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La verdad sobre el «calvario» del abogado que tumbó a la banca

La verdad sobre el «calvario» del abogado que tumbó a la banca

16 junio, 2017
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Actualizado: 16 junio, 2017 19:13
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Dionisio Moreno no vive ahora en la indigencia, un episodio que sí vivió durante su odisea judicial contra los desahucios. Su caso fue el primero en llegar a Bruselas y ganar a un sistema donde el Gobierno tuvo que cambiar la normativa.

En un artículo periodístico se dijo que Moreno vivía casi en la indigencia, pero en realidad no es así. Su verdadera historia la cuenta en una carta abierta recogida por Intereconomia.com. En primer lugar asegura que el artículo se publicó en un digital sin su consentimiento, y cuenta además cómo fue su «calvario colegial» al que estado sometido durante los últimos años por «el impago de cuotas colegiales».

Sin casi medios, por su cuenta y riesgo Moreno se ha dedicado a defender el tema de los desahucios. Según relata no era por ser el más «machote» sino porque no había para más. Antes de saltar a la fama de los medios tras la histórica sentencia de Bruselas, Dionisio Moreno señala que estaba pasando una mala época cuando cayó en sus manos el caso de Mohammed Aziz. Se lo había conseguido su ahora fallecido padre, un asunto que pensó que le daría de comer, un asunto que no era «nada» en aquella época ya que no daba trabajo porque siempre se perdía cuando se defendía al deudor y no se cobraba porque el cliente no tenía dinero.

Dionisio Moreno junto a Mohammed Aziz en una entrevista en RAC1

De hecho, apunta que era «tema que nadie quería». En este sentido, ha señalado que no contaba con la fuente de ingresos del turno de oficio. «De este tema, ¿qué iba a cobrar?», reflexiona. No obstante, aceptó el caso a pesar de deber cuatro cuotas hipotecarias -motivo que alegaba la banca para iniciar los trámites de la ejecución-, le quisieron cortar la luz, el agua y el gas. Fue la época donde vivió en la «indigencia» y no ahora.

Dionisio Moreno pide irónicamente un monumento a la vanidad y soberbia del banco que estaba encantado de ir al TJUE

Con ironía apunta que tuvo la suerte de «acertar» con un argumento para defender a los deudores hipotecarios, «aunque por lo que parece todo el mundo la conocía». En este sentido ha agradecido la inmensa fortuna de que le tocara al juez José María Fernández Seijo en su caso, ya que supo ver el tema y focalizar la cuestión prejudicial que si no la presentaba él, ya se presentaría en el Supremo. «Y tuve la inmensa suerte de que el abogado del ejecutante nunca quisiera negociar nada, porque pensaba que iba a ganar como siempre, como ganan los ricos sin empezar la partida sólo porque son…. ricos», ha destacado. En este sentido, cree oportuno hacer un monumento «a la vanidad y la soberbia del banco que estaba encantado de ir al TJUE, porque pensaban que allí razonan como aquí». Antes del histórico fallo, Dionisio Moreno no tenía dinero, el asunto de Aziz le ocupa todo el tiempo y con cuatro temas pelaos que le daban algo de comer.

A los impagos de la hipoteca, la mutua -que la necesitaba porque tenía una «rodilla jodida»-, comer pan con pan se sumaron los impagos de las cuotas del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona, que en vez de ocuparse de qué le pasaba a su colegiado desde noviembre de 1994 y sin haber fallado una sola vez, le dio de baja sin más explicaciones «porque para la Junta de Gobierno del Colegio de Barcelona es más importante que se paguen las cuotas de su estructura, que la salud, el trabajo y el estado de sus colegiados». «Los Colegiados de Barcelona no necesitan un palacio para ejercer, pero a la Junta le mola mucho colgar sus cuadros como si fuera el Prado», apunta con sorna.

