Presupuestos al fin

Presupuestos al fin

Rodrigo Rato
28 noviembre, 2020
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Actualizado: 02 diciembre, 2020 22:03
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Hasta 2016 España estaba acostumbrada a tener unos Presupuestos del Estado cada año, independientemente de las mayorías parlamentarias. Además se presentaban el I de octubre, siguiendo el mandato de la Constitución, para tener 3 meses de discusión parlamentaria. En octubre de 2016 no había Gobierno elegido aunque las elecciones se habían celebrado en junio, comicios repetidos de otros acontecidos en diciembre de 2015. A partir de esa fecha los Gobiernos sucesivos se han adaptado a vivir con cuentas diseñadas varios años antes, lo que teóricamente imposibilitaba nuevos créditos o ingresos públicos. La utilización de Decretos Leyes sirvió para aumentar gastos e incluso ingresos, utilizando para ello un procedimiento legislativo ideado para responder ante circunstánciales urgentes y extraordinarias, reiteradamente desautorizando por el Tribunal Constitucional sin ningún efecto. Hemos ido claramente a peor en técnica parlamentaria pero también en política macroeconómica.

El Gobierno surgido de las elecciones de noviembre 2019 ha presentado sus PGE 2021 fuera de plazo, pero aún así es posible que en Enero de 2021 tengamos unos, los primeros desde 2018 que también se aprobaron una vez empezado el año. El actual Gobierno lo considera una prioridad, dando también a entender que no pretende aprobar otros en lo que queda de legislatura. Hemos pasado de una previsión constitucional para un presupuesto al año a una práctica de uno cada legislatura. Lo que tiene mucha importancia para medir su efectividad, su control y su transparencia, ya que las tres salen deterioradas.

Los PGE son una ley transcendental en términos políticos pero también macroeconómicos. Diseñan la respuesta económica de una determinada mayoría al aquí y al ahora. En 2021 esta respuesta resulta especialmente relevante y difícil. Como consecuencia de la COVID, 2020 será el peor año económico desde la Guerra Civil con una pérdida de renta nacional superior al 14%, con consecuencias extremas en empleo y por tanto en salarios, aumento de las deudas públicas y privadas, así como el incremento de los gastos ligados a sostener rentas. 2021 dependerá en gran medida de la evolución de la pandemia, la cual lamentablemente ha tenido una segunda ola que ya sabemos llegará hasta fin de año, lo que entre otras cosas quiere decir que el impulso con que se iniciará el nuevo año será contractivo. Los últimos datos indican una contracción del 5% para España en el cuarto trimestre, pero también una caída continuada de las economías europeas. Las diversas respuestas sanitarias que se han puesto en marcha han resultado en el mejor de los casos deficientes para erradicar la pandemia. Solo la reciente posibilidad de varias vacunas está permitiendo vislumbrar una cierta vuelta a la normalidad en algún momento de 2021.

Sorprendentemente este proyecto de PGE 2021, por razones ideológicas, empuja a determinadas rentas de personas físicas y jurídicas a modificar sus domicilios, precisamente a las más altas que son las más fáciles de deslocalizar

Es pues muy posible que la prevista recuperación económica del 7%, que los PGE 2021 establecen sea menor, inevitablemente al producirse un periodo de reactivación menor a un ejercicio completo. Además el ritmo de crecimiento es totalmente determinante para establecer un nivel de recaudación, lo que no se paliará por la creación de nuevas figuras impositivas, ya que el sujeto pasivo de todos los impuestos es siempre el mismo: la población domiciliada fiscalmente en España. Así las rentas de los ciudadanos se deterioran y nuevas figuras impositivas no cambiarán el resultado total. Sorprendentemente este proyecto de PGE 2021, por razones ideológicas, empuja a determinadas rentas de personas físicas y jurídicas a modificar sus domicilios, precisamente a las más altas que son las más fáciles de deslocalizar. A todo esto se añade que la ya segura severidad de la contracción en 2020 tendrá serias consecuencias en la capacidad recaudatoria de los dos principales impuestos directos, rentas y sociedades, ante la caída de las primeras y las pérdidas deducibles de las segundas.

