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La fauna de los mercados

Javier G. Viviani

Halcones, palomas, cisnes, osos, toros, gatos, lobos y tiburones. Son algunos ejemplos de vida animal de los que se tira bastante a menudo en la jerga financiera. Sirven para encontrar semejanzas y paralelismos entre el comportamiento de éstos y el de todos los agentes que se mueven en las Bolsas, desde los banqueros centrales hasta el comportamiento de los índices pasando por las figuras que nos dejan los gráficos de los precios de las acciones.

El uso de estas metáforas permite identificar de forma fácil y rápida comportamientos asociando sus características con las que de sobra conocemos de esos animales.

Se suma estos días al ecosistema bursátil un mamífero marino, el más grande todos. La ballena. Con el comportamiento de este cetáceo se ha asociado la jugada que ha hecho en los últimos meses Softbank con las tecnológicas estadounidenses. Es una entidad japonesa que, a pesar de su nombre, no es un banco. Nació como una pequeña tienda de repuestos informáticos hasta convertirse en un holding de empresas que incluye su brazo inversor Vision Fund. Es el que está metiendo el miedo en el cuerpo con sus decisiones. No es un pez, como las ballenas. Para nada es pequeño. Cuenta con potencia de fuego de hasta 100.000 millones de dólares. Desde luego que tiene la sangre caliente, como las ballenas. Hace falta tenerla para hacerse con, al menos, 30.000 millones de dólares en exposición a acciones Big Tech y con 4.000 millones en derivados. Como las ballenas, es de suponer que los gestores de Softbank gocen de un oído excelente. Pero también, como las ballenas, estos fondos se terminan comiendo al pez chico. Puede que pocas veces un símil funcione tan bien.

El movimiento de Softbank ha podido ser utilizado de argumento-causa para justificar la corrección en el Nasdaq y compañía. Muy mal recibido ha sido. Ha pasado lo contrario con la entrada de General Motors en Nikola, fabricante estadounidense de camiones eléctricos. Un gigante, venido a menos, tradicional que apuesta con una empresa que aspira a más. ¿Por qué se castiga lo uno y se premia lo otro? El mercado siempre va a sospechar más de los movimientos de un actor financiero que de los que haga uno de lo que quede de la economía real.