Dionisio Moreno estaba en la indigencia cuando le llegó el caso de Aziz, pero el ICA de Barcelona le dio de baja por impago

Así explica que la defensa de Aziz se llevó el poco dinero que ganaba. 400 euros volaron en fotocopias y envíos a Luxemburgo. «Y en el viaje entre avión a París, coche de alquiler con ciática y cama en un Chino, el resto, y sin ganar nada de nada». En este sentido cree que sólo ganó la «honra de levantar un asunto que no tenía solución para su cliente, pero sí para muchos otros anónimos».

Su histórica sentencia cambió las condiciones de la banca y obligó al Gobierno a modificar la ley. Aziz pudo conservar su casa, pero el ICAB le desahució. «Esto es España. Así que he sido un “intruso” de esos que quiere perseguir algunas candidaturas», añade. «Yo prefiero llamarme “foragido” (mola más), que tiene recompensa: igual me entrego para que me la den y ayude a alguien a llegar a final de mes», ha apuntado, al tiempo que ha tenido que soportar ahora los insultos de otros «colegiados», como «farsante, estafador y otras lindezas».

El palacete del ICAB en la ciudad de Barcelona, frente a la Delegación del Gobierno en la Ciudad Condal

«La Junta del Colegio de Abogados de Barcelona me quitó los zapatos de “colegiado” pero yo he seguido caminando como abogado, en silencio, sin hacer ruido y con la compañía de los más allegados que no cito porque ellos ya saben quiénes son y a los que su “cuota” de amistad y compañerismo no podré pagarla nunca», les responde.

«Ahora sólo quiero que me restituyan desde la Junta del ICAB o desde la sala de estar del Sr. Kill Bill ICAB mi honor anulando la decisión injusta, exagerada e interesada de darme de baja de mi medio de vida desde que la tomaron hasta que me la devuelvan», prosigue, mientras evita ser definido como «mártir» o «héroe».

Asimismo, deja un recado para aquellos que le critican: «Seguro que conocemos casos de compañeros que han dejado la profesión por el tema económico o por mala suerte. No todos hemos heredado un despacho con secretaria y cartera de clientes». «Algunos de nosotros no tendremos dinero, pero sí temas que nos sobran y nos quitan tiempo de calidad. Tenemos clientes que se quejan que no los atendemos mientras a cien metros otro compañer@ espera que alguien le llame a la puerta», ha apuntado.

Dionisio Moreno tuvo que soportar insultos de otros colegiados. «Estafador», le llamaron

«A esta profesión le falta calidad de vida y justicia para sí misma y le sobra algo de vanidad y codicia. El abogado triunfador no es el que gana “pasta”, sino el que consigue que la justicia mire la balanza y se deje de espadas», ha considerado.

«Quizá los Colegios regulen la profesión, pero parecen más mecanismos de control institucional que la casa de sus colegiados. ¿Cuántos han tenido que ir a juicio o hacer escritos de plazo enfermos o desatendiendo obligaciones familiares?. ¿Cuántos no se han podido jubilar porque la pensión no le llega para vivir dignamente?. Aquí no hay “rescate colegial” ni “amnistía de cuotas”. Eso es para los clientes bancarios de los despachos con palco en los estadios«, prosigue en su carta. «Donde no llegan los Colegios -continúa- que lleguen los abogados con conciencia, humildad y solidaridad entre todos. Sin egos ni “medallismos”. Esto no es una carrera de fondo ni una ristra de títulos. Yo por no colgar no tengo ni el de la licenciatura. Y pueden pedir certificados, que ese lo tengo».

«La justicia no tiene dueños ni derechos de propiedad intelectual. La justicia necesita abogados, y los abogados necesitan personas, paguen o no sus cuotas colegiales, que vivan dignamente de su trabajo y que lo desarrollen con libertad económica», ha indicado. «Si tienes libertad, puedes ser justo. Y si eres justo harás bien tu trabajo», ha argumentado.

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