Fedea subraya que el debate en torno a los alquileres turísticos no admite soluciones simples ni universales y pide combinar instrumentos regulatorios, fiscales y de control administrativo para no eliminar por completo los beneficios asociados a esta actividad.
Según un trabajo realizado por Alberto Hidalgo (Universitat de les Illes Balears) y Francisco J. Velázquez (Universidad Complutense de Madrid) sobre los alquileres turísticos de corta duración, se debe contar con marcos regulatorios flexibles y adaptados a las condiciones locales, capaces de equilibrar los beneficios económicos asociados al turismo con la protección del acceso a la vivienda y del bienestar de los residentes.
En este contexto, los autores subrayan la importancia de que las decisiones regulatorias se apoyen en la evidencia empírica acumulada y evalúen de forma explícita los costes y beneficios de las distintas opciones de política pública, apunta Fedea en un comunicado.
Políticas regulatorias sobre alquileres turísticos
En este sentido, el trabajo destaca que las políticas regulatorias más eficaces tienden a ser aquellas que diferencian entre tipologías de vivienda, zonas geográficas y perfiles de oferentes, en lugar de aplicar prohibiciones generales.
Asimismo, se enfatiza la necesidad de contar con información detallada y mecanismos de supervisión efectivos que aseguren el cumplimiento de la normativa y eviten efectos de desplazamiento no deseados hacia otras áreas o modalidades de alojamiento.
Lamentan además que las restricciones a los alquileres turísticos suelan implicar pérdidas de eficiencia al reducir el excedente del consumidor y limiten los beneficios económicos locales derivados del turismo.
Así, subrayan que los efectos de la regulación son heterogéneos y dependen de su diseño concreto, del grado de cumplimiento efectivo y de las características específicas de cada mercado local, como la presión turística previa o la rigidez del mercado de la vivienda.
Externalidades positivas de los alquileres turísticos
El rápido crecimiento de los alquileres turísticos de corta duración, impulsado por el desarrollo de plataformas digitales como Airbnb, ha traído consigo importantes externalidades positivas, recalcan.
Desde el punto de vista de la demanda, estas modalidades de alojamiento aumentan la variedad y flexibilidad de la oferta, especialmente en periodos de elevada ocupación.
A nivel local, la redistribución del gasto turístico hacia zonas residenciales impulsa la actividad económica en sectores intensivos en servicios, como la restauración, el comercio y el ocio, con efectos positivos sobre el empleo y los ingresos empresariales.
Además, el estudio indica que la posibilidad de destinar una vivienda al alquiler turístico incrementa su valor de opción, fomenta la inversión y la rehabilitación del parque residencial y proporciona una fuente adicional de ingresos para los propietarios que participan en estas plataformas.
Factores negativos
Sin embargo, los autores apuntan una serie de externalidades negativas cuando la actividad de alquiler turístico alcanza una escala o concentración elevada.
El principal foco de preocupación se sitúa en los efectos sobre la asequibilidad de la vivienda, al reducirse la oferta destinada al alquiler residencial de largo plazo y aumentar los precios tanto de compra como de alquiler.
También hay impactos adversos sobre el bienestar de los residentes, asociados a mayores niveles de ruido, congestión y rotación de vecinos, así como efectos competitivos sobre el sector hotelero tradicional, que pueden ser significativos en determinados mercados urbanos y turísticos.
