Un aplauso infinito

Un aplauso infinito

20 marzo, 2020
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Actualizado: 20 marzo, 2020 9:23
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Espero cada día, como casi todos, que den las ocho para salir a la ventana y hacer así patente mi reconocimiento hacia todos los profesionales del sector sanitario que nos ayudan en esta hora difícil. Cuando termina ese minuto de miradas cómplices con vecinos a los que a veces ni saludas, cuando concluye ese momento en el que aflora nuestro sentido de comunidad, en el que vamos de la mano todos en la distancia, luchando todos contra el virus, me aparto de la ventana con un regusto agridulce.

En ese momento me pregunto por qué no estamos con esos héroes en bata cuando las mareas blancas protestan ante las autoridades de turno por la depredación y el desmantelamiento que se ha hecho, en las últimas décadas, sobre el sector público sanitario. Es también en ese momento cuando me acuerdo de esos conocidos, que todos tenemos, que hacen gala de su habilidad “sorteando” las obligaciones fiscales del sistema. Y no puedo evitar indignarme. 

Nuestro Sistema Nacional de Salud es público, no gratis. Cuesta dinero, mucho, y lo pagamos todos los que cumplimos puntualmente con nuestras obligaciones fiscales. Sin embargo, esos que escatiman los recursos y no paran de meter la tijera a la Sanidad, esos que le niegan los impuestos debidos, esos, acuden prestos a ser atendidos por nuestro personal de enfermería, por nuestros médicos, por nuestros hospitales. 

Y qué decir de los que, en sus pedestales de grandes teóricos de la economía no hacen más que pontificar sobre el adelgazamiento del Sector Público, de toda esa caterva de neoliberales, esos Chicago Boys, filoaustríacos, siempre con Hayek en la boca, que devienen en talibanes de la ortodoxia más férrea, esos que defienden que el mercado lo puede todo, siempre con la rentabilidad por delante, igual siguen en su nube teórica creyéndose su propia falacia y pensando que un país donde no hubiera un sistema sanitario público y fuerte sería capaz de afrontar una pandemia como la que estamos viviendo. 

Por eso yo me quedo con un Estado fuerte que tenga un buen sector público, un Sistema Nacional de Salud potente y con capacidad de respuesta, por eso me felicito al ver que este año no tenemos que esperar a Navidad para ver milagros, tenemos entre nosotros a algunos que, a fuerza de contagios y de ver cómo responden nuestros sanitarios, se están cayendo del asno camino de Damasco y están viendo la luz del keynesianismo. Más vale tarde si al final esto se traduce en más apoyo a esos profesionales que velan por nuestra salud y que se merecen un aplauso infinito.

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