"Eva Perón le dijo a don Juan: 'Acepte usted la corona"

Si hoy siguen siendo destinos relacionados con el chic y con el buen gusto, fue entre 1946 y 1969 cuando Estoril y Cascais conocieron su época de mayor apogeo gracias a la presencia de una amplia representación de monarcas exiliados: los condes de Barcelona, el ex rey Humberto de Italia, su hermana la reina Juana de Bulgaria, los condes de París y algunos más. Allí coincidieron con lo más granado de la alta sociedad lusa: una época de vino y rosas, de tragedias y de intrigas políticas españolas que el historiador especializado en asuntos dinásticos Ricardo Mateos desmenuza con rigor en Estoril, los años dorados. “En ese momento, Portugal estaba totalmente atrasado, de ahí que a Salazar le interesase mucho que esos personajes aportaran un poco de brillo y que mantuvieran en auge esa costa dorada portuguesa”, explica.

-¿Eran unos reyes derrocados los que más glamour podían aportar a la costa portuguesa?
-No, pero sí podían atraer atención hacia Portugal, que era un país bastante desconocido. Por ejemplo, la boda de María Pía de Saboya con Alejandro de Yugoslavia congregó a la Prensa de todo el mundo.

-¿Qué interés tenía Portugal en facilitar la llegada de estos huéspedes?
-El primero que llega es don Juan de Borbón. A Salazar le interesa tener una baza política frente a Franco. Don Juan no molestó a Salazar en ningún momento, si bien el conde de Barcelona le consideraba un tipo bastante aburrido con el que no se podía hablar. Nunca contestaba. Cuando van apareciendo los demás, a Salazar le interesa que esos personajes resalten esa zona turística que empezaba a entrar en declive.

-Usted sostiene que el asentamiento definitivo de don Juan y los suyos en Estoril estuvo en el aire.
-En un primer momento, sí. Ellos se quieren quedar, pero Franco presiona. Su hermano Nicolás, a la sazón embajador de España en Lisboa, jugaba a dos aguas y apoyaba a don Juan en la medida que podía. Aunque también hay otras versiones.

-¿Por qué, salvo excepciones, la gran nobleza española no apoyó a don Juan en los primeros años del exilio?
-Las grandes familias estaban muy cómodas con el régimen franquista: la nobleza antigua y terrateniente estaba muy atada. Sin embargo, la más reciente nobleza industrial, en su mayoría catalana y vasca, fue la que, al principio, más apoyó a don Juan y quienes más dinero aportaron. Apoyaron mucho los Güell, los Satrústegui, los Ybarra...

-Los condes siderúrgicos de los que hablaba Unamuno.
-Eso es. Tenían dinero constante, del que se podían desprender. Y era una sangría. Tenían que ir al Hotel Palacio, estar allí 15 días. Les costaba lo suyo. No había nada que hacer salvo ir al casino. Pagaban todo, don Juan no pagaba nada.

-Quien no le pagó nada pero le dio un consejo contundente fue Eva Perón.
-Le dijo en un almuerzo: “Acepte usted la corona y luego ya tendrá tiempo de dar una patada en el culo a quien sea”. Muy propio de ella como mujer práctica que era. No hay que olvidar que venía de Madrid, donde parece que ya había tenido ese encontronazo con doña Carmen Polo.

-¿Se gestaron en Estoril grandes maniobras políticas?
-Más que grandes maniobras, eran intrigas de salón que no tuvieron una gran proyección porque don Juan estaba atado de pies y manos. En 1947, lord Mountbatten, su tío, le dice que los aliados van a apoyar a Franco. Y tenía mucho olfato como para saber que su momento no iba a llegar nunca.

-Asimismo, Estoril fue un lugar de tragedias, como la muerte de don Alfonsito. ¿Cuál es la versión más creíble?
-Creo que fue un accidente, una mera fatalidad. Ellos estaban allí jugando y hubo una bala que se quedó. Según algunos, las Infantas estaban allí; según otros, sólo estaba un amigo. Un caso como este se cuenta y se recuenta, y en el recuente se van añadiendo y quitando cosas.

-¿Nunca se sabrá del todo?
-Eso creo. Las personas recuerdan de una forma muy particular y hay cosas que se van cambiando con el paso del tiempo. Pero tampoco creo que haya un interés en ocultar lo que pasó. Me consta que el Rey quiere que se sepa que fue un accidente.

-Siguiendo con Don Juan Carlos, ¿qué importancia real tuvo su noviazgo con María Gabriela de Saboya?
-Cuando le pregunté acerca de esto a la princesa María Teresa de Orleans-Braganza, una de las tías de Don Juan Carlos afincada en Estoril, me miró con cara de sorpresa y me dijo: “Eso fue sólo una posibilidad”. En mi opinión, fue más deseado que otra cosa. Deseado por Don Juan Carlos y también por don Juan. En contra de lo que se ha dicho, no creo que don Juan hubiese estado en contra, pues tenía una excelente relación con Humberto de Italia.

-¿Por qué se frustró, entonces?
-María Gabriela no estaba muy por la labor, pues es una mujer inconstante. Nunca creyó que se fuera a restaurar la monarquía. Franco también fue instrumental. No hubiera permitido ese enlace.

-¿Cómo es que Doña Sofía no entró en Estoril por la puerta grande?
-Venía de una familia real muy distinta y de un país –Grecia– sin nobleza pero con una corte formal y, además, de formas más rígidas. Llegó a Estoril y vio cómo las manifestaciones de afecto eran frecuentes. Para ella, esta mezcla de la realeza con otros entornos debió de ser bastante chocante.

-Dentro de dos meses, los Reyes celebran sus 50 años de casados. ¿Fue un matrimonio concertado o fomentado?
-Fomentado. A esas alturas ya no se concertaban las bodas. Ambos congeniaban y tenían afinidades. Pero es verdad que había mucho interés: por parte española significaba entroncar con una dinastía reinante, mientras que los griegos entroncaban con la antigua sangre de los Borbones, que podían volver a reinar.

 

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