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El líder de Podemos y vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias y su pareja y ministra de Igualdad, Irene Montero./EFE

Pablo Iglesias, Irene Montero y sus tres hijos, confinados en 2.300 metros cuadrados, con piscina y jardín

La nueva élite política de la que ahora forma parte Pablo Iglesias vive de una forma muy privilegiada la crisis del coronavirus, que ha costado ya más de 20.000 muertos, más de 200.000 contagiados y una población encerrada en sus casas. No respetan la cuarentena, se saltan el confinamiento, cuando tienen que ser ingresados lo hacen en clínicas privadas, cuando tienen que recuperarse, en estancias oficiales… hacen y deshacen a su antojo escudándose en el estado de alarma y cuando tiene que estar en sus casas, sus privilegiadas mansiones invitan a refugiarse del COVID-19 tras sus muros. Tienen donde pasear y jugar con sus hijos sin que nadie les moleste.

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Y es que mientras millones de ciudadanos viven su confinamiento en casas de menos de 60 metros cuadrados, él, sí él, Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos que gobierna en coalición con el PSOE, el anticasta, disfruta, junto a su pareja Irene Montero, ministra de Igualdad, de una mansión situada en una parcela de 2.300 metros cuadrados, con piscina y jardines, en Galapagar, en la sierra norte de Madrid, donde pasear a sus tres hijos, sin tenerlos encerrados, como el resto de la población en soluciones habitacionales de colmena, con un solo cuarto de baño.

Pero eso, como dice Iglesias en sede parlamentaria, es “cuestión de suerte”, porque él la tiene, y mucha… aunque a lo mejor su privilegiada situación es por cobrar numerosos sueldos públicos, por obtener una hipoteca en condiciones ventajosas de la Caja de Ingenieros catalana, por un precio pagado del que dudan muchos expertos inmobiliarios, por tener seguridad en la puerta de su casa sin abonar un euro, porque de eso ya se encarga la Guardia Civil, que paga con sus impuestos los que viven en casas de 60 metros cuadrados. Suerte es que te toque la lotería… esto se llama otra cosa, tan simple, como casta, casta política, un nuevo tipo de casta que ha venido, si nadie lo remedia con su voto en las elecciones, para quedarse, perdurar en el tiempo y vivir de lo público a costa del bolsillo y del trabajo de todos los ciudadanos de a pie.

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