¿Cuánto cuesta morir en España? ¿En qué ciudad es más barato?

¿Cuánto cuesta morir en España? ¿En qué ciudad es más barato?

01 noviembre, 2016
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Actualizado: 01 noviembre, 2016 9:32
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Las cifras del negocio de la muerte arrojan luz sobre su rentabilidad. En 2015 fallecieron cerca de 422.000 personas, con un volumen de negocio de 1.500 millones de euros, con un gasto medio por fallecido de 3.500 euros.
Morir en la ciudad de Cuenca conlleva una factura de 2.200 euros, la más barata de España, y el 35% de lo que cuesta en Barcelona, cuyo coste ronda de media los 6.440 euros, convirtiéndose en la más cara.
La ley española solo permite la inhumación, incineración, inmersión en alta mar o utilización para fines científicos o de enseñanza en el tratamiento de los cuerpos inertes. Son los enterramientos y cremaciones las dos opciones que más dinero generan.
La incineración es una de las opciones con más auge en los últimos tiempos, cuyo ritmo de crecimiento anual se aproxima al 2%. Las previsiones apuntan que el 80% de los fallecidos serán incinerados de cara a las próximas tres décadas.
Barcelona es la ciudad con mayor coste, unos 6.440 euros, mientras que en Tarragona la cifra alcanza los 5.323 euros de media. Vigo se sitúa en tercer lugar con un coste de 5.179 euros, según un estudio de la OCU. Por contra, Cuenca, Cuenca, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria son las más baratas para las inhumaciones con 2.261, 2.397 y 2.662 euros, respectivamente.
Málaga sería la cuarta más barata, con 2.665 euros, seguida de Logroño y Badajoz, con un coste aproximado de 2.900 euros. Por encima de 3.000 euros y por debajo de la media se sitúan Bilbao, Zaragoza, Murcia, Valencia, Oviedo, Pamplona, Córdoba y Palma de Mallorca.
Por encima de los 3.500 euros y hasta los 3.800 se encuentran Salamanca, Alicante, La Coruña, San Sebastián, Santander, Lugo y Sevilla. En Huesca, Granada, León y Cádiz el coste es inferior a los 4.000 euros. Por encima de esta cifra se sitúan Valladolid, Madrid y Ciudad Real, con un coste medio de 4.500 euros. El coste se encuentra en función de la competencia y de la presencia o ausencia de monopolios municipales.
El pago de facturas se inicia desde el momento de tramitar todo el papeleo, como el certificado de defunción, la baja en el registro civil del fallecido y autorización de la licencia de inhumación o incineración. El precio de estos trámites supone un coste de 300 euros. El tanatorio supone otros 600 euros, mientras que el coche fúnebre sale por 532 euros. El ataúd cuesta entre 700 euros y 2.700 euros, mientras que por el alquiler del nicho se paga entre 900 y 1.800 euros.

Más muertos que nunca

El número de personas que mueren al año en España no para de crecer y ya alcanza cifras históricas que rompen cualquier registro desde 1941, primer año del que hay datos oficiales, e incluso supera al causado por acontecimientos como la Guerra Civil o la epidemia de gripe de principios del siglo XX. Así, en 2015 fallecieron 422.276 personas, la cifra más alta desde 1941, y que supuso un aumento del 6,7 por ciento respecto al año anterior, un alza porcentual que no se producía desde los años 70 y que alerta, un día como hoy cuando se celebra el Día de los Difuntos, sobre el problema demográfico que se cierne sobre España.
Un número mayor, incluso, al producido por alguno de los graves hechos históricos que tuvieron lugar antes de 1941, como la Guerra Civil que asoló España de 1936 a 1939, y que según los últimos estudios, causó la muerte a cerca de 500.000 personas en los tres años, o epidemias como la de la gripe (principios del siglo XX), que se llevó por delante unas 300.000 vidas.
Aún teniendo en cuenta que, por entonces, la población española era más reducida, 24 millones en 1936, y unos 20 millones a principios del siglo XX, el porcentaje de muertos sobre la población ha sido superior en 2015.
Y si los cálculos del Instituto Nacional de Estadística (INE) se cumplen, a medida que pasen los años la merma de la población española sólo empeorará debido a la reducción que año a año se produce en los nacimientos, y al regreso a sus países de origen de los inmigrantes, como consecuencia de la crisis económica. En tan sólo cincuenta años España se convertirá en un país de viejos solitarios, con 5,4 millones menos de habitantes, donde uno de cada tres tendrá más de 65 años, y nacerán menos de 300.000 niños.

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