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¿Apocalípticos, milenaristas o resignados?

¿Apocalípticos, milenaristas o resignados?

Rafael Jiménez
02 octubre, 2020
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Actualizado: 02 octubre, 2020 23:38
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Tanto hablar del cambio de milenio, de los mayas y su 2012 y ahora que estamos inmersos, igual ni nos damos cuenta. Hay quien llama al tiempo que se va a abrir la era del Desorden, otros hablan de desglobalización. El caso es que la pandemia puede haber sido un acelerante de algo que, tarde o temprano quizá era inevitable. En el siglo XX ya asistimos a otros cambios de paradigma y siempre se desencadenaron con una catarsis como puede ser la que ahora atravesamos o, por ejemplo, el crack del 29.

Y tenemos detonantes para elegir en este aciago 2020. El cambio de statu quo en la Unión con el Brexit o el reto del cambio climático. También podríamos escoger a esa primera potencia que se resiste a perder la preminencia, que desata guerras comerciales y anima conflictos armados para intentar prolongar una hegemonía que se le escapa poco a poco entre los dedos, unos dedos que intentar asir el cuello de sus rivales, pero que no abarcan una realidad que ha basculado ineludiblemente hacia Asia, una potencia que tiene un emperador enfermo, también de covid, y que no duda con amenazar con dinamitar todo los que su país lleva tres siglos construyendo.

Se abre ante nosotros una era de precariedad, en la que muchos ya están instalados, de proteccionismo, de dirigentes populistas que no tienen respuestas ni soluciones, solo titulares. Pero no podemos olvidar cuáles son los males que nos han traído hasta aquí, quizá así podamos reinventarnos. No podemos olvidar que ya la mayor parte de los sueldos son indignos, que se ha abusado hasta la sociedad de la subcontratación, que se han desnaturalizado los empleos, que hoy en día tener un trabajo no impide que seas pobre. En definitiva, que la desigualdad es una constante en fuerte crecimiento incluso en países que antes gozaban de una potente clase media.

En un contexto tan complejo, aislados física y políticamente en un globo terráqueo que ha girado hacia el eje del Pacífico, nuestra España, nuestra Europa, asisten a un momento casi constituyente. Hemos de elegir, aprovechando la reconstrucción que tenemos que afrontar, entre ser residuales en ese nuevo orden mundial que se está configurando ahora mismo, aunque no lo veamos porque estamos dentro, o ser actores relevantes. Desde luego, si queremos contar, aunque sea un poquito, hemos de apostar por una España unida y, sobre todo, por una Europa unida, de verdad, como entidad política, dejando atrás de una vez por todas la idea de que nos basta con un mercado. Necesitamos un proyecto común.

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