La economía española saldrá de esta crisis totalmente dependiente del BCE y con la necesidad de un duro ajuste de los gastos. Una cosa es que en 2021 la Comisión no imponga disciplina y otra imaginar que no lo hará nunca

En resumen 2021 como 2020 serán años de abultados déficits públicos, solo sostenibles por las compras masivas de deuda por el Banco Central Europeo y la suspensión temporal del Pacto de Estabilidad euro, para evitar sanciones por déficits excesivos sobre el 3%, cifra que España no ha conseguido en los últimos 10 años. La economía española saldrá de esta crisis totalmente dependiente del BCE y con la necesidad de un duro ajuste de los gastos. Una cosa es que en 2021 la Comisión no imponga disciplina y otra imaginar que no lo hará nunca.

El proyecto de PGE 2021 enfoca su contribución al crecimiento en dos principales palancas: el sostén de rentas vía transferencia publicas, algunas con intención de permanencia; la segunda la inversión pública pese a que llevamos 10 años con muy bajas tasas de inversión (10.339 millones de euro previstos en inversiones reales para 2021), el nivel en euros fue similar en 2019 al de 2000 para el conjunto de las Administraciones Públicas, 20 años antes. En los PGE 2021 todo se fía a las contribuciones extraordinarias europeas, que en términos netos podrían llegar a los 35.000 millones de euros, a partir de la segunda parte del 2021 y sobre todo en 2022. Este montante, que ronda 3% de nuestra renta nacional, ejemplifica mejor que nada que el crecimiento español dependerá sustancialmente del sector privado.

Visto lo visto no parece aventurado pensar que los PGE 2021 son una respuesta deficiente en términos macroeconómicos

Paradójicamente nada relevante se contiene en los PGE 2021 para incentivar el incremento de la inversión privada, ni de empresas ni de familias. La apuesta respecto al incremento del consumo choca con una creciente actitud ahorradora privada, que solo en 2020 ha incrementado su saldo de ahorro en más de 60.000 millones de euros, casi el doble de las previstas ayudas netas europeas. Estas en todo caso dependerán de la capacidad de absorción española, la cual desgraciadamente se ha situado debajo del 40% desde 2014. Visto lo visto no parece aventurado pensar que los PGE 2021 son una respuesta deficiente en términos macroeconómicos. A lo que hay que añadir su claro carácter coyuntural dadas las incógnitas, inservibles para 2022.

Es imprescindible un ambicioso plan de reformas orientadas a hacer sostenibles la finanzas públicas, pero sobre todo a aumentar la productividad española

¿Qué decir en términos políticos? La actual mayoría parlamentaria parece apostar por dos ideas principales: los PGE 2021 servirán para toda la legislatura y impondrán un cambio irreversible de la economía. Ambas son muy poco posibles. Primero, 2021 será como mucho un año de transición tanto en términos sanitarios como económicos y sociales. Los previsibles retrasos en una recuperación lastrarán el empleo, los salarios, la recaudación, impulsando el gasto corriente. Es cierto que las ayudas del BCE y de la Unión Europea servirán para suavizar esta realidad. Sería pues imprescindible un ambicioso plan de reformas orientadas a hacer sostenibles la finanzas públicas, pero sobre todo a aumentar la productividad española. Nada de ello se refleja en estos Presupuestos. Con ello se ignora el consenso internacional respecto a cómo aprovechar la histórica intervención de los Bancos Centrales.

Nuestros gobernantes deberían anticiparse a lo que los futuros “hombres de negro” van a exigirnos con toda seguridad. No ya austeridad como en 2010-2014 como productividad. 2022 exigirá un nuevo planteamiento tanto de ingresos como de gastos de nuestros Presupuestos, junto con aumentos considerables de la flexibilidad de nuestros mercados. O lo hacemos nosotros o nos lo harán. La autonomía de un Estado es inversamente proporcional a su necesidad que le compren su deuda para evitar una crisis financiera.

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