Los salarios suben el 0,89%, frente al 44% de la inflación desde el 2000

Los salarios suben el 0,89%, frente al 44% de la inflación desde el 2000

14 mayo, 2016
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Actualizado: 14 mayo, 2016 0:00
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El salario medio en España -no confundir con el que más se repite (la «moda», según los conceptos de la Estadística), que es significativamente inferior (15.500 euros)- alcanza ahora los 26.259 euros, un 0,89% más que en el año 2000. Se podría achacar el exiguo crecimiento a la crisis, pero en ese tiempo hubo en España un vigoroso período de bonanza, en el que el PIB de España creció un 72% entre el 2000 y 2008, hasta alcanzar los 1,11 billones de euros desde los 646.250 millones de euros que registraba en el inicio de esta serie. Pese a este espectacular crecimiento, los salarios medios no se movieron, es decir, los trabajadores no participaron del boom del ladrillo, aunque como desmuestran los datos sí que lo hicieron en el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Y es que, según los datos del INE, entre el 2000 y el 2008, los salarios medios fueron exactamente los mismos año tras año, eso sí, había trabajo y grandes oportunides en el mercado laboral. La cifra de ese salario medio alcanzaba los 26.027 euros, por lo que es lógico que el PIB per cápita (PIB/número de habitantes) aumentara a pasos ya que la población era prácticamente la misma en el período, un 52%. Y es que, si en una división solo se aumenta el numerador el resultado es mayor cada vez, y año tras año. España crecía no al 3,2% como hasta ahora, sino a tasas del 4% e incluso del 4,2%. Entonces aparecieron los grandes mantras: «El milagro económico español». España fue como una bala, un crecimiento que dejaba a Alemania a la altura del betún: solo creció un 21% entre aquellos años, e incluso sus tasas de crecimiento llegaban al 0% en 2002 y en negativo al año siguiente, con una caída del 0,7%. El PIB de Alemania en relación con sus habitantes se disparó un 21% en ese tiempo, justo al mismo ritmo de crecimiento del PIB.

España crecía más del doble que los alemanes, la locomotora europea iba constante, sin grandes subidas en el PIB, y como en España, el salario medio tampoco creció entre el 2000 y el 2008, situándose en los 45.170 euros, aunque sí ha caído en el cómputo de estos últimos 16 años, en concreto los alemanes cobran ahora un 1% menos que en el 2000. ¿Pero qué ha sucedido con los precios desde el 2000 y el 2016? Según los datos estadísticos, lejos de caer o al menos subir durante estos años al mismo ritmo que los salarios, el IPC de España se ha disparado un 30% en el acumulado de esos 8 años, es decir, los precios se han disparado a un ritmo exponencial, del 4.843% más respecto a los salarios, cuya subida ha sido durante los años de bonanza del 0%. Y estamos hablando solo entre el 2000 y 2008, para no confundirnos con la época de la crisis.

Tras el estallido de la crisis, la tasa de paro se ha disparado hasta niveles muy preocupantes, pese al crecimiento de los últimos trimestres, España se mantiene con una tasa de paro del 20%, un nivel que no dejará hasta previsiblemente 2017 e incluso se habla que en 2020, con un paro estructural -parados de larga duración- rozando los 4 millones, los mismos que hay ahora en desempleo. En la época de bonanza, el paro en España era del 10% e incluso llegó a ser del 7%. España no crece ahora a esos ritmos del 4% y 4,2%, pero «lidera el crecimiento entre los países más grandes de la UE», como si ese mantra repetido hasta la saciedad mejorara el bolsillo y el bienestar de los españoles. Nada más lejos, la cruda realidad demuestra que para bajar la tasa de paro se está haciendo a costa de bajar salarios, con empleos precarios y una altísima temporalidad, pese a que el 73% de los contratos son indefinidos. En los últimos meses se han conocido datos que reflejan y corroboran cómo se ha conseguido bajar el empleo: primero eliminando de las listas a aquellos que por desidia y hartazgo han dejado de buscar un trabajo, segundo disparando la temporalidad en los nuevos contratos -solo el 8% de las firmas contractuales son indefinidos-; y tercero, con trabajos y empleos cuya duración dura lo mismo que un almuerzo fuera de casa, una hora. Eso sí, la creación de empleo con este tipo de trabajos se ha disparado en más de 300.000 personas en un año, para repetir el mantra: «Es mejor tener un trabajo mal pagado y temporal que no tenerlo».

Pero con todo esto encima de la mesa se asegura que hay «riesgo de deflación», que «los precios caen» y que el BCE tiene que actuar porque así lo ordenan sus propios estatutos, la inflación tiene que estar en niveles del 2%, es decir, que como mínimo tiene que registrar una subida del 2% cada año. Pero, ¿de verdad los precios caen? No, la realidad es que caen con fuerza los precios de la energía, cuyo peso en la inflación es muy superior a cualquier otro. De hecho, según los datos del INE, que sigue contabilizando las máquinas de escribir, entre otros, como bienes que influyen en la inflación -seguramente a la altísima demanda que tienen hoy en día-, los precios no caen, y están muy lejos de un período deflacionista -cuya definición económica es una caída generalizada de precios, sin estimar el período en el que se registre, mientras que la recesión es un crecimiento cero o una caída del PIB durante dos trimestres consecutivos-.

