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Cuesta creer

Javier G. Viviani

Después de una subida de la Bolsa del 30 por ciento desde los mínimos de finales de marzo, dato para el índice estadounidense S&P500, muchos inversores se lamentan ahora de no haber dado el paso antes y entrar en ese mercado ya caro de por sí.

Sabemos de sobra que acertar con el momento del suelo es harto complicado. En la reciente subida son muchos los institucionales que se han quedado fuera. No hicieron caso a Ray Dalio, multimillonario inversor y jefe de Bridgewater cuando dijo eso de que la liquidez era basura.

Estos institucionales, grandes fondos de inversión, de pensiones y de cobertura, ahora dudan si entrar en la Bolsa. Jornada tras jornada han preferido esperar a que se confirmara la tendencia y han perdido el tren del último rally provocado por la recuperación en sectores y empresas más vapuleados. En mayo, esos institucionales prefirieron meter dinero en bonos que en acciones. Puede haber sido peor y haber malvendido, como Warren Buffett con las aerolíneas y poder haber no vuelto a comprar otras cosas. Los que hicieron eso perdieron por dos veces.

Mientras ese dinero no entra lo sigue haciendo el del minorista en empresas en suspensión de pagos o al borde la quiebra. Porcentajes mareantes de subidas en Hertz, un 95 por ciento desde el anuncio; JC Penney, casi un 170 por ciento o lo de esta semana con Chesapeake Energy. Tanto que al rebote lo han bautizado en Wall Street como el de la bancarrota. Una desconexión más y algo que cuesta creer por el riesgo que conlleva. Movimientos de unos y otros que no es de extrañar en un mercado que despista.

Se está descontando casi que la crisis sanitaria ha sido como un pequeño resfriado para la economía mundial. Ojalá sea así pero como sigan las quiebras y resultados peores de lo esperado, los expertos no descartan una fuerte recaída. Se ha inyectado mucha liquidez y se ha puesto en precio que en muchos países, en unos meses la situación económica y las ganancias corporativas serán las mismas que antes de la pandemia. También cuesta creer.