La geoestrategia vuelve a situarse en el centro del análisis económico global en un momento marcado por el aumento de las tensiones internacionales. El conflicto en Oriente Medio ha entrado en una fase más crítica tras los ataques a infraestructuras energéticas clave, elevando la incertidumbre y sus posibles efectos sobre la economía mundial, como ha analizado el equipo de Bankinter.
En los últimos días, Israel ha atacado el yacimiento gasístico de South Pars, el mayor del mundo y pieza fundamental del suministro energético iraní. Como respuesta, Irán ha lanzado ofensivas contra instalaciones estratégicas en el Golfo, incluyendo el complejo de Ras Laffan en Catar, uno de los principales centros de exportación de gas natural licuado a nivel global. Esta dinámica ha situado a las infraestructuras energéticas en el epicentro del conflicto, con un impacto directo sobre los precios del petróleo y el gas.
La tensión ha aumentado aún más tras el ultimátum de Estados Unidos a Irán para garantizar la reapertura del Estrecho de Ormuz, una vía crítica por la que transita una parte esencial del comercio energético mundial. Teherán ha advertido que podría bloquear completamente el paso si se intensifican los ataques, lo que agravaría la crisis energética global.
La interrupción del suministro de las infraestructuras energéticas ya está impulsando subidas en los precios del crudo
En paralelo, crece el riesgo de una implicación militar más directa. El despliegue de fuerzas estadounidenses en la región y la posibilidad de operaciones estratégicas sobre enclaves clave como la isla de Kharg reflejan un escenario de escalada progresiva. Mientras tanto, varios países occidentales ya contemplan intervenir para garantizar la seguridad del tránsito marítimo en la zona.
Este contexto también tiene implicaciones geopolíticas más amplias. El retraso en las negociaciones entre Estados Unidos y China apunta a que Washington podría buscar reforzar su posición energética global antes de abordar acuerdos estratégicos, especialmente en materia de recursos críticos.
Desde el punto de vista económico, el impacto potencial es significativo. La interrupción del suministro energético ya está impulsando subidas en los precios del crudo, con riesgos de alcanzar niveles extremos si el conflicto se prolonga. Esto podría traducirse en un repunte de la inflación, menor crecimiento económico y una mayor volatilidad en los mercados financieros.
En este escenario, organismos como la Agencia Internacional de la Energía estudian nuevas liberaciones de reservas estratégicas para estabilizar el mercado. Sin embargo, los expertos advierten de que la recuperación de los niveles normales de producción podría tardar meses, lo que prolongaría la presión sobre la economía global.
En definitiva, la evolución de este conflicto no solo redefine el equilibrio geopolítico en la región, sino que también se perfila como uno de los principales factores de riesgo para los mercados en 2026.


