PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

El último tren

Vengo a reflexionar de nuevo, parece que tengo una cruzada, sobre sueldos y mercado laboral. Un pensamiento que viene a colación después de conocer que, según el FMI, la reforma laboral de 2012 ha ayudado a crear empleo y a reducir el paro juvenil. Esa norma, ahora estigmatizada por el gobierno, habría mejorado la distribución de los ingresos aunque, a la vez, entre sus efectos negativos, se indican una reducción de horas trabajadas y un aumento del trabajo a tiempo parcial involuntario. ¿Y eso en qué se traduce? Pues bien, para que nos entendamos, esto no es más que el aumento de un concepto que, a mí, a priori, me parece casi un oxímoron, la pobreza laboral.

PUBLICIDAD

Hay quien explica que el problema reside en las fortalezas y debilidades de nuestra economía, en que somos un país terciarizado y en el que hay mucha mano de obra poco cualificada y de escaso valor añadido. Vamos, que somos un país de camarer@s y dependient@s. Es cierto que la industria europea absorbe mucho más capital humano que en España donde el sector es más pequeño y que la hostelería cubre el hueco que deja la industria española, con la diferencia que supone al ser trabajos más intensos en mano de obra, pero con menores salarios y peores condiciones laborales.

Además, este tipo de empleos que proliferan en España requieren más esfuerzo físico, lo que, a su vez, redunda en una salida más rápida del mercado laboral de los trabajadores de mayor edad en España. Y eso en un momento en el que los Gobiernos hablan de retrasar la edad de jubilación para intentar mantener los ingresos por cotizaciones.

Así las cosas, no me extraña que, para muchos, la única salida, sobre todo cuando se trata de reengancharse en el mercado laboral peinando ya canas, sea la del empleo público. Ahora mismo, más de uno de cada cuatro mayores de 50 años es trabajador público. Y cuanto más alta es la formación, más concentración. De hecho, la mitad de los trabajadores con alta cualificación entre 55 y 64 años trabaja para las Administraciones Públicas. Y todavía me extraña menos si miro la EPA y veo que el salario medio del sector público es de casi 31.900 euros brutos mientras que su equivalente en el sector privado apenas supera los 21.200.

PUBLICIDAD

Ahora entiendo mejor que nunca a mi amigo Jesús, quien tras una larga vida laboral dedicada a labores comerciales se lió la manta a la cabeza y tuvo el cuajo de sacarse, con 55 años, una de las tres plazas de ingeniero naval que salían a oposición en Asturias o a mi propio cuñado, quien, con 56 años y tras varias décadas como jefe de contabilidad en una distribuidora cinematográfica, no para de aprobar exámenes para conseguir una plaza de PAS en la Complutense. Ya me ha dicho mi santa, “Rafita, si te quedas sin trabajo olvídate del periodismo y dedícate a hincar los codos…”