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Paranoia intangible

Javier G. Viviani

Hemos conocido estos días los resultados de la última encuesta a gestores que realiza todos los meses Bank of America. Contestan en ella los profesionales de la inversión a la pregunta de cuáles están siendo sus operativas favoritas en el presente. Sin novedades en la primera. Sigue siendo comprar tecnología.

Lo ha sido en siete de los nueves meses que llevamos de año. La corrección de principios de septiembre no les ha alterado lo más mínimo. Más aún, el porcentaje de gestores que se pone largo en tecnología es el más alto de la historia. Y eso ha invitado a Michael Hartnett, director de inversiones de BofA a titular su último informe con un “Paranoia tecnológica”. Tensión, ansiedad, miedo, desconfianza y fatiga. Son algunos de los síntomas de la paranoia. La primera la experimenta el pequeño inversor por la acción de fuerzas más grandes, el mercado, que lo atraen. Aunque no esté convencido de ello. La ansia salta a la vista.

Ese deseo intenso de tener algo sea cual sea su precio. Miedo a perderse lo mejor. Desconfianza. Ciega en este caso. Compro algo porque no confío en lo otro. Fatiga. Por la preocupación constante del hasta dónde llegará esto. Eso mismo llevan tiempo preguntándose los gestores. Los que siguen la filosofía valor lo están teniendo difícil. Seleccionan los valores a incorporar en cartera en base a la relación precio-valor contable de la compañía. Pero ocurre que ese valor contable ignora recursos que son más importantes para las compañías en la actualidad. Los que no se pueden tocar.  Intangibles como patentes, licencias, algoritmos, datos o valor de marca. Tarea harto complicada.

En 1975, el valor total de los intangibles corporativos suponía el 17 por ciento en las empresas del S&P 500. En la actualidad, ese porcentaje ya supera el 84.