Divide et impera

Divide et impera

10 enero, 2020
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Actualizado: 10 enero, 2020 9:36
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Estados Unidos está dando al mundo estos días motivos de tranquilidad. Primero con la firma de la fase uno del acuerdo comercial, que aleja los nubarrones de guerra comercial. Luego con la respuesta medida a la reacción iraní ante el asesinato de su mayor líder militar. Esperábamos una espiral de violencia y Donald Trump ha apostado por sanciones económicas, poniendo así freno al intercambio de golpes militares.

Pero no nos engañemos. Ambas acciones entran dentro de la lógica geopolítica del presidente de EEUU. Ante un mundo cambiante, que ha basculado sin remedio hacia Asia, ante la pérdida inevitable, más pronto que tarde, de su control económico del mundo, en definitiva, ante la constatación de que su Imperio toca a su fin, las mentes pensantes de Washington utilizan su todavía inmensa capacidad, tanto militar como económica, para prolongar lo inevitable.

Y como son conscientes de su progresiva pérdida de peso, de que el control del mundo ya no es posible con las herramientas que crearon tras las guerras mundiales del pasado siglo, han decidido apostar por una vieja máxima, divide et vinces, divide y vencerás, atribuida por algunos a Julio César, por otros a Maquiavelo y hasta a Flavio Josefo, que, por cierto, tiene una variante que viene muy al caso, divide et impera.

Como las instituciones internacionales ya no le son útiles, bien porque ya no se pliegan a sus deseos o bien porque sus integrantes están a otras cosas y no se implican lo suficiente, léase OMC y Otan, entre otras, todos sus movimientos internacionales tienen un claro hilo conductor, terminar con el multilateralismo. Y, la verdad, de momento le funciona. No es lo mismo enfrentarte a un gigante poderoso con el paraguas de otros ciento y pico países detrás que hacerlo cara a cara. Por eso Trump fue partidario desde el primer momento del Brexit, por eso ignora a la ONU y ha dado la puntilla a la OMC, dejando en el camino, y ya sin sentido, proyectos inconclusos como la Ronda de Doha.

Así las cosas, todos aquellos que quieran pintar algo en este panorama de caída de un Imperio han de tener claro que, o bien tienen de por sí una masa crítica lo suficientemente relevante para que su voz se escuche, o bien unen sus voces para ganar esa relevancia de la que carecen. No es momento de fragmentar sino de unir. Europa ha de ser consciente de ello y, por eso, su respuesta ante los nacionalismos centrífugos y ante las rebeldías de sus socios del este ha de ser la de mayor construcción de un proyecto político común que, o sigue adelante, o nos condenaremos a no pintar nada y ser los convidados de piedra de un mundo que ahora, en este mismo momento, está perfilando sus bases de poder para el nuevo equilibrio internacional que gestionará el mundo las próximas décadas o ¿quién sabe? hasta los próximos siglos. 

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