La soledad forma parte de la realidad cotidiana de una proporción importante de las personas mayores. El 58,3% de la población general de 65 años o más que vive en sus casas reconoce sentirse sola con alguna frecuencia, mientras que en las personas que viven en residencias, el porcentaje que declara sentirse solo con alguna frecuencia se sitúa en el 46%, 12 puntos porcentuales por debajo, según el estudio poblacional Salud y soledad en personas mayores, impulsado por la Fundación IDIS y realizado por Sigma Dos, que analiza y compara la situación de las personas mayores que viven en sus domicilios y de las personas que viven en residencias.
El estudio poblacional fue presentado durante la jornada ‘Salud y Soledad no deseada: dando voz a nuestros mayores’, organizada por la Fundación IDIS en Madrid. La inauguración estuvo a cargo del director general de Atención al Mayor y a la Dependencia de la Comunidad de Madrid, Óscar Álvarez, y de Nacho Vivas, vicepresidente de la Fundación IDIS, quien explicó que “el envejecimiento de la población hace cada vez más necesario superar las fronteras tradicionales entre lo sanitario y lo social, y tender a modelos más coordinados entre los diferentes niveles asistenciales, los servicios sociales, las residencias, la atención domiciliaria y las familias”.
La presentación del informe Salud y soledad en personas mayores corrió a cargo de Marta Villanueva, directora general de la Fundación IDIS, y de Rosa Díaz, directora general de Sigma Dos. El estudio se ha realizado entre 1.101 personas de 65 años o más residentes en España, de las que 801 pertenecen a población general y 300 viven en residencias. El trabajo de campo se llevó a cabo durante julio de 2026.
Los datos de la encuesta reflejan los niveles de soledad cuando se utiliza la escala de Jong Gierveld, estándar estadístico para analizar los grados de soledad. En una escala de 0 a 11, la puntuación media en lo que respecta al índice de soledad global es de 4,2 entre la población general y de 4,3 entre quienes viven en residencias, lo que en ambos casos corresponde a un nivel de soledad moderado y sin diferencias significativas entre los grupos. El estudio sí identifica diferencias en sus componentes: la soledad social tiene un mayor peso entre la población general, mientras que la emocional es superior entre quienes viven en residencias.
La edad, el género y la situación personal aparecen asimismo estrechamente relacionados con este fenómeno. La prevalencia de soledad aumenta con la edad, es mayor entre las mujeres y resulta significativamente superior entre las personas viudas o divorciadas. Unos factores que deben tenerse especialmente en cuenta al interpretar los resultados, ya que la población que vive en residencias presenta una edad media aproximadamente 12 años superior, una mayor presencia de mujeres y una proporción más elevada de personas viudas.
“La percepción de la soledad es crucial a la hora de determinar cómo se encuentra una persona. Hay veces que, rodeado de gente, te puedes sentir muy solo, pero estudios como este ayudan a tener una perspectiva de todo lo que podemos hacer para evitar la soledad, incluyendo servicios sociosanitarios, Administraciones y familias, entre otros”, expuso la directora general del IDIS, Marta Villanueva.
Amplio reconocimiento del papel de los servicios sociosanitarios
El informe constata un elevado consenso sobre la importancia de disponer de recursos que ayuden a combatir la soledad. El 79,7% de la población general y el 75,6% de quienes viven en residencias conceden mucha o máxima importancia a los servicios sociosanitarios, entre los que se incluyen la ayuda a domicilio, la teleasistencia, los centros de día y las residencias. La percepción sobre cuáles resultan más eficaces varía, sin embargo, según la experiencia de cada grupo. Entre la población general, los centros de día y clubes de convivencia son el recurso más señalado. Por su parte, el 60,3% de las personas que viven en residencias considera que estos centros son el servicio social más eficaz para evitar la soledad.
Además, cerca de siete de cada diez residentes —el 67,6%— considera que vivir en una residencia ayuda totalmente o en gran medida a reducir la sensación de soledad y facilita las relaciones y la convivencia. Entre los aspectos que mayor beneficio aportan destacan la convivencia diaria con otras personas y las actividades lúdicas, talleres y terapias grupales, señalados ambos por el 48,3% de quienes viven en estos centros.
“Los resultados reflejan una percepción positiva de la vida en residencia, donde la convivencia, la socialización y la atención personalizada pueden ayudar a combatir la soledad y favorecer el bienestar de las personas mayores”, explicó la directora general de Sigma Dos, Rasa Díaz.
Los resultados ponen también de manifiesto la importancia de las relaciones personales. En ambos grupos, las personas mayores se muestran satisfechas con sus amistades y relaciones, con puntuaciones superiores a 7 sobre 10, aunque la valoración es ligeramente mayor entre quienes viven en residencias. También existen diferencias en determinadas formas de contacto social. El 69,3% de las personas que viven en residencias afirma que siempre recibe llamadas de otras personas para hablar con ellas y saber cómo se encuentran, frente al 25,8% de la población general.
En la dimensión relacional se refleja también el contacto con la familia, que compone un elemento importante. Entre quienes tienen hijos, el 77,6% de las personas que viven en residencias mantienen con ellos un contacto semanal, frente al 69% de la población general. El contacto semanal con los nietos también es más frecuente entre los residentes: 42% frente al 35,5%.
El estudio ha analizado también el sentimiento de soledad no deseada en las personas mayores, teniendo en cuenta que implica sentirse solo siempre, casi siempre o bastantes veces. De hecho, en su definición clásica, se refiere a la experiencia de sentirse aislado o carente de apoyo emocional, incluso estando en contacto con otras personas.
Retos de la longevidad
Tras la presentación del estudio, se celebró una mesa redonda para debatir sobre los retos sociales de la longevidad, en la que participaron expertos como Pedro Cano, director general de la Gent Gran en la Generalitat de Catalunya, Conchita García Alonso, directora general de Valdeluz Mayores, Miguel de la Fuente, director de Investigación y Análisis de Sigma Dos, y Elena Urdaneta, directora de la Unidad Territorial III de San Juan de Dios España. Además de la soledad, se abordaron retos como la transformación de los modelos familiares y de cuidados, la brecha digital, la dependencia, y la adaptación del sistema sanitario a las enfermedades crónicas, entre otros.
Para cerrar la jornada, Adolfo Fernández-Valmayor, secretario general de la Fundación IDIS, aseguró que “conseguir que el llamado envejecimiento saludable sea una realidad y luchar contra la soledad es algo que le debemos a nuestros mayores. Para lograrlo, requerimos de un esfuerzo en prevención, detección temprana y coordinación”.


