la pobreza energética

20 febrero, 2017
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Actualizado: 20 febrero, 2017 8:44
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Las calderas o centrales térmicas comunitarias son una herramienta que lucha contra la pobreza energética, al ser más baratas que una instalación individual. El gasto disminuye significativamente y se paga únicamente una cuota mensual fija, a un precio sensiblemente inferior que la instalación individual.
Numerosas comunidades de vecinos se han acogido a este modelo desde hace años. Todos ellos gestionan la instalación y se hacen cargo de posibles impagos, evitando así la pobreza energética. En Madrid este tipo de instalaciones se dan desde los barrios con un poder adquisitivo más alto, como Salamanca, hasta en los barrios de clase trabajadora, como Orcasitas.
Las ventajas de este sistema, que quiere eliminar Bruselas al entenderlo injusto porque cada asociado a la central térmica paga lo mismo, independientemente del consumo, son mayores que los inconvenientes. El único problema grave es una derrama por reparaciones, pero teniendo en cuenta que hay miles de asociados el coste se distribuye de la misma forma.
En Meseta de Orcasitas no hay nadie con problemas asociados a la pobreza energética por la calefacción por la central térmica, propiedad de los vecinos. Desde los años 80, todos los vecinos que ocupan seis bloques de edificios llegaron al acuerdo de instalar una central térmica para disfrutar de la calefacción a un precio muy reducido, 36,5 euros al mes pagan ahora independientemente del consumo.
Miguel Ángel González, presidente de esta mancomunidad de vecinos, explica que la central abastece de calefacción y que son ellos sus propietarios. A esta central están conectados 2.350 familias desde hace 37 años. La idea surgió en una reunión de vecinos en una zona poblada de chavolas. «Alguien dijo que en Europa funcionaban muy bien las centrales comunitarias», ha señalado González en una entrevista a Eldiario.es. La central térmica está a pleno rendimiento entre octubre y abril, es decir, en otoño y parte de la primavera, los meses más fríos del año.
La central se enciende a las 12 horas y se apaga a las 22:30 horas, por lo que los vecinos disfrutan de calefacción en este tiempo. En caso de no querer, tan solo tienen que cerrar la llave de paso de cada una de las calefacciones. Este es el motivo por el que Bruselas, en 2015, exigió contadores en las calefacciones para evitar que todos pagaran la misma cantidad independientemente del consumo. No obstante, Bruselas olvida que es un contrato entre particulares, y que por tanto debería prevalecer, más cuando la central no solo ahorra en la factura sino también que muestra eficiencia respecto a los contadores individuales.
«Es una calefacción de ricos en un barrio de pobres», ha asegurado González. Para la compra de la materia prima realizan un compra conjunta con otras mancomunidades que operan en el mismo modelo, por lo que el ahorro es aún mayor. El problema son los impagos que se producen.»Ya lo pagará después», afirma el presidente de esta mancomunidad.

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