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Marc Clotet rueda «El jugador de ajedrez»:Por un hijo se sobrevive sin sangre

Marc Clotet rueda «El jugador de ajedrez»:Por un hijo se sobrevive sin sangre

06 junio, 2016
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Actualizado: 06 junio, 2016 0:00
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Alicia G. Arribas.

Gran Canaria, 6 jun.- Marc Clotet, protagonista de «El jugador de ajedrez», que rueda estos días en la isla de Gran Canaria sus últimas secuencias, ha explicado a Efe en un receso del rodaje que la película muestra «cuánto puede aguantar un hombre normal a quien la vida le lleva a vivir situaciones inhumanas, y sobrevivir».

«Esta película es una historia de supervivencia, de amor, de nunca tirar la toalla y de aguantar, porque mañana puede ser un día mejor y porque, por el amor de una hija, te tienes que mantener con vida hasta el último momento: hasta sin sangre tienes que seguir vivo», explica vehemente el actor en una entrevista con Efe.

Es algo tan común hoy, dice Clotet, «como que lo vemos a diario en los refugiados que entran en Europa en unas condiciones pésimas y sobreviven».

El actor catalán atiende a la prensa vestido sólo con un albornoz blanco con el que se cubre tras rodar hoy una durísima escena en la que, desnudo y retenido en un calabozo de apenas tres metros, sufre las torturas del ejercito nazi, un episodio que cronológicamente corresponde a la mitad del metraje.

«Le hemos vuelto loco, porque tan pronto le pedíamos que estuviera muy feliz con su mujer y su hija, como sufriendo torturas, pero es un gran actor», asegura el director de la cinta, Luis Oliveros, que espera tener montada y lista para estrenar en el mes de noviembre.

Producida por Tornasol, la película está basada en la novela del mismo título de Julio Castedo, quien ha participado en el rodaje.

Cuenta la vida de Diego Padilla, un jugador de ajedrez a quien su padre inicia en la pasión del juego «hasta que acaba siendo campeón de España», apunta Clotet.

Y esa actividad «le acaba configurando también su personalidad, su forma de pensar, y se vuelve un estratega de la vida. Cada día se convierte en una partida de ajedrez en la que uno no pierde hasta que le dan el jaque mate, pero antes -reflexiona- hay que analizar todas las opciones y no darse nunca por vencido».

Es también una historia de amor insólita, añade el director, que vira del romance del ajedrecista y su esposa, una periodista francesa, al amor hacia la hija.

En la Francia nazi el español es detenido acusado de comunista; en la prisión -recreada en el antiguo cuartel Manuel Lois de Gran Canaria, cuyos viejos depósitos de armas empotrados en la montaña cortada se convierten en la temida cárcel- intenta sobrevivir valiéndose del interés que despierta en un coronel nazi, aficionado al ajedrez.

Oliveros, que ha rodado en Budapest las escenas que ocurren en las calles de París y Madrid en los años treinta, eligió este impresionante cuartel de la isla grancanaria, un «escenario natural» que «ni se imaginaba» que existía y que les permite «prácticamente rodar cada día en un decorado».

Al director, que le apasionan las «pequeñas historias de amor que se cuentan desde los grandes momentos de la historia», ya se sumergió en su anterior largometraje «El Ángel de Budapest» (2011) en la Gran Guerra.

Si en aquella contaba la historia de Ángel Sanz Briz, diplomático español que salvó a miles de judíos de morir en el Holocausto nazi, en esta habla de «una persona normal que, cuando se ve envuelta en un conflicto, empieza a tirar del amor, de su afición al ajedrez y de lo que sea para intentar salir adelante».

«Cualquier conflicto bélico te lleva a pensar que, si tu no te sitúas en un bando, no te va a pasar nada; pero es mentira, una guerra le afecta a cualquiera, nos afecta a todos», resume el director, quien reconoce que «esto es un drama», pero advierte: «Aquí se llora de emoción y de alegría».

Por su parte, Clotet, que adelgazó nueve kilos para dar credibilidad a un personaje hambriento al que vemos entre 1934 y 1944, de la Guerra Civil española a la II Guerra Mundial, «sueña» con hincarle el diente a «una paella».

«Y a un plato jamón», remata el catalán con una gran sonrisa, entre los tiznones de su cara y sus manos de preso torturado. EFE

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