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Sombras y algunas luces sobre un barrio granadino que echa chispas

Sombras y algunas luces sobre un barrio granadino que echa chispas

30 enero, 2016
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Actualizado: 30 enero, 2016 0:00
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María Ruiz.

Granada, 30 ene.- El frío que provoca picos de consumo eléctrico pone cada invierno el foco sobre los cortes de suministro que sufre la zona norte de Granada, apagones que la empresa y el Ayuntamiento atribuyen a enganches para cultivar droga y contra los que los vecinos «honrados» piden más empleo y menos subvenciones.

La zona norte de Granada se ha convertido con los años, con las décadas, en el área con mayor desempleo de la capital, una estadística a la que se suman problemas de seguridad o limpieza que marcan a unos vecinos que no logran ver la luz al final del túnel.

El incremento del consumo eléctrico asociado al frío de cada invierno provoca que las viviendas diseminadas en las diferentes barriadas que conforman el distrito norte sufran cortes de luz y apagones recurrentes, averías a las que vecinos, administraciones y la empresa suministradora quieren poner solución, aunque ahí cada uno pone el foco en un punto distinto.

El Ayuntamiento de Granada reactivó esta semana una nueva ronda de contactos para buscar la solución a los continuos cortes de luz que se producen por las plantaciones de marihuana y los enganches ilegales que las alimentan, a la que sumarán a fiscales y jueces.

La presidenta de la Plataforma Zona Norte de Granada, Isabel Salinas, ha detallado a Efe que las reivindicaciones para acabar con los apagones no son nuevas y que ya trataron de combatir ciertas «mafias» hace cuatro años, «pero la cosa ha ido a peor».

Cada mes, la Policía Nacional comunica la detención en esa zona de una, tres o cinco personas acusadas de tráfico de drogas y defraudación de fluido eléctrico, una defraudación que ha convertido el barrio en «una especie de selva eléctrica», como lo ha calificado esta semana el director de la División de Andalucía Oriental de Endesa Distribución, José Luis Pérez Mañas.

«Aquí no somos los del cártel de Medellín y están pagando justos por pecadores, porque hay muchos vecinos honrados, gente que se queda sin luz aunque la paga», ha subrayado Salinas, harta de la unión casi indisoluble que se hace entre el barrio y la droga.

El alcalde granadino, José Torres Hurtado (PP), se acercó el miércoles a la zona para visitar unas obras y aprovechó el tirón de actualidad para pedir más contundencia contra los propietarios de cultivos de droga y que la Junta de Andalucía, propietaria de parte de los bloques, identifique a los inquilinos de cada vivienda.

Pidió al Gobierno andaluz que arroje luz sobre la titularidad de las viviendas, pero también que los vecinos ayuden con denuncias a desterrar el cultivo de droga del barrio.

«Lo que no pueden pretender es que seamos policías, porque somos vecinos, y otros los que cobran para hacer eso. Aquí todo el mundo sabe dónde está el problema, qué pisos están ocupados para cultivar droga y no es cierto que no se pueda arreglar», ha apuntado Salinas, que pide que, «si hace falta, metan al Ejército».

La compañía eléctrica ha explicado que el consumo fraudulento en algunas de estas plantaciones puede ser equiparable para una sola vivienda al que tendría en realidad un bloque de pisos al completo, una demanda de electricidad que quema transformadores y deja a vecinos «legales» sin la luz que pagan.

Endesa mantiene la máxima potencia que puede instalarse en un centro de transformación para una demanda que supera los «umbrales razonables» y que está «muy por encima» de la instalada, por lo que no ven solución técnica «ante un nivel de fraude tan brutal».

La Plataforma de la Zona Norte cree que el problema se ha agravado por falta de actuaciones, a lo que suman altas tasas de paro y pobreza que han atraído el «dinero fácil» de cultivar marihuana, pero insisten en que hay solución.

Salinas ha explicado que la Junta y Endesa pueden afrontar el problema porque la primera sabe qué pisos están ocupados ilegalmente y la empresa conoce quién paga y quién se engancha para defraudar luz y sumir en la oscuridad a sus vecinos.

«Aquí también viven personas honradas y trabajadoras y es una pena que el barrio esté así», sentencia Salinas, que lamenta la «dejadez» que ha provocado que el problema crezca y crezca, y que pide planes reales, «que dejen de echar dinero para que la gente se acostumbre a no trabajar, que les den trabajo y no subvenciones».

Mientras unos y otros buscan soluciones, la droga absorbe la luz que pagan los vecinos a oscuras de un barrio que echa chispas. EFE

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