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El rostro del fraude en las empresas: directivo o consejero y de 36 a 55 años

El rostro del fraude en las empresas: directivo o consejero y de 36 a 55 años

29 noviembre, 2016
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Actualizado: 29 noviembre, 2016 11:25
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El perfil del fraude en el seno de las empresas es de un directivo o consejero, de entre 35 y 55 años, con capacidad de anular los controles internos y son bien considerados por la plantilla.
Así lo resume el último estudio de Forensic KPMG referente al fraude dentro de las empresas. Dicho perfil resulta crítico a la hora de diseñar una línea de defensa corporativa para detectar, responder y mitigar los posibles casos de fraude que pueden presentarse en una empresa e igualmente permite asignar eficientemente los recursos disponibles a las áreas o funciones de mayor riesgo.
• Tienen edades comprendidas entre los 36 y los 55 años (69% de los investigados).
• Constituyen una amenaza que proviene del interior de la compañía (el 65% son empleados contratados por la empresa).
• Pueden ser ejecutivos o consejeros (35%) que llevan en la empresa, al menos, seis años (38%).
• Disponen de gran poder en su empresa y tienen capacidad para anular los controles (44% de los investigados).
• Se perciben socialmente apreciados, con un 38% de los estafadores que se describen a sí mismos como personas muy respetadas en su organización.
• En su mayoría, actúan en colaboración con terceros (en el 62% de los fraudes, una cifra ligeramente inferior al 70% obtenido en el estudio de 2013).
• El lucro personal es la motivación predominante para el defraudador (en un 60% de los casos). En un 27% de los delitos la causa estuvo motivada por entender que la posibilidad de hacerlo resultaba sencilla.
El estudio analiza 750 casos de 81 países desde marzo de 2013 hasta agosto de 2015 y pone de manifiesto que el 70% de los responsables del fraude tienen este perfil. El 80% corresponde a hombres.

Cómo combatir el fraude dentro de las empresas

Para combatir el fraude, los responsables del estudio proponen analizar y adoptar decisiones dentro de la empresa, para evitar que los responsables puedan saltarse los controles internos. En este sentido, creen que las empresas deben centrar sus esfuerzos en los siguientes cuatro puntos:

Analizar los riesgos de fraude de forma recurrente y proactiva:Identificar adecuadamente los riesgos de fraude es clave para definir controles suficientes y proporcionales. En la medida en que los patrones de fraude mutan y se sofistican, estos aspectos deben ser evaluados periódicamente junto con el resto de riesgos que afectan a la organización. En este tipo de análisis deben intervenir equipos multidisciplinares que aporten una visión completa de las amenazas que afectan a la organización.
Emplear la tecnología: La tecnología aún no es aprovechada suficientemente por las compañías para combatir el fraude. Únicamente un 3% de los casos analizados fueron detectados a partir de análisis basados en la tecnología. Aunque está claro que los defraudadores son expertos en utilizar la tecnología para cometer fraude, vemos pocos indicios de que las empresas sean igualmente especialistas a la hora de combatirlo. Los sistemas de monitorización de amenazas y Data & Analytics (D&A) son indispensables para identificar comportamientos anómalos o sospechosos.
Conocer y seleccionar a los terceros con los que se relaciona la organización atendiendo a criterios de ética e integridad: No es suficiente con supervisar lo que ocurre en el seno de las compañías, dado que en más de la mitad de los casos estudiados participaron terceros ajenos a la organización. En el actual contexto global y complejo, la inteligencia corporativa es esencial para la selección y monitorización continua de los terceros con quienes se relaciona la organización (socios, agentes, distribuidores, proveedores y clientes).
Permanecer alerta para afrontar las amenazas internas: Las organizaciones deben disponer de mecanismos eficientes para detectar y responder de forma temprana ante eventuales irregularidades. Para ello, es necesario establecer procesos pautados destinados a comunicar e investigar irregularidades, garantizando que las actuaciones corporativas son proporcionales y se atienen en todo momento a lo dispuesto en la legislación que les resulta de aplicación.
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