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Mañana será tarde… y lo lamentaremos

Mañana será tarde… y lo lamentaremos

Rafael Jiménez
25 septiembre, 2020
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Actualizado: 26 septiembre, 2020 0:31
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España se ahoga. Cuando el gobierno es cicatero con los ERTEs no es porque le caigan mal los empresarios, es porque, aunque parezca mentira, saben manejar la calculadora. Y no hay dinero, las cosas no se solucionan solo anunciando medidas, las medidas hay que pagarlas… y no tenemos cómo. Bruselas nos lo solucionará, dicen algunos, pero aunque el dinero llegue, que tardará, no en vano el comisario de economía ha confirmado que las ayudas no llegarán a España hasta la primavera de 2021, será una cantidad finita. De hecho, la responsable de Economía del gobierno ha lanzado un aviso a navegantes: la solución que estamos encontrando, el endeudamiento continuado, que por ahora nos permite Bruselas, no es la panacea, es más, si no lo controlamos, será un lastre para generaciones futuras.

Generaciones que no solo tendrán unas arcas públicas condicionadas, que tendrán que pagar las deudas de sus mayores, generaciones que incluso en lo particular van a tener problemas. De hecho, en 2050 el 43% de los trabajos por cuenta ajena no van a existir. Este tipo de empleo se sustituye por el trabajo autónomo, por proyecto, por servicios. Cuanto más automaticen los empresarios, más complicado va a resultar mantener la situación laboral en la que vivimos, heredada de hace más de dos siglos. Quedarán las grandes corporaciones y luego muchos empresarios auxiliares y autónomos, para hacer trabajos de nicho que sean más eficientes que la gran corporación. Esto exige reciclaje, reinvención y que seamos capaces de trabajar para nosotros mismos.

Eso es lo que podremos hacer los particulares para nuestra supervivencia pero ¿y nuestros gobernantes? ¿qué pueden hacer ellos para evitar el rescate que se nos avecina? Pues aunque sea una quimera, hay que plantearlo. Unir fuerzas. Al menos aquellos partidos que más españoles aglutinan, y embarcarnos en una aventura tan audaz como necesaria, un reto que no va a ser nada fácil, que nos llevará al menos dos décadas, cambiar el modelo productivo de España. Esa es la disyuntiva, o nos remangamos, nos dejamos algunos pelos en la gatera, asumimos sacrificios y le damos una vuelta a esta España que no funciona o, de lo contrario, otros lo harán por nosotros, y será peor, porque a ellos no les dolerá tomar medidas traumáticas.

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