La deuda privada se consolida como una alternativa estratégica para los inversores institucionales de fondos y la banca privada que pretendan proteger sus carteras de la volatilidad que caracterizará los mercados en 2026, según ha señalado Luca Morra, director ejecutivo de desarrollo comercial de BSP (Benefit Street Partners).
Morra ha explicado este miércoles en un encuentro con la prensa que, de la volatilidad actual, surgen las «situaciones especiales» en las que se permite identificar «empresas de calidad» que atraviesan momentos de «estrés temporal» y necesitan nuevas soluciones de capital para reestructurarse, sin necesidad de que éstas se detecten en un contexto de crisis financiera.
El directivo de BSP, brazo de crédito alternativo de Franklin Templeton, ha expresado que la deuda privada ofrece un perfil de riesgo-retorno más predecible que el que ofrece el capital riesgo.
«Lo único que haces es financiar a una empresa (…) y lo que quieres es sacar el interés, el cupón, y que después de unos años te devuelvan el capital», explica Morra.
Los grandes gestores de fondos han comenzado a invertir en empresas de menor tamaño
Según expone, este tipo de activo se beneficia de tipos de interés variables, lo que da a los inversores una protección contra las fluctuaciones de tipos y unos pagos que se encuentran entre el 7 % y el 9 %.
Por otro lado, el financiero indica que los grandes gestores han comenzado a invertir en empresas de menor tamaño, apodadas como lower mid-market, en las que la oportunidad de inversión es tres veces mayor en volumen de operaciones que el mercado de grandes compañías.
Morra destaca que estas «pequeñas y medianas empresas pertenecen a un ámbito regional» por lo que Europa se convierte en un mercado muy atractivo para las gestoras que busquen diversificar su cartera de inversión.
Por último, el economista ha destacado el cambio de paradigma que 2026 traerá, en el que mientras antes el mercado premiaba la iliquidez, ahora los inversores ven una ventaja en activos que ofrezcan «ventanas de salida ágiles» a través de préstamos respaldados por bancos que permiten recuperar el efectivo entre 25 y 30 días.
«Invertir una parte de la cartera en activos semilíquidos permite gestionar volatilidades como la covid-19, la guerra en Ucrania o la caída de los mercados públicos sin comprometer la estrategia a largo plazo», ha concluido el responsable de BSP.


