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Miedo a no ganar

Semana de nuevos récords y nuevos retos. El gran reto de rentabilizar el ahorro, el reto de devolver todo su glamour al MWC de Barcelona, el reto de meter a España y su economía en la clase de los más listos y aplicados o el reto de descubrir que es cierto y que no en la crisis del virus de Wuhan. Perdón, Covid-2019. 

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A nosotros también, nos encantan los retos pero como todo, en su justa medida, porque el precio de las ortodoncias está por las nubes. Igual que el ánimo de los inversores que se ha recuperado a la velocidad de la luz. El reto, que se convierte en problema, llega cuando te creces, cuando crees que todo lo que tocas se convierte en oro. Ganar, ganar y ganar. Pero ganas porque todos quieren ganar. Entonces, te subes al guindo y disfrutas más acertando que ganando. Y ahí es cuando el problema pasa a convertirse en algo patológico. La bolsa no es una hucha mágica en la que metes 10 y sacas 100, por lo menos no debería serlo, aunque luego te tachen de cenizo y aguafiestas. La bolsa tiene algo que engancha, es indiscutible, pero para eso hay que ganar nunca acertar.

La radio también engancha, y hoy jueves 13 de febrero se celebra el día mundial de la radio. Otro año más. Y van 114 desde que Reginald Aubrey transmitió en 1906 desde una estación de Massachusetts la primea señal radiofónica que receptaron los buques que navegaban por el Océano Atlántico y que era un pasaje de la Biblia y después un popular villancico navideño: “Oh holy night”. Desde entonces su aportación al desarrollo de la historia y a los avances económicos y políticos ha sido indiscutible, como el hecho de que a la radio la han “matado” en numerosas ocasiones. La televisión, después el vídeo y el walkman, y ahora las nuevas tecnologías iban a acabar con ese aparato que no ha faltado ha su cita en las casas de los españoles generación tras generación. Ahora hay cada vez más ordenadores y gadgets y menos transistores, pero siguen haciendo su papel. Informar, entretener y hacer compañía. Es un sector que está en fase de maduración pero también de transformación y precisamente, gracias a las nuevas tecnologías. Sé que la comparación no es brillante, ni demasiado afortunada, más bien oportunista, lo reconozco pero es una industria muy valeu. Valeu de verdad. Valeu del bueno.

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