Todo preparado para revivir la flagelación de los «picaos»

Todo preparado para revivir la flagelación de los «picaos»

23 marzo, 2016
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Actualizado: 23 marzo, 2016 0:00
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Pilar Mazo

Logroño, 23 mar.- La Cofradía de la Santa Vera Cruz de los Disciplinantes de San Vicente de la Sonsierra (La Rioja) tiene todo preparado para revivir el Jueves y Viernes Santo la flagelación de los «picaos», un ritual del que hay constancia en el siglo XVI, aunque se estima que es anterior.

Los «picaos», declarados Fiesta de Interés Turístico Nacional en 2005 y en proceso de declaración como Bien de Interés Cultural de carácter Inmaterial, serán los protagonistas mañana en la Procesión de la Santa Cena y, por la noche, en el interior de la iglesia, durante la Hora Santa; y el Viernes Santo, en el Vía Crucis por el Calvario y en la procesión del Santo Entierro.

El portavoz de la Cofradía de San Vicente, José Ramón Eguiluz, ha explicado a Efe que en Semanas Santas anteriores ha participado una media cercana a la treintena de «picaos», aunque no se puede predecir cuántos lo harán este año hasta su celebración.

Los «picaos» procesionan descalzos y con la cara cubierta, su identidad se conserva en el anonimato, así como el motivo por el que se someten a esta penitencia, aunque suele ser por cumplir una promesa o por conservar la tradición y evitar que se pierda, ya que San Vicente, con un millar de habitantes, es el único pueblo de España en el que se mantiene viva desde el siglo XVI, ha añadido.

Ha recordado que el disciplinante tiene que ser un varón, mayor de edad, católico y, si no es miembro de la Cofradía, debe aportar un certificado de su párroco que acredite su sentido cristiano y su buena fe.

Los «picaos», a quien siempre acompaña un miembro de la Cofradía, realizan su penitencia y, tras arrodillarse ante una de las imágenes, se azotan la espalda, que dejan al descubierto de su hábito blanco, con una madeja de algodón de casi un kilo.

Es el acompañante el que decide cuándo el hematoma que le producen en la espalda los entre 800 y 1.000 azotes que se da durante unos veinte minutos puede «picarse», lo que se hace con una esponja de cera virgen.

Esta esponja está cuajada de seis cristales incrustados de dos en dos, por lo que cada disciplinante recibe cada vez doce pinchazos, lo que permite que brote la sangre para evitar la coagulación; y, después, se lavan las heridas con agua de romero y un bálsamo, cuya fórmula es secreta y se transmite de generación a generación.

Para Eguiluz, los sentimientos de religiosidad ante los «picaos» se mantienen firmes, a pesar de que unas seis mil personas acuden a presenciar este ritual, dado que el silencio solo se rompe con el sonido de la campanilla de once kilos que porta uno de los cofrades y el que produce la madeja de algodón del penitente cuando rasga el aire al azotar su espalda. EFE.

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