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¿Qué personas son tendentes a padecer un ictus?

Patricia Alonso-Fernández, directora del Hospital Casaverde de neurorrehabilitación en Navalcarnero, nos responde alguna de las preguntas clave sobre el ictus.

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¿Qué es un ictus?

«Un ictus o accidente cerebrovascular es la alteración brusca en la circulación de la sangre que llega al cerebro.

Pueden ser ocasionados por la disminución en el flujo sanguíneo, que es lo que da lugar a lo que llamamos ictus isquémicos, que son los más frecuentes (80%), o bien por la rotura de un vaso sanguíneo originando los denominados ictus hemorrágicos (con mayor tasa de mortalidad inicial, pero mejor pronóstico funcional a medio plazo).

En ambos casos la consecuencia es la misma: la muerte de las células del cerebro, las neuronas, de una determinada zona del cerebro».

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¿Qué lo provoca?

«Dependiendo del tipo de ictus, las causas son diferentes. Los ictus isquémicos se producen porque algo, habitualmente un trombo, que puede producirse en el propio vaso del cerebro o bien a distancia (generalmente en el corazón)y se desplaza hasta al cerebro, bloquea el paso de sangre en el vaso sanguíneo. Sin embargo, en otras ocasiones, menos frecuentemente, se producen porque, como consecuencia de una bajada importante de la presión sanguínea (por una hemorragia masiva, por una parada cardíaca o una arritmia muy severa), no llegando sangre suficiente al cerebro.

En el caso de los ictus hemorrágicos, éstos se producen habitualmente por rotura de un vaso profundo del cerebro, deteriorado como consecuencia del envejecimiento y la hipertensión. En otras ocasiones, con menor frecuencia, lo que se produce es la rotura de un aneurisma o malformación vascular. La gravedad de los ictus hemorrágicos está derivada no sólo de la lesión local en la zona del sangrado, sino que, como consecuencia del aumento de la presión dentro del cráneo se afecta todo el cerebro, lo que puede comprometer la vida del enfermo».

¿Qué personas son tendentes a padecer un ictus?

«En general lo que subyace de fondo suelen ser los llamados factores de riesgo cardiovascular, algunos de ellos modificables, como la hipertensión arterial, los niveles elevados de colesterol o triglicéridos en la sangre, la diabetes o el consumo de alcohol o tabaco, y otros no modificables, como la edad, el sexo (más frecuente en hombres) o determinadas razas. Así mismo, otro riesgo importante es el que viene derivado de las enfermedades cardiacas, especialmente las arritmias».

¿Qué estilo de vida hay que evitar para no sufrir un ictus? ¿Qué hábitos de vida saludable debemos tener para no sufrir un ictus?

«En general es importante mantener unos hábitos de vida saludables. Eso incluye mantener una dieta equilibrada, evitando el consumo excesivo de sal, azúcares y de grasas animales, la práctica de ejercicio físico de forma regular y evitar el consumo alcohol y tabaco.

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Si realmente consiguiésemos implantar de forma eficaz este estilo de vida, reduciríamos la aparición de accidentes cerebrovasculares, así como otras enfermedades cardiovasculares.

Así mismo, en el caso de pacientes con enfermedades que predisponen a la aparición de los ictus, como es el caso de las arritmias, disponemos de fármacos que van a reducir el riesgo de aparición de trombos. Son los llamados anticoagulantes, que si bien no lo reducen completamente, sí lo hacen de forma importante.

En cualquier caso, si bien la prevención es clave, es importante recordar que ante la aparición de síntomas de estar sufriendo un ictus (desviación de la boca, pérdida de visión, pérdida de la capacidad de hablar o de la movilidad de alguna parte del cuerpo) lo más importante es acudir de forma urgente a un centro sanitario, para que se ponga en marcha el proceso de atención al ictus de la forma más urgente posible. En estos casos la máxima que tenemos que tener en cuenta es que “el tiempo es cerebro”, a mayor rapidez de actuación, menores consecuencias».

¿Cómo se recupera un paciente que ha sufrido un ictus?

«Una vez se ha producido el ictus, la clave para recuperarse al máximo es seguir un programa de rehabilitación neurológica intensivo y altamente especializado, lo que en nuestra experiencia llega a lograr la independencia funcional en casi el 70% de los pacientes.

La rehabilitación que precisa un paciente que ha sufrido un ictus es muy compleja, por lo que la atención multidisciplinar (diferentes disciplinas profesionales con un objetivo común) es fundamental.

En cuanto a las terapias que debe de seguir el enfermo, no podemos hacer recomendaciones terapéuticas estándar. El abordaje debe de ser individualizado, un traje a medida, según las características clínicas del paciente y el momento evolutivo del mismo. De este modo, en algunos pacientes y en algunos momentos de la evolución, será clave reforzar las terapias físicas (fisioterapia y terapia ocupacional), en otros lo será intensificar el tratamiento de los trastornos de la deglución para evitar atragantamientos, mientras que en otros tendrán un mayor peso las terapias cognitivas con el neuropsicólogo, el psicólogo clínico o el logopeda para las alteraciones en el lenguaje. Sólo un abordaje individualizado nos permitirá dar el tratamiento más adecuado a cada paciente y en cada momento de evolución del proceso de recuperación.

Lo que sí es clave es contar con un equipo altamente especializado en rehabilitación neurológica, un ambiente motivador, que permita la inmersión en el proceso de rehabilitación, e intensivo, es decir, que no esté por debajo de las 3 horas de tratamiento rehabilitador multidisciplinar diario».