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La gran apuesta

La gran apuesta

Rodrigo Rato
21 mayo, 2021
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Actualizado: 21 mayo, 2021 0:20
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No se trata ya de adivinar quien ganará la guerra tecnológica entre China y Estados Unidos, ni si Rusia y la Unión Europea se enfrentarán por Ucrania, tampoco la posibilidad de una guerra de Israel con Irán y como intervendría Arabia Saudí en su caso, ni siquiera el valor de equilibrio del Bitcoin. Donde se concentran las miradas y las apuestas es en la evolución de la inflación y sus consecuencias, en un mundo muy endeudado, sobre todo las economías emergentes y los Estados desarrollados. El fin de unos tipos de interés históricamente bajos, incluso en cero o negativos, revertiendo el ciclo de los últimos 30 años, tiene a las mentes concentradas.

La inflación es un viejo conocido de las economías, que causaba monumentales pérdidas de poder adquisitivo y exigía políticas fiscales austeras. Su importancia fue cayendo, pasamos de los dos dígitos anuales en la mayoría de los países en los 1980 al riesgo de deflación después de 2008. La competencia globalizada  y la desregulación frenaron el crecimiento de los salarios en los países desarrollados. Crecimientos económicos moderados y la eficiencia energética frenaron el precio del petróleo. Ni siquiera el boom de materias primas provocado  por China a partir del año  2000 elevaba los precios al consumo. Las expectativas de inflación de consumidores y mercados estaban ancladas en los objetivos de los Bancos Centrales, alrededor del 2% anual en los países desarrollados. En los emergentes  alzas de  dos dígitos anuales se convirtieron en excepción.

El desánimo reduce las poblaciones activas porque algunos dejan de buscar

Pero las cosas pueden haber cambiado. China lleva varios meses con los precios al consumo en alza, EE.UU están en el 4% y puede superarlo en 2021 en una expansión económica del 6%, todas las materias primas llevan meses con  alzas de dos dígitos. Sin embargo, empleo y salarios todavía no se han recuperado. Si Norteamérica es un ejemplo, se ofrecen empleos pero muchos exigen nuevos conocimientos. El desánimo reduce las poblaciones activas porque algunos dejan de buscar. Pero la gran cuestión está en los Bancos Centrales, que a lo largo de los últimos dos decenios han pasado de vigilar  en exclusiva la inflación a tener un ojo y medio en la estabilidad de los mercados financieros, cuyo desarrollo es uno de los grandes acontecimientos junto con la globalización del último tercio del siglo XX. Todo ello mucho más en EE.UU que en Europa o China, pero la dirección es la misma.

El déficit público de EE.UU rondará el 10%, el mundo está inundado de deuda pública norteamericana cuando ni demócratas ni republicanos quieren un dólar fuerte

Estos mercados han sido y son los grandes beneficiarios de las políticas monetarias expansivas y los ultrabajos intereses, utilizados para salir de la Gran Recesión de 2008. Salimos pero con mucha mayor desigualdad a favor de los inversores financieros. En 2020, la COVID trajo además un activismo fiscal no visto desde los 1960. No quedaba otra con caídas del PIB en todo el mundo. Trump bajo impuestos y Biden aumenta los gastos, los dos a lo grande. El déficit público de EE.UU rondará el 10%, el mundo está inundado de deuda pública norteamericana cuando ni demócratas ni republicanos quieren un dólar fuerte. La masa monetaria en sentido amplio crecía al 6% los últimos años, en 2021 crecerá al 28%. Para unos con esto basta para predecir inflación sensiblemente por encima del 2%. Para otros sin una explosión de salarios, incompatible con el actual nivel de desempleo, los precios subirán pero solo momentáneamente. Las expectativas de inflación prevén una inflación del 3% o más. La Reserva Federal anunció al final del pasado verano que no reaccionará si se supera su objetivo del 2% anual, habida cuenta en casi 10 años no lo ha alcanzado. En la zona euro esto es aún peor, la inflación subyacente no supera el 1% desde hace mucho más tiempo.

¿Qué nos viene mejor dinero  muy barato o  fuerte crecimiento económico? Los mercados parecen preferir lo primero, que es lo que llevan disfrutando 10 años. Los Gobiernos quieren las dos cosas. Los banqueros centrales temen no tener ninguna

Los masas son extraordinarias. Incluso con intereses históricamente bajos, la deuda pública comprada por los  principales Bancos Centrales ha multiplicado sus balances por tres. Italia, por ejemplo, ha vendido al Banco Central Europeo la totalidad de su emisión neta de deuda, desde 2014. Con estas dimensiones pequeñas subidas de tipos pueden convertir el servicio de la deuda en una gran losa. La crisis del 2020 deja  grandes deudas privadas  también. El peso del mercado del dólar es irresistible. Cuando sus tipos a largo han empezado a subir arrastrando a los del euro, pese a que allí se crece bastante y aquí no. Las materias primas suben en parte por  una capacidad productiva estancada desde hace años por falta de inversión, pero también por China y EE.UU. que recuperan ya su nivel económico pre 2019. Gran noticia!!, pero puede que incompatible con  tan bajos intereses. ¿Qué nos viene mejor dinero  muy barato o  fuerte crecimiento económico? Los mercados parecen preferir lo primero, que es lo que llevan disfrutando 10 años. Los Gobiernos quieren las dos cosas. Los banqueros centrales temen no tener ninguna.

Las grandes aumentos de deuda se saldan o con crecimiento o con inflación o dejando de pagar

Quizás la respuesta está más en la historia que en la teoría económica. Las grandes aumentos de deuda se saldan o con crecimiento o con inflación o dejando de pagar. A veces una detrás de otra. La zona euro va con retraso en crecimiento y no tiene inflación, si descontamos la energía, pero las montañas de dinero arrastran a todos. Mal momento para no saber que hacer. Lo peor sería acabar con tipos al alza con poco crecimiento. Sería mala suerte pero no es imposible.

 

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