Cambios para el euro

Tres meses desde las elecciones generales, que se suponían indispensables para el futuro de la Unión Europea y del euro, Alemania camina hacia una nueva, repetida, coalición entre la CDU/CSU con el socialismo del SPD. Las elecciones resultaron en la pérdida de dos millones de votos para los cristianodemócratas de la canciller Angela Merkel, que aun así fue ganadora. Los socialdemócratas perdieron cerca de 1.350.000 de votos, siendo los segundos. El voto se movió hacia los extremos, pero sobre todo a la derecha, económica con el Partido Liberal (FDP), política con la AfD.

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El primer intento de Merkel ha sido una coalición de un amplio espectro de derecha-centro-izquierda, con liberales y verdes. Pero los liberales decidieron abandonarla después de dos meses de negociaciones, argumentando que no podían aceptar los planes pro europeos que verdes y cristianodemócratas querían aplicar. Ante las alternativas de un Gobierno en minoría o repetir elecciones, la opción de convencer a Martin Schulz, líder socialdemócrata, es la respaldada dentro y fuera de Alemania. Ayer mismo el congreso del SPD ha dado luz verde a negociar otra gran coalición, otra Groko. Vuelta a un Gobierno de centro más izquierda, pero esta vez más pro europeo con más gasto público doméstico. Veremos qué opinan los electores en el futuro. Los liberales parecen apostar que no será un gobierno popular, por eso se quitan de en medio.

«Los planes europeos pueden ser otra cosa»

¿Qué quiere decir esto para los demás miembros del euro? Buenas noticias si de verdad Alemania empieza a gastarse su superávit fiscal de 23.700 millones de euros que revierta en reducir el exceso de ahorro, el mayor del mundo en términos de PIB, casi un 8%. Los planes europeos pueden ser otra cosa. Alemania ha resultado el país más beneficiado por el euro, desde luego no el único. Durante las dos etapas de la vida de la moneda única, la del boom inicial o la de la crisis reciente, Alemania ha ido contra corriente: en el boom tuvo una crisis de la que salió, en parte, por el tirón de los demás socios junto a una moneda común que le aseguraba un mercado industrial cautivo; durante la crisis la moneda única le permitió no perder mercado en los países que crecían menos, pero que tenían la misma moneda. Como les pasa a las regiones más desarrolladas dentro de un mismo país, que salen antes de las crisis gracias al mercado doméstico.

Pero en crisis o en boom el euro ha otorgado a Alemania una moneda relativamente débil, para su nivel de competitividad, más cientos de millones de consumidores en la misma moneda para sus productos. Nadie como Donald Trump y sus boys lo han descrito al acusar a Alemania de protegerse detrás del euro.

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Los alemanes impusieron una dura austeridad en los países euro en crisis, probablemente ineludible dadas las pérdidas de competitividad que se habían producido en los primeros años. El problema fue que Alemania se negó a ser locomotora cuando era más necesario, llevando al euro a su primera crisis, que fue existencial pero también a la segunda con el riesgo de deflación. Solo la llegada de Mario Draghi al Banco Central Europeo (BCE) cambió la locura de dos políticas restrictivas, fiscal y monetaria, que el ordoliberalismo alemán había impuesto.

«La Comisión ha hecho suya una idea alemana, no es la primera vez»

¿Será el socialdemócrata Martin Schulz capaz de modificar el papel de Alemania en la zona euro, el de guardián de la disciplina? No lo sabemos todavía. En política doméstica, bienvenido sea menos ahorros, idealmente para una inversión productiva o más gasto de sus consumidores. En política de la zona euro nos vamos aproximando a que Alemania no se contenta con consumidores cautivos, sino que ahora quiere también a los ahorradores.

Estos días la Comisión ha hecho suya una idea alemana, no es la primera vez. Crear un Fondo Monetario Europeo a disposición de los miembros del euro, como mecanismo para resolver las crisis financieras. ¿Qué ventajas tendrá sobre el FMI del que todos somos ya miembros? Ninguna más que no dejar opinar al resto del mundo en la crisis de un país euro. En el caso griego el Fondo Monetario Internacional (FMI) está incómodamente insistiendo que Grecia, además de austeridad y reformas, requiere de una quita de su deuda. Un Fondo Monetario, Internacional o Europeo, no es un mecanismo de solidaridad sino de préstamo, eso sí en condiciones relativamente blandas pero siempre con condicionalidad (hombres de negro). La existencia de una moneda única y común no llevará pues aparejada, de momento, una política fiscal única, un Tesoro euro, una deuda euro.

Si a esto le unimos la idea alemana de que las deudas nacionales dejarán de ser consideradas libres de riesgo en los balances de sus bancos locales, sino que cotizarán a precio de mercado, el único activo libre de riesgo en la zona euro será el bono alemán, el bund. Terrible idea que puede hacer crónica la próxima crisis para varios países del sur o del este. Sin ahorro común, que se mueva por rentabilidad y no por riesgo soberano, la moneda única no permitirá acercar niveles de prosperidad. Según recientemente ha publicado el BCE las distancias entre países euro no han disminuido desde su creación, desde luego en gran parte como consecuencia de las recientes dos crisis en la zona.

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El Eurogrupo ha elegido a un ministro del sur como su presidente, el portugués Mario Centeno. España aspira públicamente a volver después de cinco años al Consejo Ejecutivo del BCE como vicepresidente, de donde nunca debería haber salido si hubiera propuesto a los candidatos idóneos: un banquero central, no un abogado. Dando por hecho que no cometeremos el mismo error, la Vicepresidencia es un puesto muy importante, pero es la Presidencia la que corta el bacalao. Alemania pretende poner en ese puesto al actual presidente del Bundesbank, Jens Weidman. Si es para aplicar las tesis del Bundesbank el error puede ser histórico. El portugués Vitor Costancio es desde 2010 vicepresidente del BCE y durante las crisis, a Portugal no le sirvió de nada. Antes lo había sido el griego Lukas Papademos, con la misma influencia.

El presidente de Francia Emmanuel Macron ha dicho lo que su país quiere en la próxima reforma europea, ¿por qué España no lo hace?

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