Una escritora catalana denuncia el ‘talibanismo lingüístico’

Una escritora catalana denuncia el ‘talibanismo lingüístico’

21 marzo, 2016
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Actualizado: 21 marzo, 2016 0:00
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«¿Se imaginan a un niño francés recibiendo dos horas de francés a la semana? ¿O un niño en Reino Unido?». Se pregunta la escritora catalana Teresa Giménez Barbat, quien afirma escribir y hablar en catalán con la familia. El marco escogido para hacer estas declaraciones no es otro que el Parlamento Europeo, donde denuncia la imposición del catalán en la escuela y en la Administración.

Giménez Barbat recuerda las sentencias de los tribunales de justicia sobre la inmersión lingüística en Cataluña, a donde acuden las familias para exigir «una hora más de español» y una enseñanza bilingüe. Las tres horas las niega la Generalitat, que mantiene, pese a las sentencias, «los planes de estudio y prevaricando así de forma ostensible».

La escritora recuerda la presión que reciben las familias cuando denuncian y reciben sentencias favorables. «Algunas han tenido que cambiar de centro», afirma porque se les ofrecía la inconstitucional «atención individualizada», es decir, el niño para poder recibir clases en español era apartado del grupo escolar y por tanto ya estaba «estigmatizado«. Una discriminación que tumbó el Supremo y después el Constitucional.

El uso de lengua como arma nacionalista va más allá del ámbito escolar. La escritora recuerda las multas de la vergüenza a los comercios. La ley exige rotular al menos en catalán, y quien no lo hace se expone a una sanción económica.

«En Cataluña el problema de fondo no es el catalán, sino con los que creen que el catalán es la única lengua vehicular», afirma la escritora, quien añade: «Con ello mantienen la ficción de una nación distinta a la española que les permite seguir controlando el poder en Cataluña». La escritora asegura que ha sido tildada de «botifler» -traidora a la patria catalana- por defender el bilingüismo y la unidad de España.

Tilda de «talibanismo lingüístico» el informe presentado por los nacionalistas, generando problemas donde no los hay, más cuando lengua mayoritaria en Cataluña es el español. La respuesta de los nacionalistas catalanes fue la risa. «Me alegro de que se rían», concluye.

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