Atendiendo a los últimos datos del INE, la caída generalizada de precios está muy lejos de ser una amenaza. Cereales y sus derivados, por ejemplo, han subido un 0,1% en un mes, y desde enero ascienden un 0,6%; el pan sube un 0,1% desde enero, y mantiene precios respecto al mes precedente. Las carnes de ovino, vacuno y ave han descendido un 6,2%, un 1,6% y un 0,5%, respectivamente, en el acumulado del año, mientras que el pescado fresco cae un 2,3%. Por contra, las legumbres se han disparo un 7,4%, las patatas lo han hecho en un 4,3% y acumulan una subida anual -abril 2015 a abril 2016- del 14,1%, inferior a la del aceite y grasas (15%). Las frutas frescas, por su parte, han aumentado su precio un 8% en un año; el azúcar se anota un 2,9%. El INE separa entre vestido para hombre, mujer y niños: los hombres pagan un 5,6% más que hace un mes, mientras que las mujeres tienen que hacer frente a un 13%, los niños y bebés, por su parte, tienen que abonar un 20% más que en marzo. Y es que llega la ropa de primavera y verano a las estanterías.

En el IPC pondera más la calefacción, un 75,2%, pese a que solo se utiliza unos meses al año, pondera más que todos los alimentos frescos juntos, pese a que se consumen o se pretenden consumir casi a diario. La caída de este servicio es del 14,2% en el cómputo del año natural debido principalmente a la suavidad de las temperaturas. Las comunicaciones, por su parte, ascienden un 3,4%.

Mirando con atención los datos de inflación del organismo estadístico, entre abril de 2008 y abril 2016, último disponible, los precios están muy lejos de caer de forma generalizada. De hecho, en el conjunto de España, se ha incrementado un 7,4% (tomando como referencia los precios de 2011, que ya tenían acumulada una subida superior al 30% desde el 2000). En ese período, los precios se han incrementado un 11,1% en Barcelona, la única provincia que sube precios a ritmos de dos dígitos, seguida de Vizcaya, al 9%, mientras que Guipúzcoa lo hizo al 8,6%. En cuarta posición, Gerona, al 8,4%, al mismo ritmo que Burgos, y por encima de Lérida y Baleares, al 8,2%. En Álava ascendieron al 7,8%, dos décimas más que en Cantabria (7,6%), por encima todas ellas de Madrid, donde los precios acumulan una subida del 7,4%. La Rioja, Málaga y Córdoba registran un ritmo de crecimiento por encima del 7%. Ávila, con un 5,7% es la provincia peninsular donde menor ritmo de subida se ha registrado. Canarias, Ceuta y Melilla es donde menos suben, a ritmos de entre el 3,5% y el 5,3%.

Mapa del aumento de precios en España por provincia desde 2008 a 2016 con base a precios de 2011. Fuente: INE.

Estos datos muestran la cruda realidad de España: la mejora de la competitividad se ha basado únicamente en mermar el bolsillo de los españoles, y no con innovación o mejoras en los sectores. El poder adquisitivo de los españoles ha mermado no solo por la caída de salarios, sino también por el aumento de los precios, pese a que ahora se encuentren en tasas negativas, del -1,1%, según los últimos datos del INE, y es que quizá los precios necesiten un merecido descanso tras dispararse en los últimos 16 años un 44%, sin descanso alguno, mientras que los españoles, lejos de incrementar sus salarios al mismo ritmo, se han visto perjudicados por la nueva máxima de la economía: hacer a España un país competitivo, pero la competencia no se consigue mermando el bolsillo, ya que tiene un efecto aún más perverso: cae el consumo, y con ello las ventas de las empresas.

Y es que, el consumo en España ha caído un 8,6% en el acumulado desde 2008 a 2014. Quizá ahora se entienda mejor el por qué cae el beneficio empresarial en España o por qué el crédito ha caído con estrépito durante la crisis: sin demanda solvente, sin un colchón en la cuenta corriente, los españoles no consumen. Las empresas, al mismo tiempo, para evitar una bajada de ventas suben precios, pero ese incremento no repercute en el bolsillo del trabajador. Quizá se entienda ahora por qué es imposible ahorrar en España. Unos lo achacan única y exclusivamente a los elevados impuestos, pero no sólo se debe a ello, otros apuntan que se debe sólo a la elevadísimo endeudamiento público de España, en el 100% del PIB. No obstante, es una mezcla de un círculo vicioso: elevadísimos impuestos, alto apalancamiento no sólo público sino también privado, y otra serie de factores: la falta de inversión, la falta de innovación, la falta de valores éticos y morales, y la falta de formación, entre otros muchos.

Existen casos excepcionales, como Inditex y Mercadona, que han contribuido no solo en cuidar al cliente sino también al corazón de la empresa, el motor que engrasan a diario los miles de trabajadores de ambas compañías.

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