Terrorismo y Mundial 82 y la mente de jóvenes criminales, en “El Marcapáginas”

Terrorismo y Mundial 82 y la mente de jóvenes criminales, en “El Marcapáginas”

30 octubre, 2023
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Actualizado: 11 enero, 2024 9:57
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En “El Marcapáginas” del sábado 28 de octubre, el filólogo y periodista David Felipe Arranz entrevista a Alberto Ojeda por el original ensayo Cuero contra plomo. Fútbol y sangre en el verano del 82 (Altamarea) con sus dosis de épica, lírica, magia… y terrorismo, a Antonio Soler por su novela diarística Yo que fui un perro (Galaxia Gutenberg), protagonizada por quien se cree el único propietario de los seres con los que comparte su vida sin que él les deba nada, y a Lucrecia Zappi por su valiente novela Deshielo (La Huerta Grande), una indagación en un crimen juvenil del pasado.

Arranz entrevista en el arranque a Alberto Ojeda sobre las variables terrorismo y mundiales que recoge en su espléndido ensayo Cuero contra plomo. Solo una hora después de que culminara la ceremonia inaugural del Mundial 82, ETA asesinaba a un guardia civil en el puerto de Pasajes. La banda había anunciado que no atentaría directamente contra la competición: a ellos también les gustaba el fútbol, decían, aunque quedaba intacto el riesgo de que el escaparate de la recién descorchada democracia española pudiera saltar en añicos. Así, bajo el pánico a una irrupción terrorista, rodó el balón aquel verano. La selección española no dio pie con bola. Fueron nuestros «primos» italianos los que lo bordaron. Nadie se imaginaba que España lograse organizar un Mundial en una época tan convulsa y delicada; nadie tampoco daba una lira porque la azzurra hiciera algo meritorio. Pero el torneo cuajó, en lo logístico y lo deportivo: tuvo épica, lírica y magia.

El equipo del estoico Bearzot levantó la copa en el Bernabéu. Ambos acontecimientos pusieron —de manera más que simbólica— fin a los años de plomo que ensangrentaron a los dos países, los más martirizados de Europa por el terror. El volumen contrasta el cruento devenir histórico de Italia y España en los 70 y primeros 80. Un recorrido repleto de analogías (GRAPO-Brigate Rosse, Moro-Carrero, Piazza Fontana-calle del Correo, Pinelli-Ruano…) e imbricado con la narración de partidos memorables.

Después, Arranz habla con Antonio Soler y cómo elige como forma narrativa el diario de un joven estudiante de medicina en Yo que fui un perro. El eje del diario es su novia. Desde su casa, el futuro médico ve la casa de ella. La terraza, las ventanas por las que asoma y es saludada o ignorada según el punto en que la turbulenta relación se encuentre. Siempre vigilada. Analizada minuciosamente, en cada uno de sus gestos, en sus salidas de casa, sola o con amigas, en cada vestido que se pone, y que provoca ira, celos o complacencia en el protagonista. El diario, al tiempo que recrea el entorno de su autor –la relación velada de su madre con una amiga, sus compañeros, un amigo con ínfulas de escritor y otro atrapado por la droga– va dando paso a la mente de un manipulador, al germen de un maltratador que, basándose en un proceso de falsa lógica, se atribuye derechos que según su opinión se deben a valores universales y que en realidad solo responden a su propio y obsesivo criterio.

David Felipe Arranz entrevista por último a la bonaerense Lucrecia Zappi por Deshielo. Durante una visita a un museo, en Praga, Ana ve su pasado reflejado en un cuadro. Un retrato que le recuerda a Eleonora, una persona a la que  desearía haber olvidado. La única noche en que las dos se encontraron, siendo adolescentes, cometieron un crimen que escandalizó a todo Brasil: prendieron fuego a unos cartones bajos los cuales dormía un indígena. Deshielo narra los hábitos de una élite acostumbrada a trasgredir los limites, pero también aborda el ritual de desafíos propios de las disputas territoriales entre adolescentes, donde el coraje, el prestigio y la sumisión definen el lugar de las personas en el grupo. Reflexiona sobre el proceso de maduración y educación de los jóvenes encarcelados, bajo la implacable vigilancia de la opinión pública y el estigma perpetuo con el que carga un criminal. La novela es también la historia de una amistad improbable y del difícil retorno a la sociedad.

En el apartado de recomendaciones de espectáculos, Arranz propone Forever Van Gogh de Ignasi Vidal, Chevi Muraday y Ara Malikian (Teatro Marquina), La madre de Frankenstein de Carme Portaceli y Almudena Grandes (Centro Dramático Nacional en el Teatro María Guerrero) y Arder y no quemarse de José Padilla y Grumelot Teatro (Teatro Español).

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