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La escoliosis, genética y sin prevención

A diferencia de lo que se ha pensado durante años, recientes investigaciones han demostrado que la escoliosis no puede prevenirse, ya que viene determinada por los genes y se trata más de una característica estética que de una enfermedad, tal y como afirma un experto en dolencias de la espalda.

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En un comunicado, el director de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE), Francisco Kovacs, ha analizado los últimos estudios sobre la escoliosis idiopática, que representan el 90 % de los casos de esta patología que se caracteriza por una desviación involuntaria e irreductible de la columna vertebral.

La escoliosis primaria o idiopática aparece durante el desarrollo del niño o del adolescente sano sin más anomalía que la propia desviación de la columna, una desviación suele dejar de progresar al terminar el crecimiento óseo, que en el caso de las niñas sucede poco después de la aparición de la menstruación.

«Hace 50 años era considerada como una enfermedad porque se creía que condicionaba la vida de quien la padecía. Hoy en día se sabe que, en la inmensa mayoría de los casos, sólo supone una característica estética personal, como ser rubio o moreno, que no causa dolor, no conlleva ningún riesgo y tampoco empeora la calidad de vida presente o futura», asegura el también responsable de la Unidad de Espalda Kovacs del Hospital Universitario Moncloa.

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Kovacs mantiene que la escoliosis viene determinada esencialmente por los genes y que, a pesar de que puede reducirse su progresión, las investigaciones sobre la materia apuntan a que no puede prevenirse su aparición, aunque durante décadas se haya relacionado con las malas posturas.

Este experto en dolencias de espalda explica que antiguamente se creía que la escoliosis podía causar dolor, problemas cardíacos o respiratorios (por alterar la posición del corazón o dificultar la expansión de la caja torácica en los casos de curvas dorsales importantes), o aumentar el riesgo de peor calidad de vida durante la edad adulta.

Sin embargo, «los estudios científicos más rigurosos han demostrado que esas asunciones eran erróneas y cuestionan que la escoliosis idiopática suponga algo más que una característica estética».

«Esa característica estética no supone en sí misma ningún problema para los adolescentes (incluyendo a aquellos con escoliosis de más de 40 grados) hasta que, una vez diagnosticada, se les presenta como una enfermedad, se les plantean tratamientos molestos y el seguimiento comienza a interferir en su vida diaria», advierte Kovacs.

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Ha apuntado que, a pesar de que el ejercicio físico es recomendable tanto para las personas con escoliosis como para la población general, ya que reduce el riesgo de que aparezcan episodios de dolor de espalda, «existen dudas sobre la efectividad de la realización de programas de ejercicio específico orientados a reducir la progresión o corregir la curva escoliótica».

Por eso, concluye Kovacs, la operación -que es el único procedimiento que ha demostrado poder corregir la escoliosis- sólo conllevaría cambios apreciables en la imagen que el adolescente tiene de su propio cuerpo.