La carrera para elegir al próximo secretario general de Naciones Unidas entra en una nueva fase tras la celebración esta semana del cuarto sondeo informal del Consejo de Seguridad, mientras los candidatos intensifican sus contactos diplomáticos de cara a las próximas rondas del proceso.
En ese contexto, la diplomática ecuatoriano-libanesa Ivonne A-Baki, postulada por el Reino de Tonga, plantea una agenda para el futuro de la ONU basada en la diplomacia preventiva, la eficiencia institucional, la igualdad soberana de los Estados y una mayor participación de los países pequeños y en desarrollo en las decisiones internacionales.
El Consejo de Seguridad celebró el martes 29 de septiembre su cuarto straw poll, una votación confidencial y no vinculante destinada a medir el respaldo a los aspirantes antes de que el órgano formule su recomendación a la Asamblea General. A-Baki obtuvo en esta última ronda su primer voto favorable desde que se incorporó al proceso, junto con once votos en contra y tres sin opinión. La candidatura afronta una nueva etapa de contactos con los Estados miembros en torno a los principales ejes de su propuesta para Naciones Unidas.
“Naciones Unidas nació después de la Segunda Guerra Mundial para evitar una Tercera Guerra Mundial, y hoy estamos casi a las puertas de una”, advierte A-Baki. “No podemos esperar a que las guerras estallen para reaccionar. El secretario general debe estar donde están los conflictos, hablar con todas las partes y con todas las potencias, incluso cuando no se hablan entre ellas, y utilizar la neutralidad de Naciones Unidas para sentarlas a la misma mesa. Prevenir la guerra tiene que volver a ser la primera misión de la ONU”.
Cinco prioridades
La propuesta de A-Baki se articula en torno a cinco ámbitos: 1) el refuerzo de la diplomacia preventiva y la mediación; 2) la disciplina fiscal y la eficiencia operativa; 3) una mayor participación de los pequeños Estados y los países en desarrollo; 4) la defensa de la dignidad humana y una gobernanza ética de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial; y 5) una mayor rendición de cuentas basada en resultados medibles.
En materia medioambiental, la candidata defiende que conservación y desarrollo económico no deben plantearse como objetivos contrapuestos. Durante su trayectoria diplomática participó en la promoción internacional del canje de deuda por naturaleza de las Islas Galápagos (Ecuador), una operación destinada a generar financiación a largo plazo para la conservación marina.
La candidatura pretende así conectar la experiencia de Ecuador en la Amazonía y Galápagos con las prioridades de los pequeños Estados insulares del Pacífico, para los que el cambio climático, los océanos, la financiación y el desarrollo económico forman parte de una misma agenda.
“No aspiro a este cargo para preservar las Naciones Unidas exactamente como son”, afirma A-Baki. “Aspiro a él porque creo profundamente en la necesidad de renovar la Organización con eficiencia, integridad y una mirada puesta en aquello en lo que las Naciones Unidas pueden convertirse”.
“La paz no es un discurso. La conservación no es un eslogan. El liderazgo no es un título. Cada uno debe medirse por los resultados y la eficiencia que genera”.
Una candidatura del Pacífico con una agenda global
La candidatura de A-Baki fue presentada formalmente por el Reino de Tonga el pasado 17 de agosto. Su nominación introduce en el proceso una conexión entre América Latina, el mundo árabe y los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo del Pacífico.
Nacida en Ecuador en una familia de origen libanés, A-Baki ha sido embajadora de Ecuador en Estados Unidos, Francia, Mónaco y Qatar, ministra de Estado y presidenta del Parlamento Andino. Su trayectoria profesional se ha desarrollado entre América Latina, Oriente Medio, Europa y América del Norte.
El respaldo de Tonga conecta además con uno de los ejes centrales de su propuesta: incorporar la relación entre océanos, biodiversidad, cambio climático, financiación y desarrollo económico a la agenda de reforma de Naciones Unidas. “Ecuador y Tonga comparten las aguas del Pacífico, que he defendido en buena parte de mi carrera”, señala A-Baki. “El océano no separa a las naciones, las conecta, y los países más expuestos a los desafíos globales no deben permanecer al margen de las decisiones”.
De vivir una guerra a participar en la construcción de la paz
La prevención de conflictos ocupa un lugar central en la candidatura de A-Baki y está vinculada a su propia experiencia personal. Durante la guerra civil libanesa vivió en Beirut con sus hijos y tuvo que refugiarse durante los bombardeos. Años después participó en el proceso que culminó con los acuerdos de paz de 1998 entre Ecuador y Perú.
Esa experiencia sustenta una de sus principales propuestas para Naciones Unidas: reforzar la diplomacia preventiva y recuperar una Secretaría General con mayor presencia sobre el terreno, capaz de intervenir diplomáticamente antes de que las crisis desemboquen en conflictos abiertos.
A-Baki defiende que quien dirija la ONU debe mantener una interlocución directa con las partes enfrentadas y estar dispuesto a desplazarse a los escenarios de conflicto. En una entrevista concedida esta semana a RTVE, citó expresamente Sudán, Gaza, Israel, Ucrania y Rusia como lugares en los que buscaría hablar directamente con sus líderes para tratar de acercar posiciones.
Una Secretaría General capaz de hablar con todos
Ese planteamiento se extiende a las relaciones entre las grandes potencias. A-Baki sostiene que el secretario general debe preservar canales de interlocución con Washington, Pekín y Moscú incluso cuando sus gobiernos mantengan posiciones enfrentadas, evitando que Naciones Unidas sea percibida como alineada con un determinado bloque geopolítico.
La diplomática conoce al presidente estadounidense Donald Trump desde 1998, cuando ejercía como embajadora de Ecuador en Washington, y asegura mantener una buena relación con él y su familia. También ha trabajado con administraciones estadounidenses de distinto signo político.
Para A-Baki, esas relaciones personales no deben traducirse en alineamiento, sino en capacidad de interlocución. Su propuesta atribuye al secretario general un papel de mediador y facilitador capaz de mantener abiertas simultáneamente las vías de diálogo entre potencias rivales.
Una ONU sometida a resultados
La reforma interna constituye otro de los ejes de su candidatura. A-Baki sostiene que Naciones Unidas necesita recuperar la confianza de sus Estados miembros mediante una organización más eficiente y menos burocrática. Su propuesta contempla revisar periódicamente programas y mandatos, establecer objetivos medibles, reforzar los mecanismos de auditoría y reducir las duplicidades entre organismos y estructuras de Naciones Unidas. Bajo ese principio, los programas que no acrediten resultados o no superen los mecanismos de evaluación deberían ser revisados y reformados, integrados en otras estructuras cuando existan duplicidades o, cuando corresponda, suprimidos.
Modernizar la ONU para una nueva generación
La candidata considera incorporar a los jóvenes no únicamente como destinatarios de las políticas de Naciones Unidas, sino como interlocutores en las decisiones que determinarán especialmente su futuro, desde la inteligencia artificial y el empleo hasta el cambio climático, los conflictos y la transformación del sistema multilateral.La modernización de la ONU, según esta visión, debe abarcar tanto sus estructuras internas como su capacidad para explicar qué hace, escuchar a nuevas generaciones y demostrar mediante resultados concretos su relevancia en la vida de las personas.


